El Deportivo 1-0 Sanse dejó en Riazor tres puntos vitales para que el conjunto blanquiazul se reafirme. Porque en pleno vaivén, no hay mejor revitalizante que las victorias. Sin embargo, el resultado no puede ocultar un partido escaso del conjunto coruñés. Quizá el menos rico de los tres que ha dirigido Óscar Cano. Y, sin embargo, el que venció sin encajar. El talento fue decisivo para decantar la balanza. Talento en área propia, con Mackay. Y talento en área ajena, con Quiles. Del 0-1, al 1-0 gracias a dos acciones brillantes. El talento escondió las dificultades del Deportivo. Pero, a la vez, ese talento puede hacer crecer al equipo.
Sin fluidez
El Deportivo 1-0 Sanse fue, quizá, el encuentro más pobre a nivel ofensivo en la corta etapa de Óscar Cano como técnico blanquiazul. Porque ante el Linares sí tuvo momentos de ser capaz de progresar desde la asociación y contra el Real Madrid Castilla estuvo relativamente bien en la circulación hasta quedarse con diez. Sin embargo, el Dépor no encontró la fórmula para desarbolar a un Sanse que tenía muy bien aprendida la lección.
Cano volvió a apostar por juntar mucho en zona de iniciación a cinco piezas: dos centrales, un pivote y dos interiores. Villares ejerció el rol de Álex Bergantiños y sacó el partido con buena nota. El vilalbés se introdujo casi de manera constante entre centrales para generar superioridad numérica ante los dos puntas del Sanse, aunque en ocasiones se mantuvo a su altura para hacer dudar a esa primera línea rival. Pero al Deportivo le costó encontrar situaciones de peligro. Porque en su bloque medio poco presionante, el conjunto dirigido por Luis Ayllón nunca picó el anzuelo. No ‘saltó’ a las atracciones del 2+1+2 deportivista y priorizó no ser superado, mantener su distancia entre líneas de su 4-4-2 y proteger la espalda de su centro del campo.

Así, ante un Sanse poco agresivo, la tendencia del Dépor a juntar piezas pasó de ser una virtud a convertirse en un defecto. Porque el equipo local se boicoteó a sí mismo con demasiados futbolistas en un espacio común. Se encerró él solo y no logró fluir ya desde esos primeros pases.
Poco a poco, el equipo coruñés fue mutando y abriendo más a Isi y a Rubén para ensanchar al Sanse. Pero el cuadro sansero siguió con su plan. Priorizó cerrar por dentro y el Deportivo, cuyo principal mecanismo de progresión pasa por encontrar en espacios próximos al carril central a Soriano y a Quiles, no terminó de salir del atasco. No fue casualidad que el ’10’ deportivista completase su partido con menos pases recibidos (24, cuando su media por cada 90 minutos es de 37,3, siempre según Wyscout).

De este modo, tan solo en momentos puntuales como las conducciones de Jaime Sánchez (3 de 3 en regates y 17 de 20 pases hacia delante) logró el conjunto de Riazor batir líneas de verdad. El Deportivo estuvo carente de ‘agresividad’ en la circulación. Con alturas idénticas, sin futbolistas ofreciendo soluciones incorporándose desde atrás… No arriesgó y únicamente cuando se salió del corsé encontró alguna solución. Tampoco los movimientos verticales de fuera hacia dentro de Svensson desde el carril izquierdo como punta abierto para vaciar el espacio por dentro para Soriano encontraron continuidad y productividad.
Hasta el momento previo al gol, el equipo había chutado 5 veces -por 7 del Sanse- con solo un 0,25 de expectativa de gol (xG). Demasiado poco. Hasta que surgió el talento y el equipo fue productivo en una fase del juego que no acostumbra.

