Hablar de David Mella es hablar de electricidad pura. Desde sus primeros pasos en Abegondo se hizo notar por la banda izquierda, dejando atrás rivales a base de potencia y descaro. Con el salto al fútbol profesional cambió de perfil, pero no de esencia: en la derecha sigue siendo un puñal cuando encuentra metros por delante. Sin embargo, en un fútbol cada vez más medido, la velocidad por sí sola no basta. Los que destacan son los que saben cuándo correr… y cuándo parar.
Ahí es donde Mella está creciendo. Antes de marcharse con la Selección Española Sub-20, firmó uno de sus mejores partidos del curso, demostrando una versión más completa. Pero fue ante el Racing de Santander, en El Sardinero, donde terminó de confirmar esa evolución. Ya no solo acelera: ahora también piensa y ejecuta.
El gol en propia puerta que abrió el marcador nació de su lectura. Recibió, esperó el momento y filtró un pase milimétrico para Mario Soriano, que forzó la acción. Ni antes ni después: en el instante justo. Fue una jugada que explicó mejor que cualquier palabra su crecimiento como futbolista. Y no fue casualidad. En ese mismo partido repitió la misma intención con Stoichkov, al que encontró dos veces con inteligencia y precisión.
Hace tiempo, Imanol Idiakez dijo que “David puede jugar donde quiera”, después de colocarlo incluso como lateral izquierdo. Hoy esa frase cobra más sentido que nunca. Porque Mella ya no depende solo de su punta de velocidad: está aprendiendo a ver el fútbol desde dentro, y eso, para un jugador de su edad, es el salto más difícil de todos.
