La esperanza es un hilo invisible que nos sostiene en los momentos difíciles. En el caso de los aficionados deportivistas, ese hilo se ha convertido en un carrete sin fin que, año tras año, no deja de girar y nos trae un mar de fichajes, expectativas y dudas.
Todos los años parece lo mismo: un calendario exigente, rivales complicados, la presión de Riazor. Pero la esperanza no se agota. La esperanza no depende de la historia pasada, sino de la actitud con la que enfrentamos cada nuevo partido, cada nuevo proyecto, cada nuevo desafío. Porque siempre hay una nueva oportunidad para empezar de cero.
La afición va a seguir llenando Riazor con entusiasmo y pasión. Ese respaldo colectivo nos recuerda que la ilusión se comparte y se multiplica. En la vida y en el deporte, mantener la esperanza y contagiar ilusión a quienes nos rodean nos ayuda a superar obstáculos y a mirar más allá de lo inmediato.
No sé si fue Banksy o Charlie Patiño quien lo dijo, pero «there is always hope». Tratemos cada inicio de temporada como lo que es, una página en blanco. Y aunque los descensos y los tropiezos pasados nos recuerden lo difícil que es salir del infierno, victorias como las de este fin de semana por 1-3 ante el Granada, nos mantienen atentos, expectantes y esperanzados.
Porque la ilusión es más poderosa que la rutina. Porque la vida ya es difícil de por sí, pero el Dépor es nuestra vida. Vivámosla de forma optimista. Porque siempre hay motivos para creer que lo mejor está por venir, para creer que lo extraordinario puede suceder de nuevo.
