Foto: Fernando Fernández

La pizarra del Eldense 2-0 Deportivo: Madurar… hasta pudrir

18 febrero 2025 - 21:30

Un Dépor muy parecido al de Burgos o Eibar, pero con menos inspiración y colmillo. El Eldense 2-0 Deportivo rompió la racha a domicilio del equipo blanquiazul, pero sobre todo dejó malas sensaciones por la escasa reacción de un equipo que quiso madurar el partido, pero no tuvo cintura para reaccionar, cambiar el ritmo y evitar que la fruta se le pasase hasta oler a podrido.

Control ante la pasividad

Al igual que en otros encuentros de este enero contra rivales que le ceden la iniciativa, el Dépor salió al Pepico Amat concienciado de que no podía precipitarse. Debía tener pausa para encontrar las fisuras de un rival que, al igual que una semana antes en Oviedo, salió estructurado a nivel defensivo en un 4-1-4-1 en bloque medio-bajo, que daba tiempo y espacio a los jugadores del Deportivo que iniciaban el juego a costa de protegerse priorizando la defensa en zona.

Sin embargo, esa intención de esperar sin romperse acabó convirtiéndose en una pasividad que el Dépor dio la sensación de poder aprovechar. Con Yeremay ejerciendo de interior izquierdo y Soriano de interior derecho, el Dépor buscaba contar con dos referencias en el carril interior que amenazasen a espaldas de los dos interiores de facto del Eldense, Sergio Ortuño y un Collado que, como punta que en realidad es, tenía predisposición a ‘saltar’ algo más hacia delante.

El Dépor inicia con línea de tres más Villares por delante, pero el ‘8’ tiene libertad total para pensar y poder encontrar un pase sobre Mario, que amenaza a la espalda del interior izquierdo. Yeremay, muy dentro, es el otro ‘interior’ ubicado en la misma posición para amenazar en el otro lado.

Así, el equipo deportivista no solo controló el encuentro en la primera mitad ante una pasividad del Eldense que fue criticada por el propio Oltra, sino que por momentos encontró esos pases interiores desde los que poder atacar de cara a la defensa rival, progresar y tener opciones de desequilibrar el 0-0 inicial.

Por un lado, al equipo deportivista le faltó acierto en el último tercio cuando logró dar avance a sus ataques y cambiar de ritmo. Un cambio de ritmo que no encontró en demasiadas ocasiones, más allá de las cabalgadas de Obrador, de algunos de los pocos contragolpes -desaprovechados por malas decisiones- que pudo trazar ante un Eldense que se exponía poco y de los desmarques de ruptura una vez el bloque se asentaba cerca de la frontal del área.

El Dépor no jugaba a ritmo veloz, pero una vez asentado en campo rival, se juntaba y aceleraba. Yeremay recibe solo tras triangular con Obrador y Soriano y decide mirar lejos para aprovechar el espacio dejado por la defensa del Eldense que Zaka ataca tras el pase. Abajo, Ximo también rompe al espacio. Hay amenaza.

Por otro, al cuadro dirigido por Gilsanz le sobraron amarres. Porque, en ocasiones, inició sus ataques hasta con siete futbolistas más Helton de cara a la segunda línea del Eldense, el cuarteto de su mediocampo. Con Jurado siempre entre centrales para construir una superioridad numérica poco necesaria teniendo en cuenta la solitaria presencia de Masca como avanzado, Villares unos metros por delante, los laterales alzados pero no a una altura excesiva e incluso Mario Soriano bajando a recibir en ocasiones, el Deportivo se quedó sin apenas referencias amenazantes por delante de balón.

Por momentos, todo era demasiado horizontal. Y aunque dar pases horizontales no tiene por qué ser sinónimo de hacerlo mal (revisar el tercer gol contra el Almería), el hecho de no hacerlo con velocidad de circulación y tratando de llevar el juego al otro lado para, entonces, acelerar, está lejos de ser positivo. Pablo Vázquez y Martínez recibían demasiado cerca de Jurado, con poca amplitud, y no provocaban incertidumbre con conducciones. Y así, el cuadro local vivía relativamente cómodo, pendiente casi únicamente de tapar líneas con Yeremay y Soriano, algo que no siempre conseguía.

Aunque el Dépor encontraba por momentos ventajas colectivas, faltaba finura. Mella recibe con espacio para acelerar, pero su conducción es poco precisa y acaba perdiendo el balón, cerrado por varios rivales. En el carril central es más difícil para el santiagués.

Así, entre el afán ‘madurador’ del Dépor y los constantes parones a la continuidad que provocaba el juego directo del Eldense -balón directo, duelos, faltas, saques de banda, córners con su consiguiente tiempo para ser ejecutados…-, el equipo deportivista nunca encontró un ritmo óptimo para, de verdad, avasallar a un Eldense contemplativo en defensa y al que podría haber hecho más daño. Falto más intención, pero también sobró un desacierto personificado en un Yeremay que aglutinó mucho balón para producir solo algún highlight y un Mella al que, alejado de la banda y sin espacios, todavía le cuesta.

Mi espalda da miedo

Pese a sus pocas situaciones de gol generadas, el Dépor tenía el partido más o menos donde quería en la primera mitad. Sin embargo, aunque el Eldense vivía muy lejos de Helton Leite para poder inquietarlo, el cuadro alicantino logró inventarse varias transiciones que generaron verdadera incertidumbre sobre la meta deportivista.

