Calma para descomponer al rival, pegada para entender cuándo y cómo golpear de verdad y tempestad para seguir avasallando hacia delante y saber cómo protegerse cuando vienen peor dadas. El Deportivo 3-1 Almería fue un encuentro marcado por el evidente acierto en las dos áreas del equipo local y la enorme pasividad del máximo candidato al ascenso. Pero entre las dos orillas que definen el choque navegó la gran actuación del conjunto dirigido por Óscar Gilsanz.
Y es que el Dépor siguió confirmando con otro resultado potente su evidente mejora de sensaciones tras el parón invernal. De ser un equipo visceral, con una enorme capacidad para jugar a toda velocidad y rebelarse ante la adversidad, a adquirir un mayor grado de madurez para encontrar pausa en sus ataques.
Calma
El Almería es un equipo con un poderío ofensivo descomunal. Pero, a cambio ofrece muchas concesiones a nivel defensivo. Eso lo sabía el Dépor, que sin embargo entendió que no debía basar todo su plan en esperar para contragolpear. En vez de ser reactivo, juntarse y atacar al espacio, como le han hecho muchos equipos, el cuadro de Gilsanz decidió dar un paso adelante y discutirle la pelota. Hacerle sufrir directamente. Empezar a destruirlo haciéndole correr… pero con calma.
Porque el Deportivo supo medir los tiempos de su juego ofensivo hasta encontrar los espacios a través de los que progresar y hacer daño a su enemigo. Ante un rival pasivo en términos generales y con una importante distancia entre líneas, trato de atraer su presión para separarlo todavía más.
Clave en este sentido fue su habilidad para juntar muchas referencias en el carril central. Helton y los dos centrales, con José Ángel ejerciendo de tercer elemento bien fuese a su altura o unos metros por delante. Con Villares orbitando sobre el ‘satélite Jurado’ y con Mario Soriano haciendo las veces de segundo interior descendiendo desde la mediapunta.


El Deportivo intentaba generar superioridades numéricas para progresar ante un Almería que partía de un 4-4-2 a través del que no lograba referenciar todas las soluciones que iban encontrando los de Gilsanz a la manera de presionar de su rival. ¿Que Leo Baptistao, extremo derecho, ‘saltaba’ a por Pablo Martínez? El hombre libre es Obrador. Que Lopy o Robertone no acompañan a los dos pivotes deportivistas, el futbolista sin marca es uno de ellos. ¿Que el rival sí viene en bloque bien cerradito por dentro? La solución está de nuevo fuera, con un Ximo que al igual que su homólogo en la izquierda, cogía el grado exacto de altura y amplitud para no poder ser referenciado tampoco por los ‘saltos’ de los laterales rivales.
Fuese encontrando pases dentro o directamente fuera, el Deportivo era capaz de progresar y asentarse en campo contrario. Y una vez ahí, determinaba su juego a partir de unos carriles exteriores que casi siempre lucían liberados gracias al posicionamiento de Mella y Yeremay. El choque ante el Almería terminó de confirmar la tendencia de los últimos encuentros, en los que -siempre con matices- ambos parten de posiciones más interiores. A partir de estas ubicaciones, el Dépor no solo encuentra más referencias a la hora de conectar pases al pie, sino que sobre todo ayudan a ‘limpiar’ las líneas de banda a los laterales.
Así, fue muy habitual ver cómo el Deportivo pudo llegar con mucha ‘facilidad’ casi hasta línea de fondo gracias a un importante volumen de conducciones de Ximo y Obra. Así se gestó el primer gol, con una aceleración del andaluz para alcanzar el pico del área y jugar con Mella. El extremo se revolvió entre cuatro futbolistas que le dejaron girarse y apoyarse dentro con un Jurado que llegaba en segunda línea. Y el organizador deportivista entendió que había que seguir siendo vertical. Pase para encontrar entre líneas a Soriano, que ‘asiste’ a Zaka sin tocar el balón. Control, toque para ganarse el espacio y remate del nuevo ariete blanquiazul. 1-0.
El Dépor aceleraba en cuanto encontraba la oportunidad de hacerlo, pero no tenía problema alguno en bajar revoluciones y mover a su rival con paciencia, como sucedió en el segundo tanto. La jugada recordó a la del gol ante el Burgos. Un minuto y medio de posesión con más de 30 pases y la intervención de prácticamente todo el equipo. Lado-lado, encontrar dentro a Yeremay, entender que por ahí no es, retroceder, juntar en un lado y encontrar en el opuesto la autopista libre. Siempre por fuera para acelerar. Obrador, llegada de segunda línea aprovechando las costuras rasgadas del rival y gol de Yeremay penetrando por el espacio ‘limpiado’ por Zaka.


