Mientras siguen pasando frente a nuestros ojos todo tipo de aciagos fenómenos paranormales, la actualidad deportivista sufre también su particular apagón.
Por un lado, ya se ha bajado el fusible de la competición a falta de cinco partidos por disputarse, por mucho que la calculadora y la épica ‒o el drama‒ diga lo contrario. Ya iba tocando un final tranquilo, aunque solo sea por salud cardiaca.
Pero por otro, hay un tema que el club pretende tener desconectado de la red mediática deportivista: la continuidad en el banquillo de Óscar Gilsanz.
Sus números están fuera de toda duda. Diez victorias, diez empates y cinco derrotas. Un balance que, en una hipotética clasificación desde su llegada, le permitiría estar peleando de lleno el playoff (el Dépor sería séptimo empatado a puntos con quinto, sexto y octavo) e incluso el ascenso directo (estaría a cinco unidades del segundo). El rendimiento es incontestable tras coger a un recién ascendido dormitando entre un mar de dudas en los puestos de descenso.
Pese a los méritos, desde los despachos de Abegondo no pulsan el botón de la renovación. Tras el empate en Anduva el pasado 13 de abril, Fernando Soriano respondió así cuando se le preguntó por la continuidad del técnico: «Estamos contentísimos con él, pero no es momento de hablar de futuro». El pasado sábado, en una entrevista de Luis de la Cruz en el diario As, el director deportivo expresaba que «el club está muy contento con el trabajo de Óscar y el rendimiento numérico que ha logrado, pero también existen otros factores que hay que evaluar.»
¿Cuáles son esos factores? Viajemos al final del curso pasado para tratar de encontrar algo de luz. De repente, la continuidad del betanceiro en el Fabril no estaba asegurada. A Gilsanz se le planteó volver a ser entrenador del Juvenil. Él se negó. La propuesta ‒y el deseo‒, era de Fernando Soriano, el mismo que ahora deja caer que hay «otros factores que hay que evaluar» para que Gilsanz siga al mando del primer equipo. El pasado junio, esos factores tenían que ver con cuestiones tácticas que no eran de su agrado y que se encargó de reprochar a Gilsanz.
Con este antecedente, sumado a la ya habitual y desesperante inestabilidad en el banquillo de Riazor, falta por ver si la por ahora desconectada renovación del míster se convierte en el enésimo apagón a un entrenador que ha hecho méritos más que suficientes para seguir pilotando la nave blanquiazul.
