El Toralín: un experimento fallido del que el Dépor saca conclusiones

El Dépor perdió 2-0 en El Toralín ante la Ponfe. Pero el experimento fallido del 3-3-3-1 le permite sacar muchas conclusiones para crecer.
17 agosto 2023 - 20:30

Con la victoria se crece y de la derrota se aprende. Y más, si ese momento es en pretemporada. El Deportivo de La Coruña flaqueó en su primer «examen real» (como lo definió el propio club) del verano. El conjunto deportivista estuvo muy lejos de mostrar un buen nivel ante la Ponferradina (2-0).

En el duelo amistoso ante un teórico rival directo por el ascenso, Imanol Idiakez decidió esconder unas cartas que había marcado de manera evidente en las primeras pruebas del verano y probar qué tal le iba con otra mano. El experimento fue fallido, pero enseñó muchos caminos que el actual Dépor debe evitar. O, al menos, que debe volver a tomar con mejoras.

Una ‘invento’ para olvidar

Como decimos, Idiakez dejó evidencias durante los primeros partidos de hacia dónde iba a caminar su Dépor en estas primeras semanas. La confección de la plantilla y lo expuesto en el campo dejaban muy claro que la estructura 4-2-3-1 en ataque era la predilecta. Pero el período estival está para experimentar. Y si ante el Compostela el técnico vasco optó por variar levemente pasando al 4-3-3, en El Toralín la revolución fue mucho más amplia.

El Dépor se plantó en Ponferrada con una alineación conformada por tres defensas, tres centrocampistas y cuatro delanteros. A priori, era difícil acertar el reparto de espacios. De hecho, todo lo que no fuese ver cómo Villares regresaba a su aborrecido lateral derecho iba a ser una sorpresa. Y la sorpresa llegó. Porque el cuadro ‘canarinho’ se estructuró en un 3-3-3-1 que solo parece encajar de manera racional con los perfiles de los defensas del equipo.

¿Por qué? Porque Ximo Navarro y Balenziaga ejercieron de zagueros exteriores, unas posiciones a las que se adecúan sus características en estos momentos de sus carreras. Contra este evidente lógica, muchas otras irracionalidades que, de no haberse expuesto en el verde, quizá no se hubiesen detectado con tanta claridad. Desde la ausencia de laterales profundos a la composición y reparto de roles del centro del campo, pasando por la presencia de Lucas como único conector, hasta el rol de Davo como extremo derecho puro.

Todas estas fueron cuestiones más concretas que incidieron en un ‘todo’ evidente: el 3-3-3-1 del Deportivo hizo aguas. Incapaz de construir en posicional ni por dentro ni por fuera, esas dificultades en su fase ofensiva le llevaron a atacar mal. Y, por ende, a defender peor. Porque el equipo fue un drama en transición defensiva, carente de equilibrio y desprotegido en los carriles exteriores. Un resumen global que deja el resultado en invento fallido. Por lo novedoso y por lo poco adecuado que parece para optimizar la mayoría de las piezas de la actual plantilla deportivista.

Tres defensas… desprotegidos

Ximo Navarro-Pablo Vázquez-Balenziaga. No suena mal la relación para conformar una zaga de tres centrales. Básicamente -y siempre con la prudencia de encontrarnos en período de preparación- porque, por el momento, el vasco apenas ha mostrado su capacidad para recorrer la banda. Esas dificultades para sumar en ataque, unidas a sus evidentes buenos conceptos defensivos, hacen atisbar en él un posible buen central zurdo en línea de tres. Un rol que, de hecho, es el que también parece adecuado para el actual Ximo Navarro, que ya el pasado curso jugó en el eje de la zaga en su paso aventura en la Eredivisie.

El problema ante la Ponfe no fue, seguramente, esa línea de tres. Sino lo desprotegidos que estuvieron esos tres centrales. Porque suele ser muy habitual que a esa última línea le acompañen los refuerzos de jugadores de banda capaces de repetir esfuerzos para sumar arriba, pero también abajo. Sin embargo, en Ponferrada el Dépor apostó por colocar a Davo y Mella de extremos puros, en un rol que poco tenía que ver con el del habitual carrilero. Tampoco el asturiano ni el coruñés son futbolistas adecuados para recorrer la banda a lo largo, claro.

Pero la decisión provocó que el Deportivo tuviese muchas dificultades para defender a lo ancho. La Ponferradina fue capaz de encontrar la profundidad por fuera. Y el cuadro herculino vio cómo esa defensa de tres con el apoyo de los tres medios por delante, fue insuficiente. Básicamente, el equipo tampoco fue capaz de ajustar en defensa posicional. Y atacó tan mal que eso le penalizó acumulando pérdidas y corriendo hacia atrás. Desprotegido.

Mediocampo sin escalones

En primer lugar, resultó sorprendente que Idiakez probase con un mediocampo de tres por una simple cuestión de número. Porque a día de hoy, el Dépor cuenta precisamente con tres centrocampistas del primer equipo. Nada más. El hecho de que una de las prioridades del mercado sea incorporar un cuarto o la posible aportación de Brais Val o Jairo Noriega desde el filial no parecen tampoco argumentos suficientes como para trabajar de manera evidente hacia la construcción de un equipo con tres centrocampistas. Aunque, evidentemente, debe ser una de las alternativas.

Sin embargo, más allá detalle numérico, lo cierto es que el centro del campo Villares-José Ángel-Isi estuvo lejos de funcionar. Seguramente no por ellos tres en sí, pues es cierto que tienen perfiles que pueden ser complementarios. El gran problema quizá estuvo en todo lo que les rodeó -o más bien no les rodeó- y lo que se vieron obligados a hacer.

