Me comentaba hace un tiempo Carlos Ballesta, hablando de las excesivas prisas que tienen algunos hinchas con subir a ciertos canteranos, un razonamiento básico en el que pocos reparan. Apuntaba que los chavales que llegan a un equipo B o Juvenil, habitualmente han ido superando cursos futbolísticos con la vitola de ser el mejor, o uno de los mejores, del equipo. Ahí radican inconmensurables goleadores, victorias con resultados de vértigo y campeonatos ganados con aplastante superioridad. Tres factores que dejan de producirse según los jugadores se hacen mayores y las categorías, equipos y fuerzas se igualan. Es ahí cuando esos potenciales futbolistas deben dar un paso adelante y, además de seguir mostrando sus indudables cualidades, tienen que ser capaces de luchar contra un intangible que para la mayoría es novedoso: la adversidad.
En el caso que nos ocupa hablamos de un futbolista que lleva tiempo siendo una de las grandes joyas de la cantera. Por momentos, la mejor y la más prometedora. Mella debutó en el primer equipo con 17 años y fue pieza clave en el ascenso del Dépor a Segunda hace dos campañas. Antes, había sido campeón de España juvenil. Con la selección ha sido internacional sub 15, sub 17, sub 18 y sub 19, siendo campeón de Europa en esta última categoría. Podría decirse que a David le ha ido todo rodado en los últimos años, ganándose merecidamente el reconocimiento allende del deportivismo, e incluso recibiendo suculentas ofertas de divisiones superiores. Todas rechazadas, si bien, ha multiplicado los dígitos de los ingresos en su cuenta bancaria con su último contrato blanquiazul.
Todo en la vida futbolística de David Mella había ido en progresiva escalada hasta ahora. O, mejor dicho, hasta la lesión que tuvo en la segunda vuelta de la pasada campaña. Lo cierto es que al extremo se le estaba empezando a hacer larga la competición… y los partidos. Mella comenzó a acusar el cansancio de, quizá, una excesiva carga de encuentros sobre sus jóvenes piernas.
Puede que esa lesión le haya hecho comenzar la pretemporada en inferioridad y con menor tono físico que sus compañeros. Lo que sí es palmario, es que la llegada de Luismi Cruz le ha ido relegando a un papel secundario, hasta tal punto de haberlo sentado en el banquillo en los primeros onces de Antonio Hidalgo. Pocos parecen discutir esa decisión por el momento, debido a las buenas sensaciones mostradas por el andaluz en pretemporada y en el inicio de la competición, especialmente en el choque ante el Granada.
En esa adversidad, Mella también ha tenido que empezar a convivir con la crítica. Un posible sobrepeso es objeto de debate en las tertulias de los hinchas blanquiazules. Si bien, fue el propio jugador el que ya apuntó en alguna ocasión sus problemas con la báscula. El extremo reconocía en marzo de 2024, en los micrófonos de RiazorTV, que estando con la Selección «en una convocatoria de dos amistosos me dijeron cosas que no me gustaron, pero que tenía que oír», añadiendo que «me he dado cuenta que en verano no me puedo descuidar tanto, cuando paro por alguna lesión no me puedo descuidar». Los años pasan, la exigencia es mayor y el desgaste se acumula, por lo que una nutrición adecuada y exigente es vital para cualquier jugador. Más aún para uno cuyas principales virtudes radican en la potencia y en la velocidad.
Debe ser Luismi Cruz el acicate perfecto para que Mella dé una nueva lección y se sobreponga a su nuevo e indeseado rol. A buen seguro la llamada de la Selección sub 20 aumentará su autoestima. Puede ser la aliada perfecta para que el atacante de Teo vuelva a despegar sus alas y haga méritos para recuperar un puesto en el once que nadie pensaría hace un año que podría perder. Pero no todo está ganado con 20 años y la gloria, en muchas ocasiones, puede ser cruelmente efímera. El camino apenas ha comenzado y a David le toca despejar las primeras sombras de su carrera, esas que cuando eres un niño rara vez aparecen.
