O derbi era seu

Con su calma, tanto jugando como actuando, Valerón demostró que para ganar un derbi no hay que correr ni protestar más que el contrario, basta con jugar bien al fútbol. Balaídos le temió y le aplaudió.

Cuando Valerón llegó a A Coruña, muchos años antes de que a los Dépor-Celta se le llamara #onosoderbi, Riazor estaba habituado a que estos partidos los ganara el Turu Flores y los animara Djalminha. Siempre que no estuvo lesionado jugó, pero en sus primeros derbis el 21 permaneció a la sombra de los taconazos, las rabonas y las collejas del genio brasileño, y de los goles de Tristán. Como esperando, como preparándose para cuando llegase su turno.

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Y llegó. Desde 2004, Valerón fue el protagonista de casi todos los Dépor-Celta que se disputaron. Desde entonces, no volvió a perder: seis victorias y un empate. Por otro lado, mientras el de Arguineguín estuvo lesionado de la rodilla, se jugaron tres derbis, y el Celta ganó los tres. Las estadísticas totales del canario en estos duelos hablan claro: 8 victorias, 2 empates y tan sólo 2 derrotas. 2 goles y 6 asistencias. Y todos los derbis disputados en Riazor con él sobre el campo que se cuentan por victorias locales.

Pero esto son solo números, y lo suyo en estos choques trascendió más allá. Hay muy pocos jugadores en el mundo que salgan ovacionados por el estadio del eterno rival, hay muy pocos jugadores en el mundo que a sus 37 años sean los más temidos por el vecino. Hay muy pocos jugadores en el mundo con los que sus aficionados vayan al campo con la seguridad de que es un derbi, y que ese día aparecerá él.

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Los cuatro últimos han tenido un denominador común: cuando el Celta apretaba, Valerón anestesiaba. Jugando literalmente andando, el ‘Flaco’ consiguió las cuatro veces llevar el partido a su terreno. Dormirlo con su lentitud mentirosa, porque cuando todos creen que todo está parado, que no va a ocurrir nada, él se gira (lentamente), mete el pase y ya hay uno de blanquiazul solo preparado para marcar. Así lo hizo la temporada pasada en Segunda, volviendo loco a un Oubiña que siempre reconoció su admiración por él, y este año en Primera, cuando quizás sus dos mejores actuaciones de la campaña fueron las de #onosoderbi.

Ahora Juan Carlos se va y con él se lleva los derbis. Casi mejor que sea así, porque el Dépor necesitará tiempo para aprender a ganarle al Celta sin que todo lo domine el mago.

Martín Castiñeira

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