Ana González ha concedido su primera entrevista tras salir del Deportivo a Relevo. La que fuera jugadora y segunda entrenadora del Dépor Abanca ha ofrecido su versión de todo lo sucedido con Miguel Llorente al mando del equipo. En un reportaje que el citado medio ha entregado en dos partes, en la primera relatan lo que se vivió en el vestuario en palabras de Alba Merino mientras que este 2 de octubre la protagonista es Ana.
De hecho, la primera pregunta es sobre el silencio que ahora decide romper en Relevo. «Nunca hablé públicamente. Creo que es el momento, creo que de alguna manera he renacido. Creo que se escuchó su historia, se escuchó lo que él quería decir, que es totalmente lícito, pero me toca a mí y me veo fuerte para hacerlo. Me toca. Tenía que hacerme fuerte para poder contar mi historia. Y a partir de aquí que la gente juzgue y conozca ambas versiones».
Sobre su llegada al Dépor como entrenadora, explicó que «me llegó por sorpresa la destitución de Manu Sánchez y Pablo Pereiro y me llegó por sorpresa una oferta de trabajo del Dépor para, en principio, ocupar un puesto, y después para ser segunda».
Sobre Miguel Llorente, apunta que le llamó la atención «actitudes que a mí no me gustaban. (…) Hacía referencia de forma despectiva a la discapacidad de Eva, que tiene un problema auditivo, y él siempre decía que cuando él hablaba, ella no le entendía porque era sorda, que estaba muy mimada… Alguna vez se metía con el peso de las jugadoras».
La propia Ana explica que pasó por dos fases. «Una primera fase donde me callaba todo, donde pensaba: «El trabajo es el trabajo y te encuentras a gente buena y a gente mala». Y una segunda fase donde llegó un momento que lo cogí a un lado y le dije: «Oye, esto no me parece normal, esto no es normal». Me di cuenta de que la situación laboral en la que estaba no era óptima, no era correcta».
Algo que le ha afectado hasta el punto de que ahora evita «mirar fútbol, evito mirar redes sociales de cosas relacionadas con fútbol. He cortado lazos con el fútbol. No he vuelto a ningún otro campo. Notaba que no solo yo era segunda y él entrenador, yo era como un becario que tenía que adorarlo. Me cambió mi vida. Dejé de ir al gimnasio, dejé de quedar con gente, mi vida era casa y trabajo. Poco veía a la familia. Te metía miedo, miedo por todo».
Recuerda que en una ocasión «terminé un vídeo a las doce de la noche y le pedí disculpas. Le dije: «Llorente, lo siento, te envío esto a estas horas de la noche porque acabo de terminar». Creo que ese día, me tomé el privilegio de salir a dar un paseo con mi pareja. Y me arrepentí. Es que tú tomabas una decisión y después te arrepentías porque sabías que había consecuencias. Me dijo que no era normal que le enviara cosas a esas horas, que él no tenía por qué estar disponible, que él tenía más vida. Al día siguiente, en el vestuario, me echó una bronca delante de todos mis compañeros, que eso no se hace, que él tuvo que ver el vídeo en un momento, que nosotros tenemos que dar una calidad perfecta, estar siempre ahí, al mínimo detalle. Si yo le enviaba un vídeo y él me contestaba a las dos de la madrugada porque estaba dando un paseo, yo en esas horas al principio me iba a dar una vuelta, pero después no me iba a dar una vuelta. Me quedaba en casa esperando a que él me dijera si el vídeo estaba bien, si estaba mal».
Una conducta que según Ana, también tuvo con el equipo. «Se metía en las redes sociales para controlar con quién estaban y por dónde estaban y lo que hacían. Y muchas veces hacía capturas de pantalla de las redes sociales de las jugadoras y las enviaba al chat del cuerpo técnico y hacía comentarios de «igual estas dos están juntas» o «ésta engordó muchísimo». Y hacía comentarios sobre las parejas de alguna de las jugadoras, que «estaban muy buenas», que si «qué tetas más grandes tiene», «yo le daba»… Hacía referencias hacia el cuerpo de las jugadoras y hacia mi propio cuerpo. Él muchas veces entraba en el vestuario. Ellas tenían un carrito con toda la ropa. Entonces, él veía la ropa interior. Y él entraba y decía: «¡Eh! Estos tangas, no sé qué… Este tanga debe de ser de…». También hacía comentarios sobre una jugadora que era de Nigeria, comentarios racistas sobre su cultura, su personalidad, su forma de ser. Muchas veces tenía conductas agresivas hacia las jugadoras y parte del cuerpo técnico, me incluyo, muchas veces».
