Zubieta se sostiene sobre una idea clara y persistente: formar antes que acelerar, construir antes que improvisar. En torno a la cantera txuri-urdin se ha consolidado un modelo reconocible, donde el talento se pule con tiempo, el juego tiene memoria y cada futbolista crece dentro de una estructura que no se traiciona. Todo ello manteniendo una idea de juego reconocible que acompaña al jugador desde la base hasta el primer equipo. En el corazón de este proyecto late una fábrica de talento donde el proceso importa tanto como el resultado y donde el salto de categoría no rompe el hilo conductor.
Que la Real Sociedad sea el único club con un filial en el fútbol profesional no es una anécdota, sino una consecuencia de la coherencia y la excelencia de su modelo de cantera: habla de una estructura formativa capaz de competir al máximo nivel sin atajos, de una identidad futbolística transmitida desde Zubieta hasta la élite y de una confianza real en el talento propio. El hecho de que lo sostenga refleja años de trabajo bien hecho, planificación a largo plazo y una filosofía que convierte la formación en ventaja competitiva. No es casualidad ni suerte: es mérito de una escuela que sigue marcando el camino en el fútbol español.
Análisis táctico
La Real Sociedad B de Ion Ansotegui se define por una clara vocación de juego asociativo y formativo, heredera directa de la identidad del primer equipo. Su estructura base es el 4-2-3-1, con salida limpia desde atrás, centrales con buen pie y un doble pivote que asegura continuidad en la posesión. El equipo busca progresar por dentro, atraer rivales y activar a los extremos o mediapuntas entre líneas, sin renunciar a acelerar cuando detecta espacios tras robo. No es una posesión dominante en cifras, pero sí intencional y organizada, orientada a controlar el ritmo del partido.
Sin balón, el filial apuesta por presión tras pérdida y repliegue medio, aunque ahí aparecen sus principales límites competitivos. La juventud del bloque y los constantes ajustes de plantilla provocan desequilibrios en transiciones defensivas y cierta fragilidad ante rivales muy verticales o físicamente superiores. Aun así, Ansotegui ha conseguido un equipo reconocible, valiente y competitivo, que prioriza el desarrollo del jugador sin renunciar a resultados. La Real B compite en Segunda desde la identidad, asumiendo riesgos y entendiendo la categoría como un escenario de crecimiento táctico y mental.
El once rival
Pocas dudas ofrece la alineación titular del Sanse: con Aitor Fraga bajo palos, la pareja de centrales para el capitán Luken Beitia y el nipón Kazunari Kita y los carriles, completando la zaga, con los dos Jon: Garro en la derecha y Balda en la izquierda. La vuelta de Gorosabel tras sanción al puesto de enganche, devolvería a Mikel Rodríguez a la sala de máquinas junto a Carbonell. El ataque del filial donostiarra sería para Astiazarán y Ochieng en los costados diestro y zurdo, respectivamente, y el pichichi del equipo con once goles Gorka Carrera en punta. Dani Díaz, Álex Marchal y Mariezkurrena son otras armas ofensivas desde la segunda unidad.
Precedentes
En cinco ocasiones ha visitado el Dépor al filial txuri-urdin con solo un triunfo (1-2) en la lejana temporada 1961/62. En la anterior, la 1960/61, durísimo correctivo al caer goleado por 8-3, haciendo insuficiente un triplete de Veloso. Fue la primera de las dos derrotas ante el Sanse por otros tantos empates, ambos por 1-1, como el del anterior precedente en territorio donostiarra con el equipo herculino recién ascendido a Segunda División. En el partido de la primera vuelta los de Antonio Hidalgo sufrieron un duro revés al caer 0-3, resultado que estará muy presente en el vestuario coruñés.
