Ningún equipo puede aspirar a salvar la categoría con un promedio de 0,4 goles a favor por partido, salvo que en defensa seas la reencarnación del Milan de Sacchi. Por desgracia para el Sestao River, lo único que le empareja al equipo transalpino son las rayas negras de su informe completado con verde. Sin una enorme solvencia a la hora de protegerse y con grandes dificultades para concretar en área rival, el cuadro vizcaíno todavía no sabe lo que es pasar una jornada fuera de los puestos de descenso a Segunda Federación. Pero el que fuera durante un gran tramo de la liga el peor equipo con diferencia, llega a Riazor en su mejor momento.
Negar las dificultades del Sestao para sacar los partidos adelante es hacerse trampas al solitario. Nada inesperado para el equipo dirigido por Aitor Calle, un recién ascendido a Primera Federación que aspira a mantenerse después de 6 temporadas alejado del tercer escalón del fútbol nacional. Un tercer escalón del que se hizo un clásico entre el 2004 y el 2017, con 11 temporadas casi consecutivas en la antigua Segunda B e incluso un playoff a Segunda en el que no pudo hacer valer su condición de campeón de grupo.
El heredero del Sestao Sport aspira a volver a ser ese conjunto habitual en el bronce. Pero para amarrar su presencia en el primer intento, sabe que tiene que hacer muchas cosas bien. Algo que, por el momento, no ha sido capaz de lograr. Aunque empieza a enseñar que, quizá, la permanencia no es una quimera. Ni mucho menos.
El River arrancó con un enorme déficit. Su falta de gol es endémica, pero durante las 6 primeras jornadas fue pandémica. Hasta el 7 de octubre no logró materializar su primer tanto en Primera Federación. Por aquel entonces, 3 empates 0-0 le habían permitido ir sumando bajo mínimos para no quedarse descolgado de verdad. El tanto de Álex Carbonell parecía que iba a otorgarle una necesaria victoria ante el Cornellà. Pero entonces, en el añadido, llegó un gol en propia de Gaizka Martínez que le privó de la victoria durante un mes más.
No fue hasta la undécima fecha cuando un tanto de penalti frente al Celta Fortuna le condujo a saborear, por fin, las mieles del triunfo. Una victoria que provocó que el Sestao se viniese arriba. Incluyendo este resultado ante el equipo vigués, la escuadra verdinegra ha logrado 7 de los últimos 15 puntos en juego. Y lo ha hecho gracias a que precisamente en su última salida, fue capaz de ganar su segundo partido del curso: 0-2 frente al Rayo Majadahonda.
Las cifras no reflejan la mejoría del equipo sestaoarra, que empató en Tarragona y se quedó sin puntuar en la visita del Lugo de manera inmerecida, tras imponerse en el juego en el difícil (y por momentos impracticable) campo de Las Llanas, pero no ser capaz de batir al meta visitante y acabar encajando. A eso hay que sumar su buen nivel en Copa del Rey, donde fue capaz de poner contra las cuerdas al Celta el pasado jueves. Tan solo un riguroso penalti le privó de mandar el partido a la prórroga.
El Sestao River, un equipo de ‘perfil vasco’
De este modo, resulta evidente que el Sestao llega a Riazor en el mejor momento de la temporada, aunque tampoco sin estar para tirar cohetes. Aitor Calle, que encadena su tercera temporada en la entidad, maneja un grupo que ha cambiado bastante con respecto al que logró el ascenso, pero que cumple el estereotipo de conjunto vasco: el juego directo es su arma fundamental.
A pesar de que es el equipo que más pases largos promedia del Grupo 1 y el segundo que menos pases da -solo por detrás de Osasuna Promesas-, el Sestao apuesta en muchas ocasiones por iniciar sus ataques en corto. Todo con el objetivo de atraer al rival para generar espacio y poder ser más vertical.

Tras ir variando entre una defensa de 3 centrales y una zaga de 4 hombres, parece que el 4-4-2 se ha asentado como estructura más habitual en un Sestao que ha encajado muchos goles más por cuestión de puro nivel individual que de desajustes colectivos. Es más, los rivales no le penalizan demasiado. Porque el cuadro vizcaíno concede y bastante. No se puede decir que sea un equipo sólido, como sí parecía al principio de una temporada en la que encajaba poco, pero marcaba menos.
Sergi Puig es el meta más habitual y uno de los pocos futbolistas sin formación o presencia en el fútbol vasco. El catalán tiene por delante una defensa comandada por el exfabrilista Gaizka Martínez, ya consolidado como central. A su lado, el joven Mirapeix. En las alas, Markel Etxeberría y el ofensivo Álvaro Mateo.
Álvaro Gete es el fijo en un centro del campo en el que los flancos están ocupados por los futbolistas más talentosos del equipo: el exceleste Àlex Carbonell y Aitor Aranzabe, formado en Zubieta y máximo artillero con 2 dianas. Ambos aportan el gran desequilibrio por su capacidad para ir al espacio y su talento para el desborde. Tanto que le niegan el sitio a Iñigo Alayeto, uno de los futbolistas que apuntaban a ser claves.
De hecho, muchas veces son ellos los que acuden a las peinadas de Jon Guruzeta, un ‘tallo’ que viene actuando como segundo delantero por detrás de Leandro Martínez. El atacante se ha convertido en ariete desde su llegada a Sestao. Fue el máximo realizador del equipo el pasado curso, pero está desafortunado de cara a puerta. Aún así, sigue siendo indiscutible por su movilidad.
Por lo tanto, como decimos, la falta de gol es su evidente déficit, por mucho que haya mejorado sus registros. Solo ha marcado solo 6 tantos y todos ellos tienen patrones comunes: el balón parado (2 córners y 1 penalti) y el contragolpe (los 3 restantes).
Así, con sus claras debilidades pero con unas fortalezas que le hacen ser capaz de competir, el Sestao River acude a Riazor en un buen momento. Tanto que se puede decir que ya no es lo que parecía que podía ser: el peor equipo de la categoría.
