La carrera deportiva de Sebastián ‘el Loco’ Abreu es una de las más particulares que se hayan visto en el fútbol profesional a lo largo de las últimas décadas. El exjugador uruguayo, que vino a Europa de la mano del Deportivo en 1998, ha pasado por más de una treintena de clubes -32 para ser exactos- hasta poner el punto final a su trayectoria en el humilde Olimpia de Minas de su país natal.
En una entrevista con Relevo ha repasado algunos episodios de su carrera, contando con especial detalle cómo fue su cambio de mentalidad tras su llegada a A Coruña a finales de la década de los noventa. La diferencia en cuanto a exigencia entre fútbol sudamericano y el europeo hizo que se diese cuenta de que debía modificar sus hábitos nada más llegar a la disciplina blanquiazul.
“Llegué con 21 años. Por entonces el goleador en Uruguay o Argentina tiene privilegios para entrenar menos. Tenía algunas licencias, incluso algún día no ir. En Europa no. Allí tienes que entrenar como todos, ir al gimnasio, alimentarte más. Me encontré con defensas fuertes y pasaba vergüenza”, explica el que fuera atacante también de la selección charrúa.
La alimentación, muy controlada en el presente por nutricionistas, fue uno de sus primeros desafíos. “Comía mariscos todos los días y llegó un momento en el que el médico me dijo que aquello no era saludable. Teníamos un restaurante que me ponía bandejas de langostas, mejillones, camarones… Me hacían estudios y salía un porcentaje elevado de grasa”, relató.
Fue entonces cuando los hombres experimentados del vestuario aparecieron para ayudarle: “Teníamos un grupo que se preocupaba para que cambiara esos hábitos. Tenía a Mauro Silva, Donato, Manjarín, Paco Jémez, el ‘Toro’ Acuña… Que me dieron como un cachetazo al ego”.
Finalmente, el bueno de Abreu acabaría abandonando el Deportivo, pero su actitud ya nunca fue la misma. “El club no me tenía en cuenta y me tuve que ir, pero debía cambiar la nutrición y ponerme un personal trainer. Esa cultura la aprendí en el Deportivo y por eso pude llegar a jugar hasta los 45”. Una larga carrera que le ha llevado por diferentes países y que deja su nombre como uno de los más destacados de entre todos los delanteros que ha dado Uruguay.
