El Castellón – Deportivo pone fin esta tarde, esperemos que con broche de oro, a la andadura del equipo blanquiazul por la tercera categoría del fútbol profesional. Castalia será el escenario del último baile del cuadro herculino en Primera Federación, un largo viacrucis que ha durado casi cuatro años de penurias fuera del fútbol profesional.
Fue el 18 de octubre de 2020, todavía con el planeta tratando de levantarse de los efectos de una pandemia global, cuando el Dépor saltaba a un Riazor semivacío para arrancar su penitencia de bronce ante el Salamanca UDS. Desde entonces, un total de 142 partidos entre la extinta Segunda B y la Primera Federación creada para la 2021-22 con un balance de 75 victorias, 39 empates y 28 derrotas.
Ha habido fechas clave durante estas cuatro temporadas. Casi todas dolorosas hasta el pasado 12 de mayo cuando se logró el ansiado ascenso. Aquel enero de 2021 con el cambio en el banquillo entre Rubén de la Barrera y las derrotas ante Compostela y Coruxo que llegaron a comprometer la presencia blanquiazul en el tercer escalón del fútbol nacional, pero sobre todo las dos eliminaciones en playoff. La más reciente en el escenario de esta noche con el partido loco de Castalia, y el golpe más fuerte recibido en estos años: la final perdida contra el Albacete en Riazor.
Diego Villares, único superviviente
Durante esta etapa, el Deportivo ha sufrido una metamorfosis total. Tres presidentes han pasado por el sillón más alto de Riazor, hasta cinco entrenadores han dirigido al equipo desde el banquillo y un total de 91 futbolistas han intentado la difícil misión que sólo han podido lograr los actuales miembros de la plantilla.
La única constante ha sido el escudo, la entrega de la afición… y Diego Villares. El de Vilalba se ha hecho mayor desde su llegada en el mercado de invierno de 2021 y puede presumir de ser el único que ha jugado en las cuatro temporadas, convirtiéndose además en pieza clave y capitán del equipo en el regreso a LaLiga Hypermotion.
