De «Málaga hasta La Coruña», de sur a norte, de la Costa del Sol al noroeste Atlántico, el fútbol sirve de puente para dos aficiones que han saboreado la élite y que ahora empujan con la memoria como motor. Este sábado (18:30h, Riazor) RC Deportivo y Málaga CF vuelven a mirarse frente a frente en un escenario que huele a historia reciente, a noches grandes y a la necesidad de regresar al lugar del que nunca quisieron salir.
Más allá de la clasificación, el encuentro se tiñe de nostalgia competitiva. Porque hubo un tiempo —no tan lejano— en el que ambos caminaban entre gigantes, representando con orgullo a sus ciudades en los focos del fútbol español y europeo. Hoy, con la ilusión como compañera e intacta en la grada y en el césped, el balón vuelve a rodar cargado de simbolismo: no es solo un partido, es un pulso entre pasado y presente, entre lo que fueron y lo que están decididos a volver a ser.
Análisis táctico
El Málaga CF de Funes se articula sobre una idea de juego posicional orientada al control, donde el objetivo principal es dominar los partidos a través de la posesión y la estructura. Parte de un 4-2-3-1 que en fase de inicio se transforma en un 3-2-4-1, con un pivote que se incrusta entre centrales para facilitar la salida limpia y generar superioridades, mientras los laterales ganan altura y los interiores ocupan carriles intermedios. El equipo busca progresar mediante circulación paciente, atracción de presión y uso del tercer hombre, priorizando la seguridad en el pase y la correcta ocupación de espacios.
Defensivamente, se organiza en un 4-5-1 compacto en bloque medio, con líneas juntas y una presión más situacional que agresiva, enfocada en orientar al rival hacia zonas menos peligrosas en lugar de robar alto constantemente.
Este modelo le permite tener control territorial y estabilidad, pero también evidencia limitaciones en el último tercio. El Málaga llega con orden a campo rival, pero le cuesta traducir ese dominio en ocasiones claras debido a una menor verticalidad y a la falta de desequilibrio en espacios reducidos, especialmente ante bloques bajos. No es un equipo que explote las transiciones ofensivas, sino que prefiere atacar en estático, lo que ralentiza su capacidad de sorpresa. Además, aunque la estructura protege tras pérdida, puede sufrir si pierde el balón en zonas interiores con el equipo desplegado. En conjunto, es un proyecto coherente y reconocible, con una base táctica sólida y automatismos claros, pero aún en proceso de evolucionar hacia un mayor peso ofensivo y eficacia en área rival.
El once rival
Esta es la alineación probable que sacará el cuadro malacitano en su visita a Riazor: Alfonso Herrero, que ha jugado la totalidad de minutos en Liga, estará bajo palos. El regreso de Carlos Puga y Víctor García puede darles la titularidad en los laterales por delante de Rafita y Dani Sánchez, completarían una zaga que tiene a Diego Murillo y Javi Montero como centrales de garantía.
Izan Merino y Dani Lorenzo aportan calidad y juventud a la sala de máquinas albiceleste. No son, ni mucho menos, las únicas perlas de la fructífera cantera malaguista. Larrubia, jugador diferencial en los visitantes, lidera el ataque junto a Joaquín Muñoz, Rafa Rodríguez, sustituto del lesionado Carlos Dotor, y Chupe, pichichi del equipo con 16 tantos en su currículum.
Precedentes
Será la vigésimo segunda ocasión que el Málaga CF visite territorio herculino con un balance favorable para el cuadro local que ha ganado en catorce ocasiones por cinco empates y solo dos triunfos costasoleños (0-1, 2014/15 y 0-2, 2019/20). En el partido de la primera vuelta, en La Rosaleda, los de Antonio Hidalgo sufrieron la derrota más abultada en lo que va de curso (3-0).
El encargado de impartir justicia será el colegiado manchego Dámaso Arcediano Monescillo con Iván Caparrós en el VAR. Buenos números en sus partidos arbitrados al cuadro coruñés: dieciséis encuentros con siete victorias, siete empates y solo dos derrotas. En la pasada campaña pitó el Málaga 1-1 Dépor en tierras andaluzas, el primero de los tres empates consecutivos que acumula con los herculinos.