Es curioso. Concluye el primer año limpio del pegajoso barro acumulado durante cuatro largas campañas y se consigue el objetivo casi un mes antes de que todos reciban las notas finales. En ese ineficaz último transcurso el club confirma rotundamente la continuidad del criticado director deportivo, pero en cambio, no asegura la del entrenador salvador. A la par que comienzan a filtrarse todo tipo de nombres para dirigir la nave blanquiazul.
Es decir, lograr la salvación le ha servido a Fernando Soriano para continuar en su cargo. El club no ha tenido en cuenta los cientos de miles de euros dilapidados en los Bouldini, Herrera, Gauto, Patiño, Petxarroman, Mfulu… Jugadores que no han hecho más que unirse a la ya de por si larga lista de los Valcarce, Cayarga, Alcaina, Quintero… Ni el ansiado mercado de invierno (Eddahchouri, Genreau, Tosic y Diego Gómez) ha sido capaz de brindar un solo acierto concluyente. El club entiende que lograr el objetivo está por encima de que los errores fichando sean ampliamente superiores a los aciertos.
Ahora bien, Óscar Gilsanz, o lo que es lo mismo, uno de los grandes artificies de lograr ese objetivo holgadamente, no se rige por los mismos parámetros. De poco parece servir que haya cosechado números que, contando desde su aterrizaje en la jornada 13, le hubiesen hecho pelear por el playoff hasta el final. Y es que parece que el primer tramo de la temporada, ese en el que el equipo deambulaba por los temidos puestos de descenso, está bajo una profunda amnesia en las mentes dirigentes.
Tampoco parece tenerse en cuenta que Gilsanz haya tenido que pelear con un once plagado de debutantes en Segunda o que apenas le hayan brindado recambios de garantías para competir en una larga y exigente liga. Esas fueron sus armas. Y con ellas mejoró sobradamente a su antecesor y regaló un calmado fin de temporada a los hinchas por primera vez en tres lustros.
Ambas decisiones forman una contradicción y a la vez una de las causas por las que por segundo encuentro consecutivo Riazor clamó ‒y esta vez con mucha más rotundidad‒ contra Fernando Soriano y, en menor medida, contra Benassi y la directiva.
Con el enésimo cambio en el banquillo a la vuelta de la esquina, el porvenir de Yeremay se antoja clave para el futuro blanquiazul. Bien sea por el sueño casi quimérico de seguir viéndolo de blanquiazul, o bien por la elevada cantidad económica que entrará en las arcas y que hará poner a prueba de nuevo la capacidad del salvado Fernando Soriano.
