José Luis Martí está de vuelta en el Real Mallorca, donde tantas veces disfrutó como futbolista y ahora podrá hacerlo como entrenador. Sin embargo, no se pondrá a los mandos del primer equipo, sino del filial, que competirá en Segunda Federación el próximo curso. Así las cosas, el mallorquín sustituye a Gustavo Siviero, que logró el ascenso de categoría, pero no ha gozado de la confianza de la dirección deportiva.
La última experiencia de Martí había sido en el Ibiza, aunque no llegó a completar la temporada después de ser destituido en la jornada 12 del campeonato liguero a comienzos del mes de noviembre. Antes había pasado por el Sporting de Gijón, el Leganés y el Girona, aunque ninguna de esas experiencias salió como le hubiese gustado. Sin embargo, espera poder aportar al banquillo bermellón un bagaje de muchos años en el club, donde jugó 221 partidos.
Su carrera en los banquillos ha estado marcada por su inestabilidad en los banquillo. En todos menos en el del Tenerife, donde estuvo entre 2015 y 2018, aunque también acabaría siendo despedido tras una mala racha de resultados.
Una etapa blanquiazul con final agrio
Martí llegó a Riazor mediado el curso 2018-19 con la misión de devolver al Deportivo al buen camino que había abandonado en las semanas previas con Natxo González. Consiguió enderezar el rumbo y meter al equipo en el playoff, eliminando en las semifinales al Málaga y cruzándose precisamente con ‘su’ Mallorca en la final. En la ida el Dépor venció por dos goles a cero, dejando muy decantada la eliminatoria, pero los baleares lograron darle la vuelta en Son Moix y el billete a Primera. Un duro golpe en la noche de San Juan que todavía es recordado a día de hoy en A Coruña.