Un día más, tampoco ayudó el desacierto de los laterales con balón. El equipo no buscó meter en balón en banda a poder ser hasta atraer por dentro para, así, generar situaciones de mayor ventaja para Antoñito y Raúl Carnero. Pero cuando este contexto se dio a una altura propicia para hacer daño, ese veneno no existió. El andaluz tan solo fue preciso en 1 de los 5 centros que probó. El coruñés, en 2 de 5 además de no completar 5 de los 7 regates que intentó.
Proteger sin protegerse
Si el Deportivo estuvo tibio con balón hasta el 1-0, lo mismo se puede decir en fase defensiva. Óscar Cano parece haber abandonado la idea de ser agresivo sin pelota, con el objetivo de evitar exponerse demasiado cada vez que no se recupera el esférico. Tiene sentido, pues el Dépor no estaba presionando bien ni en defensa, ni en transición defensiva. Este bajón en los puntos de belicosidad probablemente buscado le está haciendo no tener que defender situaciones a campo abierto de máximo peligro. Pero no está evitando que el equipo reciba ocasiones.

Del 4-4-2 habitual de Borja Jiménez se ha pasado a un 4-1-4-1 menos presionante. El Deportivo permitió iniciar el juego al Sanse. Cada futbolista tenía su zona y un rival asignado, aunque eso no condujo a evitar que recibiera. Porque el equipo coruñés apenas persiguió los movimientos de apoyo de los centrocampistas y, sobre todo, de los delanteros rivales. Arturo recibió muchas veces solo. La prioridad era no perder la estructura, para así defender más ordenado. Aunque fuese a costa de permitir salir al rival.

Por todo esto, el Dépor firmó uno de sus encuentros con menos recuperaciones (9) en el último tercio. Y eso que en el segundo tiempo cambió la estructura a la hora de protegerse. Max Svensson pasó a encargarse del mediocentro más retrasado del Sanse, mientras que Quiles y Soriano se situaron en intermedias para impedir jugar cómodos a los centrales y, a la vez, controlar al lateral.

Esa nueva disposición de la primera línea permitió que ni Rubén ni Isi tuviesen que salir tan arriba. Y al estar el equipo más protegido, que los laterales sí pudiesen ‘saltar’ a los laterales rivales. Aún así, el Sanse encontraba espacio por fuera, ya que la distancia a cubrir por Carnero y Antoñito era amplia. Pese a ello, el Deportivo estuvo algo más cómodo. No concedió tantas aproximaciones a su rival y el gol terminó por otorgarle firmeza.
El resultado como estimulante
Y es que desde el momento en el que el electrónico señaló el Deportivo 1-0 Sanse, el conjunto locatario fue otro. El resultado fue el mejor estimulante para un equipo al que ya no le pesaba el rigor del cronómetro corriendo. El Dépor se hizo con el esférico y logró moverlo bien. Recordó al equipo controlador del pasado curso con el marcador por delante.

Sin prisa, pero con un ritmo suficiente para ir encontrando huecos. Y con capacidad para acelerar la jugada en cuanto esta así lo pedía. Más allá del cabezazo de Pablo Martínez en la primera mitad, en esos últimos minutos el equipo dispuso de sus tres ocasiones más claras, con las que sumó una probabilidad de gol de 0,71. Un porcentaje que le permitió alcanzar, exactamente, el 1 xG (goles esperados) según Wyscout. El Deportivo no necesitó contraatacar más, sino que fue capaz de desordenar a un rival que poco a poco fue perdiendo rigor defensivo.
Se quedó el Sanse únicamente en 0,54 xG porque el cuadro herculino, además, elevó su intensidad en la presión. Y fue capaz de apretar los dientes en unos minutos finales en los que demostró oficio y carácter para proteger la meta de un Mackay que contribuyó a aumentar esa sensación de seguridad en cada acción.

Alabó ese momento del partido Óscar Cano y no fue para menos. Porque el equipo coruñés fue capaz de dominar con balón y cuando su rival se dedicó a acumular gente en el área de Ian, no se achicó. El talento escondió sus carencias en el choque. Pero, a la vez, el talento le hizo crecer y sacar lo mejor de sí para sumar un resultado alegre desde el que seguir progresando en el juego.