José Gragera (Gijón, 2000) se ha convertido en nuevo jugador del Deportivo. El centrocampista llega cedido por el Espanyol, con una opción de compra que podría convertirse en obligatoria en caso de ascenso, y aterriza en Riazor con un reto personal tan grande como colectivo: recuperar sensaciones tras un año marcado por las lesiones y demostrar que su fútbol aún tiene mucho que decir.
Formado en Mareo, Gragera es un mediocentro posicional de escuela, de esos jugadores que entienden el juego desde la pausa, el criterio y la buena toma de decisiones. Un perfil que, como lo define el periodista Quique Iglesias (COPE), recuerda por momentos al Fernando Soriano de los buenos tiempos en Zaragoza: poco riesgo, mucha fiabilidad.
En el Espanyol, su etapa no fue fácil. Las lesiones le privaron de continuidad y de ganarse un sitio en los planes de Manolo González. De hecho, en esta pretemporada ya se había quedado fuera de los amistosos ante Peralada y Southampton. “Siempre se ha lesionado cuando estaba en su mejor momento, cuando empezaba a tener minutos”, explica Iglesias.
Su rol natural es el de ‘cinco’, aunque ha demostrado saber convivir con interiores más verticales. Como complemento, se multiplica: abarca bien campo, no se complica en la salida y entiende cuándo hay que apretar y cuándo templar. En un Dépor que busca control desde la base y equilibrio en el doble pivote, puede convertirse en una pieza clave para acompañar a perfiles como Villares o José Ángel.
A Coruña le espera como un nuevo punto de partida. “Es un buen tipo, de esos que suman en el vestuario”, añaden desde Barcelona. Un jugador de cantera, de valores reconocibles, que necesita suerte y continuidad. En Riazor encontrará el entorno ideal para volver a disfrutar. Y si el físico le respeta, el Dépor puede haber fichado algo más que un simple refuerzo.
