fbpx

Un O Noso Derbi atípico: solo una vez se disputó con uno de los contendientes descendido

0

El reciente descenso del Deportivo provoca que el partido del fin de semana en Balaídos sea un encuentro atípico. O Noso Derbi llega envuelto en un ambiente enrarecido, con el sabor amargo de las despedidas, con la reverberación apagada de las voces que se dicen adiós sin saber cuándo volverán a encontrarse. El estado actual del Deportivo contrasta diametralmente con el ambiente festivo que exigen este tipo de duelos. Es cierto que O Noso Derbi habitualmente trasciende a situaciones clasificatorias: no es necesario que haya algo en juego para que un Celta-Dépor resulte estimulante, porque el amor propio se acentúa cuando tienes delante a tu mayor rival, pero es inevitable que el descenso tenga un impacto directo en el partido de este sábado.

El derbi más anticlimático que se recuerda, no obstante, cuenta con un precedente remoto: en la temporada 1943-44, el Deportivo recibió al Celta en Riazor en la antepenúltima jornada del campeonato liguero, con el conjunto celeste ya descendido tras una campaña nefasta en la que apenas logró sumar nueve puntos (en veintiséis jornadas). Los blanquiazules vencieron el derbi gallego por un resultado de 3-2 que les permitió escapar de los puestos  de descenso y, a la postre, certificar la permanencia en Primera División. Casi 75 años después, serán los vigueses los que reciban en su estadio a un Deportivo ya descendido.

A lo largo de la historia, O Noso Derbi ha pasado por situaciones de los más variopintas, y en contadas ocasiones el encuentro entre Dépor y Celta ha visto cómo alguno de ellos —o ambos— llegaba al choque inmerso en la zona baja de la tabla. El caso más reciente se dio en la temporada 2003-04, con un derbi en Riazor, en la penúltima jornada, en el que los dos clubes gallegos llegaban en situaciones totalmente opuestas: el Dépor era cuarto, mientras que el Celta ocupaba la decimoctava posición. El conjunto dirigido por Jabo Irureta, que diez días antes había caído ante el Oporto en semifinales de Liga de Campeones, se resarció de la eliminación europea endosándole un 3-0 —con goles de Sylvinho (pp), Munitis y Pandiani— al conjunto vigués. En la siguiente jornada, el Celta confirmó el descalabro y descendió a Segunda División solo un año después de haberse clasificado para la máxima competición continental.

Cuando O Noso Derbi fue de Segunda B

Para recordar la anterior situación similar tenemos que retrotraernos a las temporada 1978-80, una de las campañas más nefastas de la historia de los dos clubes. Deportivo y Celta campaban por Segunda División, y llegaron al tramo final de la temporada en posiciones de peligro, integrando un nutrido grupo de clubes que luchaban por la permanencia. El conjunto herculino, que ocupaba puestos de descenso, derrotó a los olívicos en Riazor (2-1), pero sus esfuerzos por lograr la salvación resultaron infértiles y lo único que consiguió fue que los celestes también descendiesen a Segunda División B, categoría que ambos compartieron en la temporada siguiente, en una de las páginas más curiosas de la historia de O Noso Derbi.

En la misma década de los setenta, temporada 1972-73, Celta y Deportivo se enfrentaron en Balaídos, con los locales en puestos de descenso y los coruñeses un punto por encima. Los vigueses ganaron por 1-0 al conjunto dirigido por Arsenio iglesias —en su primera etapa en el club— e intercambiaron unas posiciones que ya no se modificarían hasta la conclusión de la liga. Con ese descenso, el Dépor comenzó una travesía por el infierno que le llevó a pasar casi dos décadas sin visitar la Primera División del fútbol español.

Tres años antes de aquello, los herculinos ya habían descendido a Segunda División tras una dolorosa derrota en O Noso Derbi. El Deportivo, en puestos de descenso, recibía al Celta en la antepenúltima jornada, pero el triunfo cayó del lado de los vigueses y dejó a los coruñeses en una situación límite. De hecho, aunque vencieron los dos partidos restantes, no fue suficiente para eludir el descenso.

En el caso anterior, hubo final feliz para ambos. Temporada 1952-53: tras una campaña deficiente por parte de ambos clubes, los dos se ven obligados a tener que disputar, en pleno mes de julio, una liguilla de permanencia con cuatro equipos procedentes de Segunda División. La igualdad fue máxima, y el Dépor afrontaba la última jornada, en Balaídos, fuera de los tres puestos que le permitirían mantenerse en la máxima categoría. Los coruñeses, con Helenio Herrera en el banquillo, lograron un 1-3 en tierras vigueses que les otorgó una salvación agónica y fundamental para prolongar una época de estabilidad en la Primera División nacional.

 

Sobre el Autor