El Fabril atraviesa su peor momento de la temporada. Al fin y al cabo era cuestión de tiempo. Tras un comienzo de Liga sobresaliente con un pleno de victorias en las seis primeras jornadas, los resultados tenían que comenzar a torcerse, una circunstancia previsible después de un arranque tan perfecto.
El último mes de competición le ha arrebatado el liderazgo del Grupo 1 de Segunda Federación al filial deportivista, trono en posesión ahora del Oviedo Vetusta, primero con 22 puntos (uno más que la Gimnástica Segoviana y dos por encima del Fabril). Los dos empates y las dos derrotas que llegaron después marcaron un pequeño frenazo para el equipo, lo que ha afectado en las prisas por volver a la senda de triunfos tal y como reconoce Manuel Pablo: «En los últimos partidos, las victorias nos habían generado cierta urgencia, como si no ganar fuera un drama. Y no siempre se puede ganar».
El choque del pasado domingo ante el Bergantiños no sirvió para que el Fabril volviese a sumar de tres, pero los pupilos del técnico canario volvieron a ser un conjunto más reconocible en su estilo de juego. Presionaron arriba, elaboraron con paciencia los ataque posicionales e intentaron batir la meta de Santi Canedo, portero carballés, por distintos caminos. Quique Teijo, en la recta final del partido, tuvo una de las ocasiones más claras del encuentro, pero el balón se estrelló en la madera y el partido acabó con reparto de puntos para ambos equipos.
El sábado a las 17:00 horas, los blanquiazules volverán a tener una nueva oportunidad para recuperar la sonrisa. El Sámano (14º clasificado y en puestos de descenso), que se enfrentó al primer equipo hace un par de semanas, será el rival de un Fabril que necesita coger aire antes de recibir la próxima jornada a la Gimnástica Segoviana, un rival directo por los puestos de arriba.
Al igual que hizo el primer equipo hace un par de semanas, el Fabril también quiere curarse en salud con una victoria ante el Sámano y poner fin a su mala dinámica de resultados. Aunque el escenario no será el mismo —esta vez los cántabros jugarán en El Vollegón, su campo habitual, de 98 metros de largo por 63 de ancho—, el objetivo es idéntico: volver a ganar y reencontrar sensaciones. El mismo remedio para la misma enfermedad.
