El Deportivo cayó derrotado en el segundo de sus tres partidos en apenas ocho días. Es el primer tropiezo de la temporada, aunque llegó por la mínima y ante un equipo que ha arrancado muy bien el campeonato como es el Sevilla de Luis García Plaza. Con hasta cinco rotaciones en el once inicial, el conjunto blanquiazul vio cómo Miguel Sierra adelantaba a los andaluces y Angeliño acababa expulsado poco después. El extécnico del Dépor ABANCA Manu Sánchez analiza las claves del partido.
1. Rotaciones
Había dos formas de afrontar un partido como el de ayer en una semana de tres partidos. El Sevilla, con dos días más de descanso que los deportivistas, optó por la continuidad de su esquema y jugadores. A excepción de Guridi, los mismos que le ganaron al Valencia el pasado viernes. Por su parte, Hidalgo optó por refrescar el equipo con hasta cinco modificaciones en el once con respecto a los que jugaron en el Coliseum.
A tenor del resultado y rendimiento de alguno de ellos, sería ventajista criticar esa decisión. En principio, parece lógico dosificar a un jugador con el historial lesivo de Ximo. Noubi necesitaba más limpiar la mente que reposo real. Quagliata va a ser muy necesario todo el año y, aunque el italiano parezca que puede con todo, es importante tenerlo en las mejores condiciones. Casadó es un recién llegado que no estaba entrenando al 100% y Soriano todavía no está en el punto de forma que asombró a todos la temporada pasada.
El domingo, la segunda parte del exigente examen antes del parón. Veremos entonces el porqué de algunas decisiones y si fueron acertadas o no.
2. Propositivo
Antonio cambió el dibujo a su paso por la caseta. Sacrificó a uno de los mejores futbolistas de la primera parte (Bil) para darle amplitud al juego de ataque del Dépor y situar a Luismi en una posición más incómoda e indetectable para Fofana y Agoumé. El cambio pareció funcionar, ya que el Dépor encontró al del Puerto de Santa María entre líneas en la primera jugada de ataque. Pero igualmente abrió el camino a las transiciones andaluzas y, en un error de Giménez, el Sevilla se adelantó en el marcador. Hidalgo volvió a reaccionar, esta vez fortaleciendo el centro del campo con Soriano y buscando mayor movilidad en zona de tres cuartos, pero la expulsión de Angeliño desbarató el plan táctico.
El Deportivo terminó por jugar con tres atrás para intentar empatar el encuentro con más corazón que cabeza, pero esa renuncia a un futbolista defensivo no vino acompañada de un posicionamiento más adelantado y el resultado fue que el Sevilla encontró más espacios para intentar cerrar el marcador y vivir un plácido final de partido.
3. El regreso de Yeremay
El canario está de vuelta. Ni mucho menos está al 100 %, pero su sola presencia en el once ilusiona a la parroquia y genera incertidumbre en los rivales. Luis García reconoció en rueda de prensa que sopesaban la titularidad del 10 y preparó un sistema de ayudas y vigilancias para intentar evitar las situaciones de uno contra uno en las que Yeremay siempre hace daño. Se asoció con Bil y Auba con acierto. Dejó algún destello para la galería y generó una de las mejores llegadas sobre área rival. Incluso se esforzó en defensa, recuperando algún balón tras la pérdida.
Confianza ciega en Yeremay. Maravilló a Riazor y Europa por igual. Volverá a ser el de antes y tendremos otra vez a nuestra estrella brillando sobre el verde.
4. La fortaleza del rival
No puede pasar desapercibida una carencia física que demuestra nuestra plantilla para partidos como el de ayer. Somos muchos los que contábamos con el que nunca falla para las rotaciones. Y máxime advirtiendo «las bestias» que teníamos enfrente. Villares es quizás la opción de trabajo y sacrificio más pura que tenemos en el plantel y su presencia ayer se antojaba capital. El Dépor saltó al campo con una diferencia clara en centímetros y músculo. Si logras llevar el partido al terreno técnico-táctico, esta diferencia disminuye, pero para ello necesitas la posesión y el control del juego. El Sevilla demostró el porqué de su actual clasificación. Líneas muy juntas, espacios reducidos y el compromiso inquebrantable del sacrificio sin balón de los once sobre el campo. Cuando el cuadrilátero se hace más pequeño y tu rival te saca dos cabezas, es muy difícil escapar de los golpes.
5. El ambiente
Juntar a casi 29.000 personas a golpe de miércoles no es fácil. Riazor demuestra cada jornada las ganas que tenía de volver a la élite. Y el ánimo final a los futbolistas y cuerpo técnico también evidencia que la afición está curada en espantos y más que preparada para asumir los varapalos que, sin duda, nos dará la Primera División.
Mención aparte merece la afición sevillista. Máximo respeto por el rival y animando desde el minuto uno a los suyos en perfecta convivencia con la afición coruñesa. El bufandeo durante la emisión del himno deportivista es un gesto de la grandeza de esa afición. Ojalá todos los partidos se pudieran vivir de la misma forma, en casa y fuera de ella.
El domingo, una nueva oportunidad para disfrutar de los nuestros. ¡Que ruede!