Porque más allá de cuestiones defensivas, con pelota el trío de medios fue incapaz de dotar de fluidez al Dépor. Quizá esas dificultades a la hora de construir se debieron a que, ante la ausencia de laterales, los propios Isi y Villares tuvieron que caer mucho a las bandas para buscar salida por fuera. Eso provocó que el Dépor se estructurase con una primera línea de tres defensas y una segunda de tres medios, muy en paralelo. Es decir, a la misma altura, sin escalonamientos. Demasiado lejos unos de otros, sin posibilidad de juntarse ni de aparecer como solución de pase para un compañero.

Así, con este centro del campo tan horizontal -en cuanto a posicionamiento- y abierto, el equipo careció de juego interior y la progresión por fuera hacia el extremo o el balón largo a Barbero fueron soluciones demasiado evidentes.

Lucas, un mediapunta que no es tal

Lucas Pérez es un futbolista diferencial en Primera Federación. El de Monelos puede ser delantero, segundo punta, mediapunta, falso extremo… vale para todo y en todos los roles puede cumplir.

Sin embargo, y a pesar de su evidente querencia a participar en la construcción, Lucas resulta especialmente dañino cuando aparece en zona de finalización. Bien sea por su habilidad para elegir el tipo y el momento del desmarque y su capacidad condicional. Bien sea por su interpretación de lo que pide la jugada en los últimos metros. Bien sea por su precisión y veneno en los golpeos.

Por lo tanto, en un Dépor incapaz de progresar desde atrás, el Lucas mediapunta no parece la mejor solución desde la que obtener un salto cualitativo en el juego interior. Sobre todo, en comparación con el ya exdeportivista Mario Soriano. Porque aunque Pérez reconoce maneja cualidades de un futbolista de Primera División, su aportación crece notablemente cuando juega de cara a la portería rival. O, al menos, con más espacios y facilidades para recibir y compañeros a su alrededor para asociarse.

De este modo, en un contexto de un Deportivo incapaz de progresar, resulta difícil ver a Lucas como la solución a todos esos males. Porque es un futbolista capaz de contribuir en juego interior. Pero quizá no tanto de ‘ser’ el juego interior. Porque el ‘7’, no lo olvidemos, es y será siempre más delantero que centrocampista.

Davo, el extremo derecho incómodo

En El Toralín, Imanol Idiakez apostó por jugar con dos extremos muy pegados a banda, encargados de partir desde muy arriba. Sin embargo, el Dépor tiene a día 17 de agosto un evidente problema: si quiere jugar con futbolistas puros de banda, carece de ellos en el carril derecho.

Davo es, hasta ahora, el futbolista que más ha ejercido de extremo derecho. Pero Idiakez ha probado ahí a Tim Caroutas, Yeremay, Mella, Kevin Sánchez, Narro -ya no está- y en Ponferrada, a Kuki. El hispano-uruguayo podría encontrar un hueco ahí como falso extremo derecho, un rol que ya ocupó con buen nivel el pasado curso durante las ausencias de Quiles. Sin embargo, da la sensación de que el nuevo Dépor se encamina hacia futbolistas más verticales por fuera, capaces de dar vértigo al juego desde su profundidad. Algo que Zalazar no es.

No lo es Kuki, pero tampoco a Davo se le ve del todo cómodo. Dentro de que puede actuar en todas las posiciones de ataque, recluir al asturiano al costado derecho parece infrautilizarlo. Sacarle poco jugo. Porque las mejores virtudes del ex del Ibiza pasan por realizar desmarques cortos, atacar o el espacio o conducir hacia dentro para encontrar el disparo con la derecha.

En definitiva, en el carril diestro Davo apunta a ser solución para aparecer en situaciones de remate si el equipo progresa desde otros sectores -el gol al Bragantino es un buen ejemplo-, pero no tanto un generador. Es decir, más el fin que un medio desde el que generar esas ocasiones.

Sin laterales

Antes del ecuador de la segunda mitad, Idiakez corrigió y recuperó una estructura más coherente a costa de mandar a Villares al lateral. Pero a día de hoy, por esa poca densidad de centrocampistas en el plantel y la ausencia total de un futbolista de sus características de ida y vuelta, parece una temeridad pensar en el vilalbés en esa posición.

También en Jaime Sánchez, que ocupó esa posición en el último tramo de partido. Con Ximo por el momento ocupando minutos como central resultan evidentes dos cuestiones. La primera, que el Dépor tiene superpoblación en el eje de la zaga. La segunda, que faltan laterales. Sin Paris Adot por lesión, con Balenziaga todavía lejos de su forma y con las dudas que ofrece Retu, una línea defensiva que parecía cerrada ofrece todavía muchas dudas.

Tampoco han dado un evidente paso adelante Álvaro Santamaría o Marc Lachevre, los fabrilistas a los que Idiakez ha dado minutos en ese puesto de lateral derecho. Lógico, si tenemos que el primero acaba de llegar al club y será su primer año sénior y el segundo cuenta con un año de experiencia en Tercera.

Los procesos están para algo y, por muchas urgencias que existan, el rendimiento inmediato a los más jóvenes no es algo exigible. Aunque el Dépor tenga que seguir construyendo y mirando al mercado para acercarse a él tras el experimento fallido. Lo hará, al menos con las muchas conclusiones que pudo sacar del tropiezo en Ponferrada. Porque de la derrota, y más en verano, siempre se aprende más que de la victoria.

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