Cuatro años después, el Deportivo volvió a los focos del fútbol profesional. Después de muchas idas y venidas en Primera Federación y una última temporada en la que sólo tras el paso de ecuador el equipo herculino logró dominar con mano de hierro la categoría, el salto de escalón implica una exigencia mucho mayor que el cuadro deportivista ha empezado a afrontar, por el momento, con prácticamente los mismos argumentos que hace tres meses.
Y es que en su primer once, Imanol Idiakez apostó por una alineación casi idéntica a la que logró el ascenso el pasado mayo. Petxa por el retirado Balenziaga y Mario Soriano por Barbero fueron las únicas caras nuevas de una relación que repitió nueve nombres del once que el técnico vasco acabó consolidando el mente de los deportivistas hasta tal punto de poder ser recitado de carrerilla.
De este modo, Germán, Pablo Vázquez, Pablo Martínez, Ximo, Jurado, Villares, Mella, Yeremay y Lucas volvieron a ser de la partida. Siete de ellos jugaron, además, los 90 minutos de tiempo añadido. Y los dos únicos suplentes empleados por Idiakez, Barbero y Rama, también saben lo que es ascender con el Deportivo.
Así, Petxa fue el único de los cinco fichajes reales que tuvo minutos en el primer once de Imanol Idiakez, que en última intervención en sala de prensasala de prensa dejó entrever que está esperando como agua de mayo la llegada de las cerca de cuatro piezas todavía necesarias para acabar de moldear una plantilla con carencias.
Lucas, la única modificación real en el Deportivo
Ante este contexto, Imanol Idiakez apenas pudo innovar con respecto al pasado curso. En gran parte, por la ausencia del nuevo lateral izquierdo, Escudero, el único futbolista que parecía haber llegado con un rol preponderante desde el principio. Con los otros fichajes Helton Leite, Mfulu y Chacón esperando en el banco y sin minutos finales, la gran novedad del técnico fue la respuesta al dilema de elegir cuatro nombres y roles de entre Soriano, Yeremay, Mella, Lucas y Barbero para los cuatro puestos de arriba.
La respuesta del preparador donostiarra fue ubicar a Lucas Pérez como ariete y dejar en el banco a Barbero. Imanol rompió la fórmula con la que había encontrado la carta ganadora el pasado curso y decidió dejar al equipo sin una referencia tan nata.
La elección, como cualquier otra que hubiese tomado, fue controvertida. Pero no se puede decir, ni de lejos, que saliese mal. Porque el Dépor fue capaz de encontrar la fluidez en su fase ofensiva y las transiciones gracias al juego entre líneas de Mario Soriano, su asociación con Yeremay y las carreras al espacio de Mella y Lucas.
Frente a un rival presionante, que concedía metros a su espalda, el cuadro de Riazor fabrico soluciones suficientes como para adelantarse primero y empatar el tanto inicial del Oviedo, después.
El Deportivo respondió a una mayor exigencia con las mismas armas. Y aunque el resultado diga lo contrario, lo cierto es que respondió relativamente bien a ese subidón de nivel. Al menos, el primer día.
