Las lesiones que no le impidieron desarrollar su magia

Una rotura de peroné supuso su primer contratiempo, pero los problemas con su rodilla izquierda estuvieron cerca de retirar a Juan Carlos Valerón. Fueron los peores momentos de su carrera.

Repasando la carrera de Juan Carlos Valerón es difícil encontrar borrones que manchen su currículum, ya que cuenta con una carrera envidiable que muchos querrían tener. Los descensos son sin duda uno de los peores aspectos en el ámbito colectivo de la carrera del canario, mientras que las lesiones fueron las que ensombrecieron el individual.

Graves problemas físicos que pusieron en peligro su carrera y que, sin duda, provocaron que no brillase tanto como se esperaba después de su llegada al Deportivo de La Coruña. Más allá de los pequeños problemas musculares o esquinces que se consideran ‘habituales’ entre los futbolistas, lo que de verdad lastró a Valerón fueron la rotura de peroné y la grave lesión de rodilla con sus dos recaídas. Meses y años de sufrimiento de los que sin duda consiguió salir gracias a su capacidad de superación y su fuerza de voluntad.

Deportivo_Osasuna_Valeron

Para recordar la rotura de peroné es necesario remontarse a septiembre del 2002, al poco de comenzar la tercera temporada como blanquiazul del ‘21’, en un encuentro que enfrentaba al Deportivo de La Coruña y el Real Valladolid. Pepe Moré, técnico blanquivioleta, dio entrada a Peña para intentar cambiar el rumbo de un partido que en ese momento caía del lado local (2-0). Pero el jugador sudamericano saltó al césped con otras intenciones, y en una de esas entradas en las se va a hacer daño sin ánimo de jugar por el balón ‘cazó’ por detrás a Valerón. En ese instante se sobrecogieron los corazones del deportivismo, y días más tarde se hicieron realidad los peores presagios al confirmarse la grave lesión del mediapunta. Estuvo dos meses de baja, aunque tras ese periodo de recuperación el canario volvió con energías renovadas y con su magia intacta tal y como reflejan las actuaciones posteriores.

Pero sin duda el peor calvario por el que pasó Juan Carlos Valerón fue el que sufrió con su rodilla izquierda. Año 2006, el Dépor se enfrentaba en Riazor al Real Mallorca con Joaquín Caparros como técnico. Corría el minuto 88 del encuentro cuando todo el estadio enmudeció al ver lo que acababa de ocurrir sobre el césped. La rodilla de Valerón quedaba clavada cuando intentaba realizar un giro, momento en el que los gestos de dolor de su cara provocaban que se pensase en lo peor. Las pruebas posteriores así lo reafirmaron al conocerse la rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda. Una baja que le impidió disputar el tramo final del campeonato y que terminó con sus esperanzas de poder ser convocado para el Mundial de Alemania de ese mismo año.

Fue operado por el doctor Pedro Guillén, y tras el pertinente proceso de recuperación recibió el alta médica que le permitió realizar la pretemporada de la temporada 2006/2007. Pudo disputar varios encuentros amistosos, lo que hacía presagiar que poco a poco iba a recuperar su mejor nivel para volver a maravillar al mundo del fútbol. Nada más lejos de la realidad, ya que el 28 de julio de 2006 sufrió una recaída por la que tuvo que volver a ser operado. No retornó a los terrenos de juego hasta el mes de enero en un partido contra el Real Madrid, aunque volvió a sufrir la misma lesión en la rodilla en un entrenamiento que realizó días después de ese regreso ante el conjunto blanco. En un principio se tomó la decisión de realizar un tratamiento conservador, pero al no mejorar se decidió ejecutar una nueva cirugía.

valeron_alcoyano

En ese instante es cuando se teme por su carrera, ya que no era segura su vuelta a los terrenos de juego tras sufrir tres veces tan continuadas la misma lesión. Pero Valerón tuvo calma, cumplió con los plazos establecidos y realizó el trabajo de recuperación necesario para poder regresar al mundo del fútbol, para volver a vestir la camiseta del Deportivo y sentirse nuevamente futbolista. Consiguió superar ese calvario, aunque esos dos años y la presencia de Miguel Ángel Lotina en el banquillo coruñés privaron al deportivismo y al mundo del fútbol de la mejor versión del canario en las temporadas posteriores. Con todo, desde el 2008 fueron numerosos los partidos en los que sacó su chistera para realizar magia con el balón, y aunque muchos lo quisieron retirar en todo este tiempo él se encargó de demostrar que le quedaba -y todavía le queda, si él quiere- mucho fútbol por desplegar.

Daniel Pose

-Volver al reportaje-