Travis Bickle se amenazaba a sí mismo frente a un espejo que le devolvía un reflejo distorsionado. You talkin’ to me? El Travis de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) se gustaba, se creía importante, un tipo duro, fuerte y seguro. Lo cierto es que estaba absolutamente solo en Nueva York. Sufría delirios de grandeza. Paranoia. Travis creaba su propia máscara para ocultar lo que realmente era.
Coincidiremos que no todas las máscaras son tan oscuras como la suya. Las hay ostentosas, brillantes, virtuosas, divertidas….Fascinantes. El problema reside en ese preciso momento en el que la confundimos con nuestra identidad. Cuando creamos una de las que nos impiden recordar quiénes somos. Tengo la sensación de que el Deportivo está creando para sí una de estas últimas. Consciente de su importancia en una sociedad empalagada de productos hechos exclusivamente para el consumo, invierte tiempo y dinero en la construcción de un artilugio indispensable para la creación de una identidad colectiva. Pero quizás está mirando al espejo equivocado.
Siendo la cosa más importante de las menos importantes, el fútbol responde a reglas poco convencionales en el mundo de la empresa y del marketing. Responde a un amor irracional, a una colectividad difícilmente comparable hoy en día. Recuerdo aquel “ser de los que ganan es muy fácil, ser del Deportivo nos parece mejor”. ¿Qué es entonces ser del Deportivo? ¿Quién quiere ser el Deportivo? ¿Es una buena estrategia abrazar las mismas ideas que funcionan en un estadio de Los Ángeles, en un pabellón de baloncesto de Chicago, o en el descanso de un partido de fútbol americano? ¿Qué niño va a querer ser incondicionalmente del Deportivo si le ofrecemos los mismos valores y la misma identidad que cualquier club del mundo? Frente al mismo espejo, cualquiera elegiría el cristal que le devuelva el reflejo donde se vea más guapo.
En la tragedia griega, las máscaras no se empleaban para ocultar la personalidad de nadie. Eran potentes amplificadores de la emoción de los actores, herramientas para definir mejor al personaje. Estoy seguro de que una máscara creada sobre el rostro de Arsenio Iglesias Pardo nos hace más fuertes que una creada en un posgrado de Cambridge. No es populismo, es autenticidad. No es nostalgia, son valores. Es lo genuino. Lo diferente. Lo inimitable. Es orgullo de pertenencia a algo que otros no tienen. Es Arsenio, es Miguel Loureiro, Álex Bergantiños, Diego Villares, Francisco González o David Mella. No son los mejores, son los que mejor nos representan.
Ojalá estemos a tiempo de mirar al espejo adecuado. Al que nos devuelva el reflejo más auténtico. Pónmelo fácil, Dépor.