No lo entiendo

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Regresa ‘Caridad de por vida’, el espacio donde Eduardo Caridad nos regala una visión más crítica de la actualidad deportivista.

Ahora que el Deportivo está a un paso de certificar su regreso a Primera, pienso en cómo hemos llegado a esta situación, veo el descontento de la gente por el juego y por los últimos resultados y la verdad es que no lo entiendo. Nada de nada.

No comprendo cómo una plantilla como la del Depor ha llegado a mandar en la división de plata, cómo ha encabezado la clasificación durante muchas jornadas pese a las numerosas carencias en su confección.

No alcanzo a entender que un entrenador tan limitado como Fernando Vázquez, con un planteamiento tan defensivo, caduco y conservador ha conducido a sus huestes a las puertas de la gloria.

Tercero, tampoco me cabe en la cabeza cómo una directiva tan inoperante y que se fue por la puerta de atrás pudo hacer un equipo campeón.

Y cuarto, si rizamos el rizo, no sé cómo los nuevos inquilinos de la poltrona blanquiazul han continuado el buen hacer a pesar de su bisoñez en el cargo.

Pensándolo bien, a lo mejor es que la plantilla sí era competitiva; Fernando Vázquez sí sabe muy bien lo que hace y los que manejaban y manejan el club sí saben de qué va esto del fútbol (aunque no se pueda decir lo mismo de las finanzas).

Lo que en realidad no entiendo que muchos aficionados se hayan vuelto tan sibaritas como para criticar a un conjunto de personas que va líder, que está a punto de salvar al club de la desaparición (sí, de la desaparición) y que nos va a permitir celebrar como locos el regreso a Primera quizá este fin de semana en Soria.

Segunda es una competición muy ‘cabrona’, excesivamente igualada y hay mucha gente que no lo entiende. Claro que cabrea que el Deportivo pierda una oportunidad tan grande como la de la pasada jornada contra el Eibar, pero hay que tener una cuestión básica que he captado en estos años en los que he estado relacionado con el fútbol: la ansiedad. A medida que se acerca el final de Liga, crece y crece, los futbolistas quieren alcanzar sus objetivos y los ven lejos a pesar de que estén cerca. Les atenaza y lo que parece fácil se convierte en la subida al Everest.

Lo bueno es que les pasa a todos. Por eso el empate ante el segundo primero se lamentó y luego, con la derrota canaria, se festejó. Esto es una montaña rusa en la que ya queda poco para bajarse y subirse a la atracción de Primera. El cómo se haya conseguido, al menos para mí, es lo de menos.

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