Pegada
5 remates, 2 goles. El Dépor fluía, pero en menos de media hora ya había construido una renta amplísima. Porque por mucho que construyas bien, el acierto en último tercio es definitivo. Y al conjunto coruñés, timorato en eso de consultar si puede allanar al rival, no le hizo falta ni siquiera llamar al timbre: se plantó en la alfombrilla y, directamente, derribó la puerta.
El acierto que en tantos otros partidos se le ha negado le sonreía ante el Almería, precisamente un equipo que en el intercambio de golpes tiene todas las de ganar. No fue así porque Zaka Eddahchouri se acordó de comprar billete de acompañante destino A Coruña al idilio con el gol. Esa relación de amor-odio tan propia de los delanteros dio sus primeros pasos también en Riazor, cuando al meritorio disparo del neerlandés se le cruzó el cuerpo de un defensor para hacerlo definitivamente mortífero.


También la Diosa Fortuna sonrió al Dépor en el 2-0, después de que un control no del todo óptimo y una deficiente definición de Yeremay acabase en la portería ante los resbalones simultáneos de Chumi y Maximiano.
El acierto que le sobró al Deportivo le faltó al Almería en la segunda mitad. Pero antes, hubo tiempo para un tercer gol que culminaba el jolgorio en Riazor. Recuperación en campo rival, contragolpe y remate desde la frontal del área imparable de un Mella que sigue sumando recursos y el pasado domingo desbloqueó también el remate de media distancia. ¿Qué la estadística avanzada me da un 3% de probabilidades de anotar? ¿Y a mí qué? Gol no, golazo.
6 remates en el primer acto, 3 goles. Y todo con una expectativa de gol (xG) de menos del 0,5 en total -siempre según Wyscout-. ¿Qué es pegada? ¿Y tú me lo preguntas? Pegada, querido Deportivo, fuiste tú.
Tempestad
La calma elevó al Deportivo y la pegada lo impulsó definitivamente. Pero hubo un tercer elemento que explica el gran choque blanquiazul: la tempestad. Porque el conjunto deportivista entendió que incluso cuando el corazón le invitaba a resguardarse, debía seguir empujando. Así lo hizo en una primera mitad en la que mezcló bien su presión alta en los reinicios con un bloque compacto por dentro en el que Mella hacía las veces de tercer mediocentro vigilando a Robertone para otorgarle a los blanquiazules superioridad por dentro a cambio de dejar liberado al alejado Bruno Langa.

Así, el conjunto de Gilsanz entendió muy bien cuándo podía apretar y cuándo debía temporizar, aunque nunca sin meterse atrás a las primeras de cambio. Y de una de las situaciones en las que comprendió que debía ser agresivo, sacó el Deportivo 3-0 Almería. Con todo el equipo yendo alto al hombre, Mella ofreció una pequeña línea de pase dentro hacia Melendo. Entonces, Ximo lo detectó y ‘saltó’ de línea a por ese balón dividido como si fuese el último de su vida para acabar recuperando y generando una situación de peligro que su compañero de banda matizó en el tercer tanto.

Tras el intermedio, el Almería aumentó dos marchas a nivel ofensivo y defensivo. Pero, de primeras, el Dépor siguió yendo a apretar alto. Tanto que, en ocasiones y ya con el cansancio pesando, se partió y concedió espacios a su rival. Fue entonces, en esas situaciones, cuando entendió que debía aprender a protegerse también cobijado. La tempestad ahora arreciaba hacia su rostro, pero el Deportivo no le perdió la mirada. Resguardado por dentro, al menos hasta la irrupción de Arribas todo el peligro llegó desde las bandas, aunque en situaciones de centro mucho menos claras que las concedidas por su rival.
Le faltó entonces al equipo algo más de acierto individual para proteger el área. Pero la desgracia y Helton le negaron la reacción a su rival, que generó volumen (19 remates) pero tampoco encontró situaciones meridianamente claras (1,23 xG). Así, el equipo de Rubi solo encontró el premio al final, para poner en el marcador un Deportivo 3-1 Almería que pudo ser más abultado de aprovechar los locales las situaciones que lograron fabricar saliendo, de nuevo, con acierto desde atrás.
