Preguntas

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Ya está aquí un nuevo ‘Alta definición’, la columna de Adrián Calviño.

“¿Qué es el fútbol?”, preguntó el niño mirando a su padre y éste a él, como en una película. Como si en ese preciso momento sus vidas, por fin, se anudasen para siempre. Como si ambos necesitasen esa pregunta, ese instante, para seguir viviendo. “Eres tú”, habría querido responderle. No pudo.

Preguntó porque un niño pregunta esas cosas. Porque un padre desea durante mucho tiempo que se las pregunten hasta que, efectivamente, se las preguntan. Preguntó el niño justo cuando la pelota volaba por el estadio, como perdida bajo control, magnética al verde aún en el aire, brillando entre focos, flashes y gotas de lluvia. No hacía frío ni calor, hacía fútbol cuando el niño preguntó, con una capa de inocencia recubriéndole. Calló el padre, que de tanto desear la pregunta jamás había pensado la respuesta. Quizás no la haya. Qué es el fútbol. El niño preguntó mirando la pelota.

Eso no. Eso tal vez. Eso a veces. No lo sé.

¿Qué es el fútbol?

La pelota. Una pelota. ¿Y todo lo que no sea ésa pelota? Casi cualquier cosa que no sea cualquier pelota. Especialmente todo lo que no sea una pelota.

Decía Arsenio que “solo hay dos situaciones en el fútbol: cuando tenemos nosotros el balón y cuando lo tiene el contrario”. Es sencillo. Parece sencillo. Debería serlo. A veces se tiene el balón, a veces lo tiene el contrario. La pelota, eje coriáceo, dogma conductor. A veces se gana, a veces se pierde. Se pierde mucho, claro. Qué importa. No es más feliz el que más tiene, el que más gana. El fútbol, la vida, es ganar, es perder. Es la pelota. Quizás no es nada de eso. Seguro que no es nada de eso. ¿Qué es ganar? ¿Qué es perder?

The ’60s are gone. Dope will never be as cheap, sex never as free, and the rock and roll never as great (los años ’60 han terminado. La droga nunca será tan barata, el sexo nunca será tan libre y el rock and roll nunca tan bueno). El fútbol, visto cómo viene, quizás tampoco. Hablaba Hoffman de rock, sexo y drogas, de los sesenta. Hablaba de fútbol. Del pasado. De la nostalgia. Cualquier tiempo pasado fue mejor. Cada pasado de cada mirada (casi) siempre (fue) es mejor.

¿Qué es fútbol?

La pelota y el pasado, tal vez. El pasado era fútbol. No, no lo era. Sí. No lo sé.

El Dépor, que nunca volvió a sus sesenta, pese a no intentarlo siquiera, porque tal vez tampoco no podía, pese a marcar la supervivencia en el presente por encima de cualquier sueño, parecía vivir, a fin de cuentas, fuera de épocas, suspendido en el tiempo, sumergido en amniótico líquido blanquiazul. Ése era el sueño. Sí, sí lo era. Ganar, era. Uno no sabe ahora. No sabemos. Quizás hemos salido a la superficie y nadie nos ha dicho nada, o no hemos querido escuchar, o no sabemos. Nadie nos ha dicho, todavía, si es que nuestro ‘Bloody Sunday’ nos seguirá desangrando sin fin, si nos dejará atrapados para siempre. Incluso si debemos quedarnos allí. Uno no sabe ahora. No sabemos. Si alguien vela por la pelota, o por lo que no es, o por nosotros, o qué sabemos, que no sabemos nada. Qué vamos a saber, si ni siquiera acertamos a descifrar qué es el fútbol, qué es la vida.

Pregunta tras pregunta, uno se acaba convenciendo de que lo único que necesita es que llegue el lunes. Un lunes. Y otro más. Otros muchos más. Necesitamos. Pero se empeñó la semana en inventar excusas para no terminar, en buscar la perpetuidad, si no en el tiempo, sí en las conciencias. ¿Qué semana? Nunca llega el lunes cuando el Dépor juega el lunes. Nunca llega cuando, quizás, que el Dépor juegue el lunes es lo único que el deportivismo necesita para empezar a avanzar. Ni siquiera una victoria. Avanzar. Intentarlo, al menos. Porque, perdidos, en duelo y rabia, amor y odio, zarandeados y con una música confusa que atormenta a los sentimientos para que bailen, no sabemos en qué semana vivimos. Solo que, ahora sí, después de mucho tiempo, seguro, perdemos.

Pero llegará el lunes. Porque el lunes siempre llega. Y lo hará con la pelota, que pondrá una pausa en su viaje para volver. Aunque solo sea por un instante. Aunque solo sea para que un niño le pregunte a su padre qué es el fútbol. Y éste lo mire y se anuden para siempre. Volverá para irse, para volver a echarla de menos. Para que nos preguntemos, todos, qué es el fútbol, qué es la vida. ¿Qué es ganar? ¿Qué es perder?

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