Cuando el Eldense recuperaba, lo tenía claro: descongestionar hacia el carril exterior donde hay menos densidad deportivista y mirar lejos. Víctor García inicia la carrera y acaba recibiendo al espacio para quedarse mano a mano con Helton.

Clave en este sentido fue que el Deportivo no fue capaz de unir ese juego pausado con la capacidad para presionar tras pérdida. A priori, progresar de manera lenta pero segura y en bloque permite que las distancias de relación de futbolistas sean más cortas y las posibilidades de volver a recuperar la pelota de inmediato tras perder el balón aumenten. Sin embargo, entre las malas tomas de decisión que generaron pérdidas con el colectivo separado y la poca activación que el equipo sí dio la sensación de tener por momentos para acosar al rival en fase defensiva, el Eldense fue capaz de generar varios ataques al espacio.

Para ello contaba con las buenas capacidades condicionales de Víctor García, Llabrés, Collado o Masca, sino el buen criterio del conjunto local para sacar rápidamente el balón hacia fuera, desde donde podía lanzar con comodidad. Y un poseedor sin presionar y con metros hacia los que meter el balón suele ser una fórmula que te acerca al éxito.

El Eldense no dudaba en jugar directo. Cada balón que lograba sacar a las bandas servía para buscar un balón en largo que generaba problemas al Dépor por la incapacidad para llegar a presionar y las dudas a la espalda, personificadas sobre todo en Pablo Vázquez. En la imagen, Masca traza una diagonal para cazar un balón que, como en anteriores partidos, supera la posición del valenciano.

No logró transformar Víctor García, pero esos envíos al espacio permitieron al Eldense tomar un respiro en defensa, estirarse y amenazar a un Dépor al que las precauciones con balón no le servían, ni mucho menos, para protegerse.

Sin capacidad para igualar nada

Pese a las dudas, el Deportivo parecía tener controlado el choque. Era cuestión de seguir madurando. Pero con lo que no contaba, o más bien ante lo que no supo reaccionar, era con que el Eldense elevase un par de puntos su grado de intensidad defensiva.

Intensidad es una palabra que, en ocasiones, se usa como muletilla para explicar por qué sucede algo cuando no se tiene explicación. Sin embargo, en este caso, fue muy evidente que el paso adelante del Eldense, que se olvidó de dejar maniobrar a su antojo a los futbolistas del Deportivo y comenzó a saltarles a la yugular ya incluso desde ese momento de inicio de juego en el que el cuadro de Gilsanz se tomaba tanta calma.

El Eldense aumenta sus acosos defensivos y deja de ser un equipo pasivo. Villares recibe incrustado en esa línea de tres y es acosado por Collado, que provoca la duda. Vázquez se queda con el balón pero al enviarlo fuera, un Llabrés que encimaba mucho a Ximo logra recuperar.

Así, ante un rival que exigió elevar las revoluciones del motor, el Dépor no respondió. No igualó ese listón y acabó siendo superado. Primero, en el juego. Luego, en el marcador. Porque con ese reseteo que probablemente Oltra introdujo en el descanso para que los suyos no confundiesen protegerse con dejar hacer, el Eldense empezó a transformar la maduración del Dépor en podredumbre.

El equipo blanquiazul no encontraba a sus mediapuntas por dentro y ya no contaba con la baza exterior de Obrador. Así, apenas le quedó un Zaka que se inventó un remate espejismo, pues el viento ya había virado. Presión para recuperar más arriba o más atrás y capacidad para mirar lejos y evitar el press tras pérdida del Dépor con pases que permitían al Eldense correr. Balones al espacio… y errores deportivistas. Porque en centro que el equipo coruñés concedió por esa cierta pasividad, Pablo Vázquez cerró el círculo de sus dudas con un penalti tan evidente como innecesario.

El 1-0 fue la mecha para que el Eldense combustionase y el Dépor entrase en ebullición, pero para evaporarse definitivamente. Menos ideas, más dificultades y peores pérdidas. Con distancias entre líneas enormes, el querer ir a robar y llegar tarde se convirtió en una constante y le acabó costando el segundo tanto. Tosic quiso presionar a Víctor García, pero en su intento defendió mal la pared que el ex del Dépor ejecutó con Ortuño, al que Jurado tampoco llegó a acosar a tiempo. Con campo a favor, ni el serbio ni Villares se decidieron a hacer la necesaria falta. Y en el tres para tres, Llabrés sentenció con el Eldense 2-0 Deportivo.

La genésis del Eldense 2-0 Deportivo.
La genésis del Eldense 2-0 Deportivo. Tosic quiere presionar pero llega tarde y lo mismo Jurado. Víctor traza una pared con Ortuño con la que supera al serbio, que no logra hacerle falta y el ex del Dépor se planta en un tres para tres que Llabrés acaba definiendo a la perfección.

Fue la tumba de un equipo que probó con un doble mediocentro de mediapuntas, extremos a pie natural, dos arietes  y un lateral derecho más ofensivo que nunca. Quemó las naves Gilsanz intentando cambiar el ritmo de los suyos y también el estilo, pero el Dépor ni siquiera fue capaz de entender que todo pasaba por llevar el balón a banda para, desde ahí, centrar. Y así, en un ejercicio de extrema impotencia para acabar sin siquiera rematar, se dejó en Elda parte del optimismo construido en el último y notable mes.

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