El Deportivo de Antonio Hidalgo se había ganado la vitola de equipo capaz de competir en cualquier escenario. Lo confirmó en Riazor, lo exhibió en Miranda y lo sostuvo en campos incómodos. Pero el Málaga, que leyó mejor el partido y explotó los desajustes blanquiazules, encontró el interruptor que cortocircuitó a los coruñeses: la segunda jugada.
Hubo contexto. La lesión de Ximo Navarro obligó a Loureiro a actuar como lateral derecho y abrió la puerta a Comas como central. En la izquierda, la baja de Quagliata dejó a Escudero como titular, un jugador que él mismo reconoció no estar para 90 minutos. El Málaga también afrontó ausencias, así que no es excusa, pero sí una parte de la fotografía que ayuda a entender la derrota.
El Dépor se había hecho fuerte esta temporada desde la recuperación alta y la salida limpia. En La Rosaleda, cada vez que el equipo robaba, el primer pase perdió calidad; y en las disputas, la pelota suelta cayó con demasiada frecuencia del lado local. Cuando fallan duelo y primer pase, la posesión mengua y el rival se instala más cerca de tu área. La consecuencia era previsible: menos tiros a puerta del Deportivo, más finalizaciones del Málaga y muchos más metros a la espalda, obligados a perseguir.
Pellicer eligió un plan que parece simple, pero exige valentía: empujar por fuera, cargar centros y vivir de la segunda jugada. En la mayoría de hojas de estadísticas previas, el Deportivo había ganado esa pelea; en Málaga no encontró ni la distancia entre líneas ni la agresividad para resetear el partido. Sin ese sello, la montaña fue demasiado alta, con piedras añadidas en forma de revisiones de VAR.
No es un drama, es una alerta útil. La identidad de este Deportivo no depende de un marcador, sino de volver a su patrón: precisión en el primer y segundo pase tras robo, duelos ganados en los costados y ocupación de área que convierta posesión en tiros a puerta. La eficacia que había acompañado al equipo se apagó en el sur y ahí estuvo el 3-0. Si recupera esas tres palancas, el Dépor volverá a parecerse al de las ocho jornadas anteriores. Un 3-0 explica un mal día; las ocho anteriores, el sello de este equipo.