Sanción sin pedagogía

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Alberto Becerra | A Coruña | - 12:00

Un aficionado ha visto estos días cómo le caía una multa de 4000 euros y la prohibición de acceder a recintos deportivos durante un año por proferir cánticos intolerantes contra un jugador del Villarreal B. Sin duda, una sanción tan novedosa como carente de explicaciones.

2011 nos dejó, como ya contamos en su momento, un renacimiento del sentimiento deportivista en miles de personas que, por una razón u otra, sin haberlo olvidado, optaron en los últimos años por desmarcarse un poco del día a día del equipo, llevados a ello quizás por la falta de alicientes y una monótona lucha por evitar el descenso cada año. Y es que para muchos seguidores, el reto de ver al Deportivo retornar a la Primera División es completamente nuevo, ya que sólo lo habían visto triunfando en el fútbol de élite y, hasta el año pasado, sobreviviendo.


Esto hizo que el ambiente en el estadio de Riazor creciese domingo a domingo, hasta el punto de impresionar a aficionados al fútbol de toda España, que comprueban con admiración cómo más de 25000 personas se desplazan hasta el campo un sábado o domingo, a una hora tan indigesta como la de las cuatro de la tarde para presenciar un partido de su equipo ante conjuntos como Nástic de Tarragona o Cartagena. Con ello, sólo se logra que el ambiente crezca más y más, que unos se contagien a otros y todos animen a su equipo sin parar, por muy tranquilos que sean viendo el fútbol, y que así, los jugadores, sientan muy cerca a su afición.

Para animar no es imprescindible insultar ni menospreciar al contrario; pero es cierto que en un ambiente como éste, tratándose de un partido de fútbol (en el que siempre hay tensión) y jugándose lo que se está jugando el Deportivo, en muchas ocasiones es inevitable que hasta la persona más tranquila del mundo se deje llevar en un momento dado por el griterío, o se caliente ante determinadas acciones. Y es aquí donde, según parece, habrá que tener cierta tranquilidad si se quiere cuidar el bolsillo y que no nos echen una temporadita de los campos de fútbol; al menos, éste es el mensaje que trasladó hacia fuera la Comisión Permanente de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte, quien en su reunión celebrada el pasado día 26 en el Ministerio del Interior sancionó con 4000 euros de multa y la prohibición durante un año de acudir a cualquier recinto deportivo a un aficionado del Deportivo que, en el partido contra el Villarreal B, profirió cánticos intolerantes graves contra un jugador del equipo visitante, incitando al resto de la grada a corearlos.

Debo reconocer que mi primera reacción fue de sorpresa e incredulidad. No pretendo defender aquí a quien sólo sabe animar con insultos al oponente, ni justificar los gritos que pudiese haber; al contrario, me parece muy bien que se quiera evitar en la medida de lo posible este espectáculo. Mas lo cierto es que nadie nos había informado de que esto pudiese darse, y lógicamente, la avalancha de preguntas que surgen es significativa, y máxime cuando no hacía ni 24 horas que oíamos gritar a buena parte del barcelonismo sus deseos enrabietados de una muerte para Pepe en el Nou Camp, y más aún cuando 48 después parte del público en el Santiago Bernabéu aplaudía y jaleaba a Pepe para que volviese a pisar a Messi en cuanto tuviese oportunidad.

Efectivamente, los cánticos en un estadio suele comenzarlos una persona o, como mucho, un determinado sector que, poco a poco, va contagiando al resto, que se deja llevar por la inercia. ¿Ven una pistola en su pecho para hacerlo? No; simplemente el discurrir del partido y las sensaciones indescriptibles que se viven en un estadio llevan a eso hasta a la mejor persona del mundo; pero nadie es amenazado para proferir los cánticos. Ése es, pues, y desde mi punto de vista, el primer gran error de esta sanción, porque de esos cánticos, seguramente, tanta culpa tenga quien los comienza como quien los continúa, pues todo el mundo es mayorcito. Luego, otras preguntas quedan en el aire: ¿Por qué esto ahora, y no hace 10 o 20 años, cuando lanzamientos de almohadillas y cabezas de cochinillo podían haber cerrado campos como el Bernabéu o el Camp Nou? ¿Sólo los aficionados generan violencia, o quizás los entrenadores, los jugadores, los directivos e, incluso, determinados medios de comunicación también lo hacen con sus declaraciones, portadas y críticas? Y, lo más importante: ¿Dónde está el límite? ¿Qué es un cántico violento y qué no lo es? Son preguntas que sólo el tiempo contestará: tocará ver si éste es un hecho aislado, o el comienzo de algo; pero sea lo que sea, se ha echado en falta un poco de pedagogía para explicarnos a todos los entresijos de una sanción que, supongo, venderán como ejemplar.