El cariño de Mario Soriano al Deportivo es algo que está fuera de toda duda. El centrocampista madrileño lo ha demostrado con hechos quedándose después del fallido ascenso en 2022, pero también volviendo al club coruñés tras una gran temporada como cedido en el Eibar. Un amor al color blanquiazul que expresó con palabras en el programa No hay pasión pequeña, donde insistió en lo a gusto que se siente en la ciudad.
«Siempre lo he dicho. Cuando estuve el primer año aquí, que era la primera vez que salía de casa, no me esperaba el sentimiento que iba a tener por el Dépor, la ciudad y la gente», afirma con rotundidad. Sus inicios no fueron fáciles, con varias suplencias en la primera vuelta del curso 2021-22, aunque acabaría haciéndose con el puesto de titular gracias a su enorme crecimiento.
🥹 La renovación de @mar10soriano por el @RCDeportivo
❤️🩹 "Nunca esperé el sentimiento que iba a tener por la ciudad y por el equipo fuera tan grande"
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— GolStadium (@Gol_Stadium) May 14, 2025
Esas buenas sensaciones fueron las que le llevaron a intentar con éxito su fichaje definitivo después de haber llegado inicialmente a préstamo por el Atlético de Madrid. «Desde el primer año cuando acababa la temporada ya lo decía, que quería volver al Dépor y así se dio como fichaje». Una historia que este curso, ya en Segunda, escribe su tercer capítulo, aunque por sus palabras no parece que tenga la intención de que sea el último.
Una experiencia positiva en Eibar
Su etapa en A Coruña tuvo una pausa durante una temporada, la que se corresponde con el ascenso a Segunda División. Mientras el Dépor conseguía dar el salto al cuarto intento, Mario brillaba en el Eibar. «No quería dejar pasar ese tren con el Eibar, que fue muy especial para mí porque era la primera vez que jugaba en el fútbol profesional en un equipo con opciones de ascender», explicó.
«No se dio (el ascenso del Eibar) en los playoff, pero para mí (el año) fue bueno porque muy poca gente se esperaría mi nivel en el primer año en el fútbol profesional», aseguró sobre su mejoría como ‘armero’. Una fase de su carrera en la que «crecí muchísimo con una plantilla que llevaba dos o tres años con los mismos jugadores; hacerse un hueco en un equipo así es difícil y para mí fue muy bueno y bonito».
