Generó en ataque posicional, cuando tuvo que llevar el peso del partido a través del balón. Y también las tuvo para ganar saliendo una y otra vez al contragolpe. El Deportivo 0-0 Málaga fue un partido de enorme ritmo, en el que uno y otro contendiente se buscaron casi de manera constante, pero sin ‘punch’.
Un encuentro en el que el Dépor mostró su capacidad para dañar tanto desde una construcción más reposada que era capaz de acelerar como a partir de transiciones vertiginosas. Pero a pesar de firmar su partido con más remates del curso (19, según Opta), le faltó el gol. Como tampoco le sobró a un rival con similitudes, ya que ese talento que acumula en tres cuartos le permite controlar y correr.
Fue un encuentro de alternativas y papeles intercambiados tras el parón del intermedio, pues el Deportivo tuvo más el balón en la primera mitad ante un Málaga que le esperó, pero el conjunto malacitano dio un paso adelante tras el descanso y sumó una mayor capacidad para salir de la presión blanquiazul y construir ataques algo más sosegados y peligrosos. Ninguno encontró el acierto final, aunque si alguien lo rozó más ese fue un Dépor al que, además, la controversia arbitral no le ayudó.
Una banda izquierda incontenible
Imanol Idiakez repitió el once que había sido capaz de golear a domicilio en Albacete nueve días antes. El 2-5 en el Belmonte reforzó la confianza de un equipo que en estas primeras ocho jornadas de competición sigue mostrando una evidente identidad que le hace estar más cerca de los puntos en el juego que en lo que dictamina el marcador al final de sus encuentros. Y una vez más, volvió a salir con esa sensación del encuentro ante un Málaga igualmente recién ascendido y al que el todavía cercano éxito le ha ayudado a tener también una personalidad marcada.
Sin embargo, el conjunto de Sergio Pellicer es un conjunto algo más camaleónico y en Riazor lo demostró. A pesar de su capacidad para tener el balón o para ir a presionar arriba, el cuadro malacitano saltó al verde de A Coruña con un planteamiento claramente reactivo. El objetivo del conjunto malagueño era, directamente, que Yeremay y Lucas no recibiesen.
Para ello, Pellicer no dudó en estructurar a su equipo en un 4-4-2 sin pelota que cerraba de una manera muy marcada los pasillos interiores al Dépor para evitar ese pase vertical tan habitual entre la primera línea de construcción y la mediapunta deportivista. Así, Larrubia ejercía como extremo derecho pero más pendiente del ’10’ local que de Obrador para tratar de encerrar al canario en una ‘jaula’ en la que era difícil recibir y más aún salir. Lo mismo sucedía en el perfil izquierdo con Antoñito Cordero muy cerca de Luismi para evitar que Lucas contactase en esa zona interior.
Ante esta tesitura, el Dépor tenía muy liberados los carriles exteriores. Pero tardó en apostar de verdad por percutir desde ahí. Casi como entendiendo que el pase hacia sus laterales para progresar era una trampa en la que el Málaga quería hacerle caer, el cuadro herculino pasó momentos puntuales de cierto atasco en la primera mitad.
La línea de tres con Vázquez, Barcia y Ximo o Villares actuando alternativamente como ‘central derecho’ no terminaba de hacer valer esa superioridad numérica contra los dos puntas malaguistas. Porque ni conducía para batir esa primera línea y provocar un ‘salto’ que liberase a compañeros, ni encontraba pase dentro, ni se atrevía a aprovechar el tiempo y espacio que había pegado a la cal. Tampoco ayudaban unos medios que no tienen por cualidades principales dotar de velocidad la circulación del equipo.
Sin embargo, poco a poco, el cuadro deportivista fue capaz de ir encontrando soluciones. Primero, encontrando puntualmente a un Mfulu irregular, pero que jugaba por delante de esa primera línea para atraer a uno de los dos mediocentros rivales y generar el hueco dentro a su espalda. Luego, buscando doblar esa referencia interior con Villares más cerca del africano, Ximo ejerciendo de tercer central y Mella bajando a recibir fuera casi como carrilero. Y, por último, con las conducciones de un Barcia que empezó a ser decisivo para darle todavía más tiempo y espacio a Obrador para que así pudiese lanzaese.
El conjunto deportivista empezó a acumular momentos de mayor fluidez que le permitieron elevar el ritmo de juego, posicionarse en campo contrario y encontrar la profundidad por fuera. Lo hizo por la derecha, pero sobre todo por un carril exterior izquierdo a través del que Obrador percutió una y otra vez y al que Yeremay cayó cada vez con más asiduidad no solo para asistir a su socio balear, sino también para recibir con menos vigilancias y, desde fuera, empezar a construir y hacer progresar la jugada hacia dentro o por fuera para aprovechar el gran pie de Obra. Cuando el Dépor empezó a ser de izquierdas, demostró que ese binomio es difícil de contener.
Presión alta: un riesgo sostenible
Así, en ese primer tiempo de control desde la tenencia de la pelota (el Dépor tuvo un 64% de posesión, según Wyscout), el equipo herculino fue capaz de rematar 10 veces, casi los disparos que el Málaga ha concedido por encuentro en estas ocho primeras jornadas (12,5). 5 fueron de un Barbero que personificó el partido de su equipo: estuvo notable fuera del área y acercó al colectivo a ganar, pero su falta de acierto (al igual que el resto) le alejó del merecido triunfo.
