Una relación de amor y odio

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Llega un nuevo capítulo de ‘Un pedacito de historia’ para conocer un poco más a dos personajes que marcaron para siempre A Coruña: Augusto César Lendoiro y Francisco Vázquez.

El 6 de mayo de 1987 se inauguraron oficialmente el túnel y el aparcamiento subterráneo de María Pita. Para el entonces alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, fue una especie de sufrida victoria. La obra estuvo rodeada de polémica desde el principio. Para el regidor coruñés fue tal la importancia del túnel que el día de su estreno comentó que “Coruña despega” con esta infraestructura. Marcó un antes y un después. Faltaba poco más de un mes para que se celebrasen las elecciones municipales, en las que Augusto César Lendoiro salió elegido concejal por Alianza Popular por primera vez. Precisamente este último se mostró muy crítico con el Ayuntamiento por “la ineficaz gestión del subsuelo público”.

Poco a poco, comenzó el distanciamiento entre dos de los grandes personajes de la historia contemporánea de la ciudad. Fueron amigos íntimos en su infancia, pero al final se acabaron convirtiendo en férreos rivales. Pero en la primavera de 1988 Lendoiro decide dar un pase al frente y presentarse como candidato para presidir el R.C. Deportivo. Fue un proceso electoral complejo que finalizó de la mejor manera para el dirigente de Corcubión, que se quedó como único candidato y el 17 de junio tomó posesión del cargo.

“Por razones que no se me escapan, la panorámica ha cambiado desde el momento en que me hablabas del tema, pero deseo y espero que seamos lo suficientemente sensatos como para ser capaces de sumar y no restar”, le indicó Lendoiro en una carta al entonces alcalde de A Coruña para solicitarle una entrevista. El objetivo de aquel encuentro era comunicar su intención de presentarse a las elecciones de la entidad herculina. Además, quería conocer lo que podía esperar “de la Alcaldía y del Ayuntamiento”. Y se despedía con un “afectuoso saludo de tu siempre amigo, Augusto César Lendoiro”.

Vázquez y Lendoiro quedaron condenados a entenderse, aunque lo cierto es que fue una misión imposible. Con el paso de los años la relación entre ambos empeoró todavía más. Los coruñeses elegieron a uno para gobernar la ciudad y a otro para que sacase a flote al Dépor, que pasó de casi descender a Segunda División ‘B’ a codearse con la élite del fútbol español. El destino es así de caprichoso y extraño. Fue una situación que se repitió durante los años siguientes, pues el entonces máximo mandatario del Dépor lo intentó también en otras dos ocasiones, aunque fracasó.

Tiempos puros

Pero hubo un tiempo en que la relación entre ambos era radicalmente opuesta. Cuenta el ex presidente deportivista en la biografía que escribió José Luis Martín Vigil en 1994 -Augusto César Lendoiro. La gestión de un líder- una anécdota muy curiosa sobre cuando era compañeros de colegio. Explica Lendoiro que a su madre le presentaba tareas “fingidas” del colegio en vez de las que le mandaban en la escuela. Para llevar a cabo el plan necesitaba la complicidad de su compañero de pupitre. Y ese era Francisco Vázquez, que confirmaba ante la madre de Lendoiro que les habían mandado esas tareas.

Ese pacto que teníamos entre los dos funcionó a la perfección durante mucho tiempo, hasta que un día Paco se despistó y no se le ocurrió otra cosa, y lo cuento en el sentido más cariñoso, que decirle a mi madre las lecciones que llevábamos para el día siguiente”, relata. Todavía no eran más que un par de chiquillos que se dedicaban simplemente a disfrutar. Eran tiempos puros.

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