Comentarios sobre la dislexia de Ana González
En otro de los puntos de la entrevista, Ana añade que se metía con ella por su dislexia. «Yo a la hora de expresarme soy un poco errática y cuando daba el análisis del equipo rival igual escribía unas letras y estaban cambiadas. Me cuesta medir bien las distancias, entonces si yo colocaba unos conos, él venía y los cambiaba. Y era como: «Joder, tienes que estar atenta. Te dije que eran cinco metros». Yo le decía: «Lo siento, es que no soy capaz de medir cinco metros». Hay palabras que las pronuncio mal, entonces las evitaba. Porque él soltaba una carcajada y yo me sentía mal porque sufrí mucho en el colegio por culpa de la dislexia. Yo le decía: «Mira, Llorente, yo tengo dislexia, esto es lo que ocurre. No es algo que pueda controlar». Él me respondía que él no sabía lo que era eso».
El momento en el que salta todo
Apunta Ana que «hablé con una compañera del club que me dijo: «A mí también me está pasando». Se me encendió la luz. Empecé a contactar con el coordinador, con el que tenía buena relación, con el entrenador del B, que había sido mi entrenador, y empezamos a unir todos los lazos: «Oye, a mí me pasó esto con él», «a mí me pasó esto»… Te empieza a llegar información y dices: «No es culpa mía. Es este señor». Y las jugadoras empezaban a hablar entre ellas, pasabas por ahí y lo veías, muchas veces lloraban después de los partidos. El ambiente no era el que tenía que ser».
El día de su marcha
Explica, además, cómo fue el día que anunció su salida. «Recuerdo que me puse enferma, fui con fiebre a trabajar, estaba con amigdalitis. Fui a trabajar, vi que mi salud mental y física estaban empeorando y dije: «Hasta aquí hemos llegado. Mi cuerpo me está dando señales de que pare ya». Y así fue. Hablé con el coordinador y le dije: «Aitor, que me voy». Qué feliz me sentía. Me había sacado kilos de encima, había adelgazado. Sabía la que me venía encima. Había tomado la decisión, pero yo misma quise controlar cómo me iba a ir. Lo tenía muy decidido. Y antes de irme voy a hacer las cosas bien, lo mejor posible para que cuando me vaya nadie tenga nada que decirme. Y así fue. Desde el principio yo tenía claro que el primero que tenía que saber que yo me iba era Llorente. Le dije que me iba porque nuestra relación era mala, porque su actitud hacia mí no era la correcta y a mí no me estaba gustando. Le fui muy clara. Me pidió que me quedara».
«El siguiente paso era hablar con el club. Mi intención era decirle por qué me iba. Contacté con Villasuso (director general) por correo y me dijo que no podía. Me encontré a Rocío Candal (directora deportiva), hablé con ella, le conté la situación, que yo sé que ella lo sabía previamente. Ya estaba avisada de cómo era Llorente. Entre una cosa y la otra, hasta el martes no tuvimos la reunión. Les conté todo lo que había sucedido, todo lo que me pasaba a mí y cuál era el motivo de que yo me fuera. Les dije: «Esto es lo que hay, haced lo que vosotros creáis. Pero ojo cuidado, lo que tenéis aquí». Se abrió una investigación, no por esa reunión, sino por un correo que llega al canal ético».
La actuación del club y la investigación
Para Ana, «el club no actuó de la forma que debía por la gravedad del asunto, que se vio obligado a actuar, no porque yo me iba, sino por la carta que llegó al canal ético. Pienso que lo que hizo el club fue protegerse a sí mismo y hacer como que allí no había pasado nada. Pero es verdad que al llegar la carta al canal ético tuvieron que intervenir. Pero estoy segurísima de que si no hubiera llegado la carta no se hubieran tomado medidas».
De hecho, sobre el comunicado destacó que «yo decía: «Podemos tener todas las pruebas del mundo que esto no va a llegar a buen puerto». A mí me iba llegando información de cómo se estaban haciendo las reuniones, a quién se reunía, con quién se hablaba y a mí no me daba buena sensación. Yo ya sabía que aquello no iba a llegar a buen puerto y cuando salió la resolución, que me llegó por el comunicado del club vía redes sociales, nadie me dijo nada. Me reí. Porque el comunicado decía: «No pasa nada, todo está bien, pero te llamo la atención»»..
Sin noticias del Deportivo desde la investigación
Por último, Ana destaca que no tuvo más noticias del Deportivo. «Después de la reunión recibí varias llamadas de David Villasuso. Alguna en la que me recriminaba el motín de las jugadoras, que yo lo había provocado, que eso no era en lo que habíamos quedado, que no le dejé actuar, que no le había dado tiempo, que si sabía algo de la carta, que si había sido yo. Esas fueron las llamadas. La última fue para ir a testificar a la ciudad deportiva, pero me negué. Evidentemente, para mí yo era la víctima y aquel era mi agresor. Yo no quería ir donde él estaba. A partir de ahí no recibí más respuesta del club, ni una llamada, ni una carta».