El cuadro deportivista encontró profundidad desde su capacidad para acelerar por fuera sus ataques posicionales, con Mella y Ximo, pero sobre todo con Obrador y Yeremay. Pero también dispuso de situaciones a balón parado que no acabaron en remate y amenazó mucho tras recuperaciones.
Precisamente ese arma del contragolpe fue su gran baza en una segunda mitad en la que cambió el encuentro. Pero tanto en la primera parte como en la reanudación, hubo algo que no varió: la presión alta del Deportivo.
El equipo de Imanol Idiakez tiene como pilar fundamental y prácticamente innegociable «ir a buscar al rival a su área». Así lo hizo en un inicio de partido en el que al Málaga le costó sacar el balón cuando intentó asociarse. El Deportivo no dudaba en emparejar a los puntas con los centrales, hacer ‘saltar’ a Villares sobre un medio, exigir a Mfulu estar pendiente del otro pivote rival e ir a buscar al lateral de zona de balón con el extremo y al extremo rival con el lateral propio.
De este modo, el cuadro deportivista presionaba hombre a hombre y provocaba que el Málaga tuviese que apostar por el recurso del juego directo como medio más habitual para sortear esa presión. En esa circunstancia Pablo Vázquez logró igualar el pulso a Baturina. Sin embargo, el plan del equipo deportivista era tan arriesgado que cada balón hacia el ‘tanque’ croata en el que el equipo deportivista no era tremendamente expeditivo y lograba despejar con contundencia se convertía en una oportunidad para el rival.
A pesar de los espacios que existían, el cuadro herculino nunca se descompuso. Y aunque el Málaga tuvo situaciones, jamás fueron en clara ventaja y no pasaron de ser remates desde fuera del área, más allá del ‘tonto’ contragolpe por el pase largo de Barcia que dio en Mfulu y acabó en el palo de Antoñito.
Por lo tanto, esa presión alta provocaba que se jugase a lo que el Deportivo quería, pues le hacía disponer de posibilidades de evitar que el Málaga se estirase y de robar arriba. Un press que se contagió también en las situaciones tras pérdida, en las que los ataques racionales del Dépor le permitían tener una buena densidad en la zona en la que quedaba desposeído de la pelota, a lo que unía una gran activación.
La expansión
El Deportivo no encontró el acierto en el primer tiempo de ninguna manera. Tampoco en alguno de los contraataques que logró construir, pero que no fueron tan habituales como en el segundo tiempo, cuando logró mostrar su enorme capacidad de expansión. Porque subido a lomos de Lucas, Yeremay y sobre todo Mella, el cuadro deportivista fue capaz de construir bastante contras mortales. Pero el acierto que sobró ante el Albacete, faltó esta vez.
Podría parecer que en el segundo acto, el Dépor renunció voluntariamente al balón. Pero ni mucho menos fue así. Lo que sucedió fue que el Málaga dio un paso adelante en la presión que provocó más espacios y, por tanto, más ida y vuelta. A esa circunstancia sumó su actitud con el esférico, que pasó de ser eminentemente directa para golpear sobre Baturina y correr con espacios a buscar los apoyos de Dioni. El punta exdeportivista era el encargado de quedarse el balón y decidir cómo dirigir esos ataques para progresar hacia campo contrario.
Así, a pesar de que mantuvo su presión -incluso persiguiendo al ariete en sus descensos hasta muy lejos del centro del campo-, el Málaga fue capaz de salir más veces de la cueva. El riesgo asumido seguía siendo alto, claro. Pero la costumbre de la última línea deportivista de jugar sobre el alambre y corregir a campo abierto, así como el esfuerzo del resto de compañeros, hizo que nuevamente el cuadro malacitano no dispusiese de situaciones de evidente peligro, más allá de una pérdida de Mufulu que acabó con Barcia salvando el gol de Gabilondo.
De este modo, el Deportivo llegaba para replegar y juntarse cerca de su área casi cada vez que el Málaga. Y desde ahí, seguía teniendo una enorme capacidad para convertir cada pérdida o cada balón en manos de Helton en una amenaza. Con Barbero ya cansado, la entrada de Herrera no terminó de darle ni solvencia en los apoyos, ni más capacidad para atacar espacios. Pero daba igual: con Lucas, Mella, Yeremay para estirarse desde muy abajo y la llegada de la segunda línea, el Deportivo se bastaba.
Faltó acierto también en esa segunda parte, quizá fruto de la exigencia previa para alcanzar esas situaciones de remate que terminó con el equipo cansado. Idiakez, ante la tesitura de dar refresco o seguir apostando por mantener a futbolistas que son sistema, eligió la segunda opción y tan solo agitó todo lo que rodeaba a sus tres mediapuntas. Quizá con piernas frescas hubiese cambiado el cuento o quizá no, porque lo cierto es que con los cambios lógicos de Villares y Mfulu por Soriano y Jurado el Deportivo perdió cohesión sin balón, a pesar de ganar algo más de fluidez con pelota.
Lo que resultó evidente fue que un día más, el equipo herculino encontró variabilidad en su juego para producir. Pero claro, saber cuándo pensar para construir con calma y cuándo acelerar no equivale a saber cómo golpear. Y así se explica un Deportivo 0-0 Málaga que fue todo menos un duelo sin alternativas.
