Superado el ecuador de la pretemporada, poco a poco vamos conociendo más detalles de cómo se comportará el nuevo Dépor de Antonio Hidalgo. Todavía es demasiado pronto para extraer conclusiones, pero, como suele suceder en el periodo estival, los técnicos van dejando pistas del fútbol que quieren plasmar cuando arranque lo serio.
También es un momento clave para que el nuevo míster se vaya sincronizando con la grada blanquiazul. Esas primeras declaraciones, intenciones o guiños que hacen a uno entrar con buen pie en su nuevo hogar. Algo imprescindible en estas latitudes, a tenor de lo sencillo que es pulsar el ON de la guillotina del banco.
Entre esas palabras, donde no faltaron las habituales alabanzas a la cantera o a lo preciosa que se viste la ciudad en verano para recibir a sus (no) forasteros, destacó entre líneas una palabra: veneno. Antes de viajar a Inglaterra, el catalán disparó: «Sé que les tengo que inculcar mucho más veneno, que tenemos que competir mucho más y ser más aguerridos. Ahí es donde está nuestro punto de mejora y ellos poco a poco lo están entendiendo».
Hidalgo apenas ha necesitado tres semanas para detectar uno de los puntos débiles de la pasada campaña, marcada por las numerosas oportunidades perdidas para subirse al tren de la pelea por el playoff durante la segunda vuelta. Partidos donde volaron demasiados puntos ante rivales teóricamente asequibles como el Eldense, Cartagena o Tenerife. A veces por falta de fútbol, otras por esa ausencia de orgullo herido que distingue a los conjuntos que no se resignan y que compiten contra viento y marea. O, en otras palabras, los que al final de temporada van a seguir peleando por objetivos. Porque en esta interminable categoría no solo es útil la calidad.
El talento, afortunadamente, existe. Un año más el equipo tendrá varios peloteros de primer nivel en la categoría. La táctica también parece estar a buen recaudo con un hombre minucioso en sus labores, con una respaldada buena fama y que ya ha ido dejando su huella camaleónica en los primeros amigables. Falta coger un buen tono físico, por supuesto arreglar otros problemas endémicos como la falta de un nueve de garantías o tener un buen fondo de armario. Pero es buen síntoma que el nuevo jefe del vestuario ya haya delatado otro de los males a curar. En sus manos está inocular veneno a unos hombres que deben prolongar el hambre de la grada en cada metro del verde para pelear el camino de vuelta a la gloria.
