Filipe Luis, jugador del Deportivo entre 2006 y 2010, vive ahora una carrera como entrenador que promete ser igual o mejor que la que vivió sobre el césped. Como jugador, tras pasar por el Dépor estuvo en Atlético de Madrid, Chelsea y Flamengo, clubes con los que conquistó un buen número de títulos nacionales e internacionales. Ahora, desde los banquillos ya ha vivido una fructífera experiencia en su país… y esta temporada quiere más en su primera aventura en Europa de la mano del Mónaco.
Y es que poco después de colgar las botas en el Flamengo, Filipe se convirtió en técnico del equipo brasileño. En principio, fue contratado como interino, pero en sus primeras semanas se proclamó campeón de la Copa de Brasil. Ese título le valió para ganarse la confianza de la directiva, a la que correspondió nada menos que con una Supercopa, el Campeonato Carioca, una Liga y toda una Copa Libertadores en 2025. Esa brutal campaña le valió para renovar hasta diciembre de 2027, pero un mal arranque del presente año dinamitó el proyecto y el ex del Dépor fue despedido de manera un tanto inesperada.
Cuatro meses después, durante el clásico baile de entrenadores que se produce cada verano, Filipe Luis recibió la llamada del Mónaco y tomó las riendas del club, que el pasado curso había finalizado séptimo, a más de 20 puntos del liderato y fuera de puestos de Champions e incluso Europa League. Tras esa decepcionante campaña, los monegascos confiaron el técnico brasileño para volver a ser un club competitivo.
Y en solo unas semanas de competición oficial, Filipe parece dispuesto a demostrar que su fichaje fue un acierto. Tras una pretemporada prometedora que incluyó triunfos ante equipos como el Liverpool, el Mónaco se deshizo con facilidad (7-3 en el global) del Górnik polaco en la fase previa de la Conference League. Y en las primeras cinco jornadas de Liga, el equipo del Principado suma cuatro victorias (una de ellas, ante el todopoderoso PSG) y un empate que le hacen liderar la tabla en solitario. Los de Filipe le sacan ya 5 puntos a un PSG que ha empezado titubeante el curso y sueñan ya con pelear por un campeonato que se había convertido en un monopolio parisino en los últimos años.
