«Va a ganar el Dépor, hermano. Es hoy». La frase, soltada con una mezcla de convicción y emoción contenida, resume el estado de ánimo que se respira en la Plaza Marcos Fernández de Valladolid. Allí, a unos metros del estadio José Zorrilla, la afición deportivista vive la previa del partido que puede devolver al equipo a Primera División. Nervios, cánticos y muchas ganas de que el balón comience a rodar. Y, también, mucha precaución ante el partido.

La concentración reúne a deportivistas de todas las edades y procedencias. Hay jóvenes, hay familias con niños y aficionados que han recorrido cientos de kilómetros para no perderse la jornada. Uno de ellas ha viajado desde Granada, y reconoce los nervios del momento sin perder la fe. Por eso, confía en que el equipo «va a responder, va a ganar y vamos a conseguir el objetivo».
El optimismo se apoya en la dinámica reciente del equipo. «Sensaciones buenas, venimos de varias victorias», apunta otro aficionado, que admite haber dormido muy poco esta noche y que lo deja claro, hay que confiar. La tensión de la espera convive con la certeza de que el momento ha llegado.
No faltan las quinielas. Un deportivista pide «un gol de Yeremay, aunque sea faltando dos minutos», y se conforma con un 0-1. A su lado, otro aficionado confiesa estar muy nervioso mientras su hijo, más atrevido, ya firma el 0-2. «Por historia y por toda la gente, vamos a ganar. Ya nos toca», zanja.
Por encima de los nervios, lo que prevalece es la motivación. «No hay presión, no hay miedo», asegura otro aficionado. Para él, el desplazamiento es también un homenaje a quienes se han quedado en A Coruña. Y para él, no hay otra idea que un Deportivo que salga «a comerse el campo» y representar a toda esa gente. Una previa con muchos nervios, sí, pero sobre todo con una convicción compartida: hoy es el día.
