Foto: Fernando Fernández

La pizarra del Oviedo 1-2 Deportivo: Vuela como una mariposa, pica como una abeja

4 marzo 2025 - 22:30

Volando como una mariposa, estética pero inofensiva, hasta encontrar la forma de mutar y picar como si de una abeja se tratase. El Dépor dio un nuevo golpe en la mesa al imponerse a otro equipo de la zona alta de la clasificación. Después de ganar al Almería y merecer el triunfo contra el Huesca, el cuadro deportivista logró un Oviedo 1-2 Deportivo que vuelve a realzar el gran momento que vive el colectivo blanquiazul.

Bailar y picar en ataque, pero morder en defensa. Porque de nada vale hipnotizar hasta encontrar el punto débil a tu rival si le permites que este golpee primero. No fue así porque el Dépor de Gilsanz ha encontrado el equilibrio entre su presión tras pérdida, sus acosos agresivos y su paciencia para esperar cuando toca.

Las cuatro esquinas para rebajar la ebullición

Saltó el Oviedo al partido con una elevada presión que puso en ebullición al Tartiere desde bien pronto. El conjunto dirigido por Javi Calleja controló el partido en los primeros minutos gracias al posicionamiento y al trabajo de su bloque defensivo, capaz de cortocircuitar el juego de un Deportivo que no lograba progresar.

Sufría el conjunto herculino, que solo podía sacudirse la presión a base de unos balones largos en los que le costaba ser dominante. Porque el Real Oviedo planteó un inicio en el que no solo fue a buscar a pares al Dépor, sino que sobrecargó de manera evidente el sector zurdo del equipo visitante para evitar que Barcia conectase con Mario Soriano y Yeremay.

Así, los tres centrocampistas del conjunto carbayón se encargaban de perseguir a los tres del Dépor, con Sibo encargándose de Soriano, Colombatto de Villares y Seoane de un Jurado que, de inicio, partía a la misma altura que su compañero del doble pivote y no como tercer central. Mientras, el lateral Nacho Vidal era el encargado de ‘saltar’ muy arriba para emparejarse con Obrador y, así, permitir que el extremo Haissen Hassan jugase más dentro.

La función del egipcio variaba entre presionar a Barcia o, en el caso de que fuese Alemao el encargado de hacerlo (a costa de liberar Pablo Vázquez), situarse en el carril intermedio, sin marca pero pendiente de tapar la línea de pase habitual del Dépor con Soriano o un Yeremay que era perseguido por el central David Costas. No había hombre libre ni respiro.

De este modo, el Deportivo tenía difícil salida. Pero poco a poco, a base de algún balón largo o de ganar algún duelo, fue pudiendo ganar metros. Y con cada progresión, empezó a meterle cloroformo al partido. Jurado, Villares, Mario y Yeremay comenzaron a mezclar por dentro, con un Mella que aparecía y desaparecía también en posiciones interiores. Ser móviles para ocupar los espacios y juntar pases. Tener el balón sin prisa. Con poca profundidad y la intención de acelerar solo cuando la pelota acababa en uno de los dos carriles exteriores.

Así, jugando a las cuatro esquinas, el Deportivo logró rebajar la ebullición inicial del Oviedo y provocó que su rival empezase a correr detrás del balón. Volando como una mariposa. Sin hacerle sufrir pero, a la vez, empezando a minar su moral y la de un Carlos Tartiere cada vez más impaciente… y más con el 0-1. Porque el Dépor encontró el juego antes del gol, sí. Estaba cómodo el conjunto de Gilsanz. Pero no es menos cierto que encontró el gol antes que las ocasiones. En un balón parado bien ideado, Soriano se inventó un golpeo extraordinario para hacer óptima la pizarra y colocar a su equipo en ventaja.

Hacia delante… y hacia atrás

El Dépor fue capaz de tener pausa con balón con 0-0, con 0-1 y con 1-1. Y gracias a esa capacidad para juntarse sufrió muy poco durante el partido. Porque disponer de la pelota le ayudó no solo a provocar que el Oviedo se fuese hundiendo, sino a estar bien preparado para recuperarla una vez la perdía.

