Richard Barral, tres años de luces y sombras

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En clave deportivista el 2018 arrancó con el anuncio en la tarde de ayer del acuerdo por el que Richard Barral deja de ser el director deportivo del club herculino. De esta forma se pone punto y final a algo más de tres temporadas en las que el coruñés ha sido el máximo responsable de la secretaría técnica y la persona encargada del diseño de la plantilla. Una época que toca a su fin dejando tras de sí algunos grandes aciertos, pero también sonoros fracasos que han impedido el despegue definitivo del proyecto deportivo de la entidad blanquiazul.

Richard Barral tomó las riendas de la parcela deportiva del club en junio de 2014 con el firme propósito de configurar una plantilla de garantías con la que afrontar el regreso del Deportivo a la Primera División. El primer período de fichajes una vez superado el proceso concursal no se presumía nada fácil, y todo se complicó aún más a raíz de la fulminante destitución de Fernando Vázquez, el principal artífice del ascenso de categoría. Víctor Fernández fue el elegido para sustituir al de Castrofeito, dando así comienzo al que se convertiría en el gran talón de aquiles de Richard Barral, la inestabilidad en el banquillo del primer equipo deportivista.

Roberto Canella, Lucas Pérez, José Rodríguez, Luis Fariña e Iván Cavaleiro fueron las primeras operaciones llevadas a cabo por Barral para un proyecto en el que Isaac Cuenca y Haris Medunjanin estaban llamados a ejercer de líderes. Las grandes limitaciones económicas y los fichajes frustrados de jugadores como Bojan, Zuculini o Mitroglou condicionaron sobremanera los movimientos de la secretaría técnica herculina ese verano, hasta el punto de firmar a tres futbolistas como Juanfran, Hélder Postiga y Sidnei a pocas horas del cierre de mercado, a los que se sumaría poco después Modibo Diakité. En total once caras nuevas para un equipo que no terminaría de carburar y que vivió una nueva oleada de incorporaciones meses más tarde. Así fue como durante el mercado invernal aterrizaron en tierras coruñesas Celso Borges, Oriol Riera, Hélder Costa y Borja López, además de ser también anunciada la contratación de Saúl García.

La agónica salvación lograda ante el Barcelona en el Camp Nou, ya con Víctor Sánchez del Amo en el banquillo, fue el pistoletazo de salida a la planificación de la temporada 2015-2016 y a otra ventana de fichajes muy movida en las oficinas de Plaza de Pontevedra. Barral dio la sensación de haber tomado nota de lo acontecido un año antes y llevó a cabo una profunda reestructuración del plantel pero sin las prisas de última hora. Así fue como Fernando Navarro, Arribas, Mosquera, Fayçal Fajr, Jonathan Rodríguez, Manu Fernández, Cani, Jonás Gutiérrez, Fede Cartabia y Luis Alberto se convirtieron en nuevos futbolistas del Deportivo, todos ellos en propiedad salvo los dos últimos. La prolongación de las cesiones de hombres importantes como Sidnei y Juanfran dieron el toque necesario de continuidad al plantel, pero sin lugar a dudas, el movimiento más importante, tanto en lo deportivo como en lo económico, fue el fichaje de Lucas Pérez. El coruñés ejerció de líder de un equipo que maravilló en la primera vuelta y que tuvo en Stipe Pletikosa a su único refuerzo invernal, pero que se diluyó por completo en la segunda e incluso acabó sufriendo para certificar la permanencia.

La temporada 2016-2017 dio inicio con un nuevo cambio en el banquillo, que pasó a ser ocupado por Gaizka Garitano. El del técnico vasco fue el primero de los múltiples movimientos llevados a cabo por Richard Barral durante un verano que resultó ser de los más ajetreados en los últimos tiempos. Los fichajes de Emre Çolak, Bruno Gama, Borja Valle, Tyton, Rubén, Albentosa y Florin Andone, unidos a las cesiones de Carles Gil, Guilherme y Marlos Moreno dejaban casi cerrada la plantilla, aunque todo se complicó en los últimos días de mercado, primero con el interés del Valencia en Sidnei y posteriormente con la salida de Lucas Pérez rumbo al Arsenal. Joselu fue el elegido por la dirección deportiva para ser su sustituto, pero la lesión sufrida el día de su estreno dio lugar a una de las operaciones más relevantes de la “era Barral”, el fichaje de Ryan Babel.

Ryan Babel

Poco a poco el holandés fue recuperando su mejor versión y el equipo fue creciendo en torno a él. Sin embargo, la ilusión se tornó en pesimismo con el anuncio de su marcha al fútbol turco en plenas vacaciones navideñas. Richard Barral tenía ante sí el reto de llenar el enorme hueco dejado por Babel. Sus apuestas resultaron fallidas y ni Gael Kakuta ni Ola John rindieron según lo esperado. No obstante los dos extremos no fueron las únicos operaciones llevadas a cabo durante el pasado mes de enero ya que también recaló en el conjunto herculino en calidad de cedido el guardameta belga Davy Roef y se anunció la contratación de Fede Cartabia.

El pasado verano, que a la postre se convertiría en el último de Richard Barral al frente de la dirección deportiva de la entidad presidida por Tino Fernández, arrancó con Pepe Mel en el banquillo y muchas dudas sobre su idoneidad para liderar al cuadro herculino amparadas en el pobre nivel de juego exhibido por el equipo y la evidente falta de sintonía entre el técnico madrileño y los responsables de la parcela deportiva. Barral optó por dar continuidad al proyecto al hacerse con los derechos federativos de Guilherme y Juanfran y renovar el préstamo de Carles Gil. Gerard Valentín, Fede Valverde, Bakkali, Adrián, Fabian Schär y Pantilimon fueron las caras nuevas para una afición que tras una tensa y larga espera vio en el regreso a casa de Lucas Pérez al jugador ideal para liderar el ansiado salto de calidad que aleje a los blanquiazules, de una vez por todas, de la lucha por evitar los puestos de descenso.

Sin embargo, cuando la competición está a punto de llegar a su ecuador el Deportivo ocupa puestos de descenso, una situación deportiva que ha hecho mella en la credibilidad de un Richard Barral al que muchos señalaban desde hace un tiempo como el principal responsable. Tal y como él mismo reconoció en su rueda de prensa de despedida, el desgaste y la decepción por el rendimiento del equipo han precipitado su salida de la entidad coruñesa tras 42 meses de trabajo y 51 incorporaciones a sus espaldas y con dos grandes sombras, el banquillo y la portería.

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