Hace exactamente un año, el Deportivo ponía fin a una larga travesía de 1374 días por los infiernos de la Primera RFEF. El 12 de mayo de 2024 el conjunto coruñés, gracias a un golazo de Lucas Pérez de falta, se imponía al Barça Atlètic en Riazor para certificar su regreso al fútbol profesional. Una fecha que pasará a la historia del deportivismo tras cuatro duros años de decepciones que, al fin, se esfumaban en forma de alegría y abrazos. Campañas para el olvido, playoffs agónicos… todo quedaba atrás en una temporada en la que el deportivismo tampoco se libró de vivir una auténtica montaña rusa de emociones.
Quien le diría tras la debacle en Irún al Deportivo que, meses después, estaría celebrando su ascenso directo a Segunda División. Los blanquiazules, como reconocieron los propios protagonistas, tocaron fondo en aquella tarde aciaga de noviembre de 2023 en el Stadium Gal. Un punto de inflexión necesario para un equipo que, tras llegar a coquetear con el descenso a Segunda RFEF al inicio de curso, cogió impulso para enderezar el rumbo hacia la zona alta.
Eso sí, el camino hacia la gloria no estuvo exento de momentos de máxima tensión. Con Imanol Idiakez al borde del despido, Davo emergió como héroe inesperado para darle una vida extra al técnico donostiarra. Sus vitales tantos ante Barça B y Arenteiro reengancharon al Deportivo en la pelea por los playoffs antes de la entrada de un 2025 en el que la maquinaria deportivista comenzaría a funcionar.
El fenómeno de la piña mecánica
El 14 de enero de 2024 ante la Cultural Leonesa, el Deportivo sufriría su última derrota del curso, iniciando una segunda vuelta impecable hacia el ascenso. El conjunto coruñés encontró su versión más fiable, acompañada de un Lucas Pérez estelar con 16 goles y 19 asistencias. El fútbol alegre de los blanquiazules contagió a una afición entregada que – como siempre – aportó su granito de arena.
Desde la red social ‘X’, los seguidores blanquiazules iniciaron una campaña para poner una piña junto a su nombre. Una piña que se convertiría en un auténtico fenómeno, llegando a futbolistas, medios de comunicación y hasta la alcaldesa de la ciudad. El ‘efecto piña’ ayudó a que equipo y afición remasen una vez más en la misma dirección.

Tras vencer en Sestao y lograr una racha de 16 encuentros invicto, el Deportivo llegaba a la jornada 36 dependiendo de sí mismo para ascender. Una oportunidad única que, por fin, sonreiría al conjunto coruñés. Riazor pasó del abismo a la gloria eterna en una temporada imborrable.
Aunque el cuadro blanquiazul ha vivido grandes gestas a lo largo de su historia, aquel 12 de mayo siempre tendrá un hueco especial en el corazón de los deportivistas. El Deportivo abandonó hace 365 días el barro, un terreno áspero al que no espera regresar. Y aunque la ansiada Primera todavía tendrá que esperar, nunca está demás echar la vista atrás para recordar y valorar la dureza -y la belleza- del camino recorrido.