Hace unas semanas, navegando por las diferentes redes sociales, vi un debate muy interesante en el que se planteaba de cuál de los jugadores míticos del Dépor prescindirías.
Me di cuenta de que, aunque había gente que lo tenía claro, la inmensa mayoría se mostraba indecisa. No recuerdo bien cuáles eran en su totalidad, pero creo recordar que, entre ellos, estaban Bebeto, Naybet, Djalminha, o Valerón, entre otros. Y yo me encuentro entre esa inmensa mayoría, porque, aunque no participé en el debate (principalmente porque no fui capaz de decidirme), me quedé un rato pensando en los pros y los contras de cada posible respuesta. Si hubieran puesto a Mauro en la lista, tendría claro de cuál no podría prescindir jamás (Mauro Silva es mi ídolo futbolístico desde que tengo uso de razón. Es el dios al que le rezo), pero me cuesta mucho eliminar a cualquiera de los jugadores míticos que se proponían y eso me hizo pensar en si los tengo idealizados.
En parte, creo que sí. Me explico antes de que salgan los haters a especular: idealizarlos no les quita ni una pizca de calidad ni de gratitud a dichos jugadores, pero, en mi caso particular, a su talento profesional más que demostrado se le une una admiración propia de quienes tuvimos la suerte de vivir los años dorados.
Si a la Claudia de 7 años le preguntas por Bebeto, te contaría -y hoy también- que lo vio una tarde de verano en la Heladería Colón y le firmó un autógrafo, pero que su preferido era, en realidad, Manjarín. Y la Claudia adolescente era más de Makaay que de Tristán. Y, aun así, no podría descartar a nadie.
Sin embargo, dejando atrás la época de las noches gloriosas, sí hay jugadores que podría descartar. De ahí que no pueda evitar pensar que los buenos tiempos influyen a la hora de recordar a determinadas figuras.
No os preguntaré si queréis más a papá o a mamá, que es como me sentí al ver si descartaría a Djalminha o a Bebeto, por ejemplo, pero reconozco que, el mero hecho de sopesarlo, fue un ejercicio de lo más nostálgico.
Pd. Antes de descartar, es imprescindible animar. ¡Sigamos remando!
