Entre trozos de empanada gallega y -muchos- litros de cerveza la afición del Deportivo hizo suyas las calles del barrio pucelano de Parquesol y una plaza Marcos Fernández que se tiñó de blanco y azul antes del partido ante el Real Valladolid. En semejante escenario no podían faltar las cámaras de El Día Después, acostumbradas a seguir las andanzas de la afición deportivista en el barro y que ahora tendrán que hacerlo en lo más alto del fútbol español.
Entre los aficionados la forma de expresar sus emociones era bien diferente. Mientras unos apenas podían darle forma a sus pensamientos, la mayoría coincidían en la visión positiva de una cita en el José Zorrilla que ya queda en la memoria colectiva del Deportivo más reciente. Tantas veces lastrada por la mala suerte, la hinchada herculina las tenía todas consigo y finalmente los goles Nsongo Bil le dieron un barniz de tranquilidad a la jornada decisiva en la lucha por el ascenso directo.
El paso de los minutos no hacía más que evidenciar lo que se venía: el ascenso a Primera División ocho años después. Ocho largas temporadas en las que el club ha transitado por Primera Federación y LaLiga Hypermotion, aunque ya puede decir bien fuerte que está de vuelta en la máxima categoría.
Una alegría para los más jóvenes
«Mi padre también me contó historias sobre el Superdépor», relataba un chavalín ataviado con la clásica camiseta verde de finales de los 90. Toda una paradoja teniendo en cuenta que en aquel momento faltaban varios años para que naciese, aunque quizá sea él quién algún día relate anécdotas sobre el Dépor que todavía es del futuro. «Yo espero que los deportivistas volvamos a ser felices como antes».
Y es que esta vuelta a la élite se ha cimentado sobre todo en el sentimiento de una buena parte de la afición que ni siquiera ha llegado a ver al equipo en esa Primera División. Miles de jóvenes que se echaron a las calles para celebrar la que probablemente sea su mayor alegría hasta la fecha: devolver al Deportivo a donde se merece.
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