De este modo, la presión tras pérdida del conjunto deportivista volvió a ser muy buena. Tanto que el cuadro oviedista casi no pudo correr. Clave para ello fue su buen posicionamiento, que le ayudaba a disponer de mucha densidad de futbolistas en la zona de la pérdida. Pero nada hubiese valido de no venir acompañado por una activación óptima, con los futbolistas  más próximos agresivos con el poseedor y cerrando todas las líneas de pase a los cercanos.

Así, el Dépor volvió a no tener miedo de ir a presionar hacia delante porque se sabía en disposición de recuperar, ensuciar o interrumpir los primeros segundos de posesión del rival gracias a sus buenas distancias. Pero también tuvo confianza para lanzarse arriba en los reinicios del rival, con Jurado y Villares yendo altos si era preciso para emparejarse con los centrocampistas rivales y el trabajo de Mella para ejercer prácticamente como tercer mediocentro, basculando si la jugada discurría por el lado opuesto al de él.

Y si no era Mella, el encargado de ‘saltar’ a Seoane, el centrocampista más cercano a Alemao, era el central libre. Un defensor que casi siempre fue Pablo Vázquez, poderosísimo en los duelos como Dani Barcia y súper concentrado para ‘saltar’ de línea y evitar que el rival se girase.

Clave fue también la labor de Yeremay, encargado de controlar a un Nacho Vidal que desde el lateral derecho es uno de los futbolistas que ha cambiado la cara del Oviedo para bien en este inicio del 2025. El binomio del ex de Osasuna con Hassan, repartiéndose alturas y pasillos en el carril exterior derecho es una de las grandes armas del equipo de Calleja.

De hecho, fue en una arrancada de Hassan por dentro, con Obrador y Yere pendientes de Vidal y Jurado y Villares muy alejados cómo el cuadro local provocó el córner del gol de Ilyas. Sin embargo, más allá de esta circunstancia y de alguna que otra carrera del extremo egipicio, el Deportivo logró controlar los mecanismos ofensivos de un rival al que quizá le faltó algo de juego interior por las distancias que el Dépor provocaba entre sus líneas, pero que fue amenazante a la espalda. Apenas nada surtió efecto porque el conjunto de Gilsanz tuvo coordinación, capacidad correctora, fortaleza en las disputas y cohesión para no conceder segundas jugadas. Dejar al colíder en tan solo 6 remates en su casa es un dato que lo dice todo.

La expansión como amenaza

El Deportivo apenas fue capaz de generar situaciones de gol desde su juego posicional. Pero ese juego posicional le ayudó a defender mejor. Y su buena defensa en todas las zonas le permitió encontrar situaciones de contragolpe, potenciadas a través de su capacidad para expandirse casi desde cualquier altura del terreno de juego.

Así llegó la ocasión de Soriano para poner el 1-2 antes del descanso y la situación de gol de Yeremay Hernández en la transición construida por Mario y Mella. Ambas fueron las dos opciones de gol más claras de todo el partido para un Dépor que generó más goles esperados (xG) al Oviedo en un partido que la suma de los tres rivales anteriores que habían pasado por el Tartiere (Castellón, Eldense y Albacete). Aunque clave para alcanzar esa buena cifra de 1,4 xG -siempre según Wyscout– fue la jugada final, con el doble remate de Ximo Navarro.

Toda la profundidad que le faltó al equipo en sus ataques más pausados llegó en situaciones con espacios por delante, en las que el Deportivo volvió a demostrar que es un equipo poderoso. De hecho, incluso ha sumado más amenaza a su ya de por sí peligrosa segunda línea y a sus potentes laterales con la incorporación de un Zaka Eddachouri cuyos desmarques de ruptura ofrecen soluciones a sus compañeros o fabrican pases hacia otros, como sucedió en el contragolpe que Yeremay no logró aprovechar.

Finalmente, la activación, el físico y la ambición de Ximo, capaz de detectar la posible situación de peligro cuando Diego Gómez pugnaba por hacerse con el balón y apoyarse en Hugo Rama, le dio al Deportivo tres puntos tremendos. Tres puntos con los que demostró que, cuando puede, también es capaz de picar como una abeja.

 

El análisis del Oviedo 1-2 Deportivo en Riazor TV

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