Una estructura de dos centrocampistas y cuatro delanteros. Con esa ofensiva base, Imanol Idiakez logró construir en Primera Federación un equipo campeón, capaz de equilibrar su veneno en ataque con solvencia defensiva. De hecho, un elemento no se entendía sin el otro, pues gran parte de la capacidad del Dépor para hacer daño a sus rivales se basó en su agresividad sin pelota. A base de exponerse (en ocasiones demasiado), el Deportivo fue un equipo capaz de vivir alejado de la meta de Germán Parreño en esta segunda vuelta de competición. Fue un bloque incómodo que, además, con esa manera de defender, se fabricó muchas transiciones ofensivas. Contragolpes que acabó por convertir en goles y puntos.
La fórmula fue sostenible en la categoría de bronce, donde más allá del trabajo de los cuatro atacantes, había dos aspectos diferenciales. Por un lado, las piernas de José Ángel Jurado y, sobre todo, Diego Villares eran capaces de minimizar ventajas obtenidas por el rival. Por el otro, el poderío en los duelos de los hombres de la defensa permitía al Dépor ir sobre el alambre y arriesgar yendo a apretar hacia delante, a costa de quedarse en muchas ocasiones en situaciones de igualdad numérica en la última línea. Dos cuestiones que se pueden resumir en una: la capacidad para imponerse, de manera individual por físico, técnica y táctica defensiva, a sus pares.
Pero ahora, con el salto de categoría, el contexto cambia. La Segunda División es una liga con mucho más talento físico y técnico, por lo que el Deportivo tendrá que adaptar su idea. Es de prever que el cuadro coruñés se convierta en un equipo mucho más ‘camaleónico’.
De pasar a tener (casi) siempre la iniciativa como en esta Primera Federación, a convertirse en un bloque que sepa seguir mandando con balón pero que también goce jugando sin él. Bien presionando muy alto, como este curso, bien protegiéndose un poco más atrás. Un ejemplo fue el doble duelo ante el Castellón, un rival ya ‘de Segunda’, en el que el equipo orellut tuvo el esférico y el Dépor corrió hasta acabar machacándole a base de contragolpes y más pegada.
Para ejecutar ese plan más reactivo, sea cual sea el matiz a la hora de presionar, e incluso para tener la pelota, el Dépor tiene una tarea pendiente: nutrirse de centrocampistas. Y es que este curso que acaba de terminar ha estado muy marcado por las dificultades en la línea medular.
Fernando Soriano construyó el pasado verano un equipo para jugar, de manera evidente, con un doble pivote. De hecho, incluso en esa estructura base de dos mediocentros el Dépor se quedaba corto de piezas, ya que a la pareja José Ángel Jurado-Diego Villares sumó únicamente a Salva Sevilla como especialista. No lo era Hugo Rama, un mediapunta con alma de atacante, como tampoco lo era un Jaime Sánchez que acabó siendo un exitoso invento de Imanol Idiakez para paliar la falta de pivote defensivo durante las -pocas- ausencias de Jurado.
Durante la primera vuelta, Villares se multiplicó como extremo y delantero, en busca de soluciones a las bajas ofensivas. Y eso obligó a romper el doble pivote que apuntaba a ser fuerte en pretemporada. Sevilla se convirtió en titular por necesidad pasando de titular por necesidad. De hecho, durante un buen tramo de curso, Idiakez se presentó a los partidos con sus cuatro centrocampistas -incluyendo a Rama- en el once titular. Una circunstancia que le dejaba sin futbolistas específicos para el mediocampo en el banco, más allá de un Rubén López que saltó desde el Fabril como una irrupción clave.

Así, pese a encontrarse por el camino a solventes sustitutos tanto para el rol de José Ángel como para el de Diego, el Dépor vivió en la segunda vuelta muy en el alambre. No llegó nada en el mercado de invierno y Salva Sevilla fue adelantado por la competitividad de los citados Jaime y Rubén, que ejercieron de recambios de nivel en momentos específicos. Pero quizá la clave estuvo en que su doble pivote titular se sostuvo sano durante los meses claves. Eso ayudó a no tener que comprobar cómo funcionaban las soluciones de urgencia durante períodos de competición más prolongados.
Además, el margen de maniobra seguía siendo escaso. Sí, no era necesario modificar la fórmula de dos futbolistas por fuera, un punta y otro hombre encargado de acompañarle que funcionaba por delante del doble pivote. Pero, ¿qué hubiese pasado de llegar una mala racha y tener que probar otras soluciones? Tampoco había perfiles diferentes para tocar nada en la medular, más allá de que la apuesta apuesta por tres centrocampistas en momentos puntuales en los que era necesario defender un buen resultado resultó útil.
El Dépor, obligado a fichar mediocentros
Ahora, ante un nuevo contexto de competición, el Dépor vuelve a verse obligado a mirar al mercado para reforzar una sala de máquinas diezmada durante todo el curso. José Ángel Jurado y Diego Villares apuntan a ser fijos en plantilla, mientras que Rubén López se ha ganado, al menos, la oportunidad de competir al menos por un rol de rotación también el próximo curso. Falta por ver de qué ‘coloca’ el Deportivo a Jaime Sánchez. Aunque incluso incluyéndolo como centrocampista, el equipo iría corto de ellos.
Sí, a priori vuelve Mario Soriano, que incluso ha jugado algunos duelos en el Eibar en el doble pivote. Y sí, Hugo Rama tiene contrato. Pero la falta de mediocentros capaces de acompañar a Villares y/o Jurado es evidente. La salida de Salva Sevilla deja un hueco evidente a cubrir. Pero no sería nada descabellado que el Deportivo se blindase con algún nombre y perfil más en su sala de máquinas.
Todo para darle variantes a un Idiakez que en el citado cruce ante el Castellón ya apostó por tres centrocampistas. Con Jaime pivote posicional y Villares interior, Rubén López primero y Sevilla después completaron un trío que quizá pase a ser mucho más habitual en los onces de Segunda. Así que si quiere construir un tridente solvente para la nueva categoría en el eje del equipo, el Dépor tiene tarea en este mercado de verano.
