Del barro a la élite

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Todo está listo y preparado para que este domingo Riazor se vista de gala para vibrar y disfrutar de un partido que contiene todos los ingredientes necesarios para catalogarlo como un gran duelo.

El Sporting de Gijón llega a Riazor en medio de un clima eufórico y con la intención de regresar a la máxima categoría. El gran culpable de ese estado de excitación tiene nombre y apellido: José Ramón Sandoval. El técnico madrileño es sinónimo de éxito y así lo ha sido durante toda su carrera. Una mirada a su currículum demuestra que la palabra éxito va ligada a la trayectoria del entrenador de Humanes.

Hablar de Sandoval es hablar de pasión y dedicación. En Sandoval nadie va a encontrar a un entrenador pulcro y detallista, pero sus carencias técnicas son suplidas por el carácter y la motivación que imprime a sus jugadores. “Si Sandoval cree en ti, vas a ir hacia arriba”, me reconocía un jugador del Rayo Vallecano hace algunos años cuando trabajaba en la capital.

El de Humanes empezó en el fútbol modesto, donde triunfó con diferentes equipos como el Parla, el Atlético Pinto o el Rayo Vallecano B. Su salto a la élite solo se explica a través de los buenos resultados y de mucho trabajo.

Durante mi etapa en Madrid tuve la suerte de conocer a fondo a José Ramón Sandoval, con sus defectos y con sus virtudes. Y lo único que digo es que quien no lo conozca, puede hacerse una idea equivocada de él. En alguna ocasión se ha podido ver como las formas han podido traicionar a una persona vehemente que va a muerte con sus ideas. Pero no me cabe duda de que es un caballero de los pies a la cabeza.

Todavía guardo el mensaje que me envió después de su tercer entrenamiento con el Sporting de Gijón. “Qué bien se vive en el Norte, Alfonso. Si me dan un papel hoy mismo firmo diez años por este equipo”, me dijo. Ese, y solo ese, es José Ramón Sandoval.

Aún recuerdo también cómo fue capaz de motivar a Lass Bangoura en su primera visita al Santiago Bernabéu. En el segundo entrenamiento de la semana, el entrenador se reunió con Lass y le aseguró que no iba a jugar en el Bernabéu porque no lo veía concentrado. Lass se pasó toda la semana enrabietado, visitando su despacho y preguntándole qué debía hacer para cumplir su sueño de jugar en el estadio madridista. Sandoval tenía claro que iba a jugar, y que además iba a ser titular, pero quería motivarlo. Sin duda era una técnica de motivación para mimar a un diamante en bruto que él se encargó de pulir. Lass acabó saliendo de inicio y cuajando un gran partido.

En Gijón, el técnico ha encontrado una institución con la que se entiende a la perfección. Una plantilla que mezcla juventud y veteranía, una afición volcada con su equipo y una categoría que conoce bien. En Segunda División, obró el milagro de ascender a un Rayo que vivía una situación extradeportiva límite.

Su nombre es José Ramón Sandoval, y en más de una ocasión este humilde periodista que os escribe ha pensado que su figura encajaría perfectamente en Riazor. ¿Será solo una imaginación mía?

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