No voy a hablar de si la decisión de Soto Grado en la acción de Cucho Hernández sobre Ximo Navarro fue justa o injusta. Quiero hacerlo de algo que a mi me parece más importante y también más grave, de respeto.
Primero, lo sucedido. En el tiempo añadido del Dépor-Betis del pasado domingo en Riazor, Cucho intenta ganar un balón dividido, levanta la pierna hacia atrás y sus tacos impactan directamente contra la cabeza de Ximo Navarro. En un primer momento, Soto Grado no sanciona la acción. Desde la sala VOR, José Antonio López Toca, le recomienda revisarla: «César, te recomiendo una revisión para que valores un juego brusco grave». Y después: «Observamos un balón dividido. El jugador levanta la pierna e impacta con la plancha en la cabeza del rival».< Según dicta la norma, desde la sala VOR lo que hacen es describir la acción. Lo hacen de forma neutra, clínica y sin adjetivos. Justo para lo que vamos a comentar, es necesario releer lo que indican descriptivamente de la acción entre Cucho y Ximo.
Soto Grado, ya en el monitor: «Dámela en amplio que quiero ver cómo llega ese jugador ahí. Ahora pónmela de cortos. Deja ver si toca la pelota el Cucho. Para mí, toca el balón y ese jugador mete la cabeza ahí. Voy a pitar la falta y se acabó». Señaló falta y no mostró tarjeta.
Repito, no me voy a meter en la decisión. Quiero creer -si no lo hiciera, perdería el poco juicio que me queda después de tanto tiempo por la hypertensiones- que hay gente mucho más preparada que yo tanto en la sala VOR como en el terreno de juego. De hecho, el propio Iturralde González explicó en Carrusel Deportivo que no es roja ya que Ximo «invade el espacio.» Algo en lo que concuerda Archivo VAR, que señala que sería amarilla por temeridad. Para Antonio Hidalgo sí sería «roja clarísima», pero dejó clara la dificultad del colegiado que tiene que «tomar decisiones muy rápido, en muy poco tiempo».
Pero no es eso lo que quiero resaltar. En la frase de Soto Grado hay dos futbolistas. Uno es «el Cucho» y otro es «ese jugador». En ningún momento evita los nombres por protocolo, nombra a uno. Con apodo, con familiaridad, casi con afecto profesional. Para el otro, un simple demostrativo, como si fuera un mero objeto en el plano.
Además no describe, prácticamente imputa. «Ese jugador mete la cabeza ahí». Coloca al sujeto de la acción en el lado equivocado. El que levanta la pierna está jugando al balón. El que recibe los tacos en el cráneo se la ha metido él. En seis palabras, quien pone la cabeza en una acción de juego pasa a ser el responsable de que se la pisen.< Podemos argumentar que el árbitro está pensando en voz alta delante del monitor para tomar la mejor decisión, no está redactando un comunicado. Que decide en segundos y que los audios se emiten precisamente porque el estamento arbitral ha apostado por la transparencia, que es un gesto que hay que reconocer y que le honra. Todo eso es cierto. Pero esa transparencia sirve justamente para esto: para saber con qué modelo mental se juzgó la jugada. Y el modelo mental que asoma en esa frase es que uno de los dos futbolistas del lance tenía nombre y el otro estorbaba.
Casualmente, «ese jugador» llevaba el brazalete. Ximo Navarro es uno de los seis capitanes del Deportivo y el domingo lo fue sobre el césped durante muchos minutos. Justo la figura a la que el reglamento reserva el derecho de dirigirse al colegiado, porque se entendió que ese canal debía existir y debía ser respetuoso en las dos direcciones.
A sus 36 años, «ese jugador» acumula una carrera larga en el fútbol profesional. Pero eso es lo de menos, porque el argumento no depende de su currículum. Cualquiera que vista el escudo de un club merece el mismo respeto que el estamento arbitral lleva años reclamando, con toda la razón del mundo, para los suyos.
