Domingos Paciência

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Vuelve ‘Perfiles’. Y lo hace de la mano del nuevo entrenador de Matosinhos que llega a A Coruña para salvar al Dépor del infierno de Segunda División. Una vida de pequeños y certeros pasos. Una vida que te contamos a continuación.

Entre Porto y el Atlántico, con un paisaje heterogéneo y poco atractivo de viviendas, iglesias, industrias y castillos, se extiende la localidad costera de Leça da Palmeira. La pequeña freguesía, encuadrada en Matosinhos y límite del distrito de la ciudad del Duero, alumbró el 2 de Enero de 1969 el nacimiento de Domingos José Paciência Oliveira, nuevo técnico deportivista. Eran tiempos convulsos políticamente para Portugal y el resto de Europa y, meses después en ese 1969, el país luso tuvo –un año más tarde- su particular Mayo del 68 en oposición al régimen de Salazar, comandado ya en aquel entonces por Marcelo Caetano, sucesor de pies de barro. Aquel levantamiento estudiantil, primordial en la historia del país, tuvo sede en la universitaria Coimbra y a la Académica, su equipo de fútbol, como símbolo. El club, uno de los más significativos en cuánto a adeptos en el país ibérico, jugaría ese año y de manera sorprendente la final de la Taça de Portugal con un conjunto amateur –su profesionalización no llegaría hasta años más tarde-, pero no hubo lugar para la épica y perdió el trofeo ante el Benfica del gran Eusebio. Las autoridades, temerosas de gestos rebeldes o acciones peligrosas para el Régimen, decidieron no acudir al choque por primera vez en la historia de la Taça. Tiempos de gloria futbolística y encorsetamiento político para el país hasta que, en 1974, la Revolución de los Claveles puso fin a la dictadura más longeva de Europa. Volviendo al técnico lusitano, curiosamente, casi 40 años más tarde de aquel inicio de revolución concentrado en Coimbra que coincidió con su nacimiento, Domingos Paciência ocuparía el banquillo del conjunto universitario. Fue después de un periodo en el União de Leiria cuando sustituyó a Manuel Machado al frente de la Académica en septiembre de 2007, llevando al club al séptimo lugar en la campaña 2008/09, en lo que sería el mejor puesto de la entidad en la máxima categoría del fútbol portugués desde 1985.

Entre medias, Domingos José Paciência se convirtió en uno de los grandes goleadores del FC Porto en la década de los noventa. A escasos 12 kilómetros de Leça, se hace difícil pensar que el exitoso destino de Domingos pudiera haberse desarrollado en otro club; el delantero destacaba en el Atlético Leça y el cercano poderoso se lo llevó a sus categorías inferiores para que pudiera seguir goleando en casa. A los 19 años ya había debutado con el primer conjunto blanquiazul, dónde permaneció hasta que, en 1996 y dejando tras sus pasos más de 100 goles repartidos entre Porto y la selección portuguesa, pone rumbo a España. Cerca de fichar por el Deportivo en aquellos tiempos de bonanza económica y visos de club grande, recaló finalmente en el Tenerife de Javier Pérez por 1.100 millones de pesetas de la época. Sin embargo, el atacante portugués, aquel goleador implacable, ya no volvió a ser el mismo que deslumbró en el país vecino y las lesiones, unidas a su frágil carácter, terminaron por hundir su carrera. Así, tras su decepcionante paso por la isla con unos escasos seis goles en 50 partidos, el ahora técnico blanquiazul volvió a la escuadra que le vio nacer para retirarse en el año 2001 –dos temporadas y nueve goles más mediante- y comenzar su preparación como técnico. Formándose desde la base, se hizo cargo de los juveniles y siguió ascendiendo en el escalafón para ser asistente primero y entrenador después, en la 2004-2005, del segundo equipo del Porto. Tras completar los tres niveles del curso de entrenador, se haría cargo del antes citado club de Leiria en lo que sería su entrada al profesionalismo. En la União, un club que puede presumir de haber presenciado los inicios en los banquillos de otros ilustres técnicos portugueses en la actualidad como Jorge Jesús o Mourinho, arrancó la temporada 2006/2007 y el equipo cumplió sin apuros su objetivo de permanecer en la primera división lusa, aunque un encontronazo con el presidente hizo a Domingos abandonar la entidad leirense antes de finalizar la temporada. Poco después, Coimbra. Coimbra y el destino; Coimbra y el comienzo de su éxito. Un éxito que se encontraría en Braga dos temporadas más tarde. Pequeños y certeros pasos, escalón tras escalón: Porto B, União de Leiria, Académica, Sporting de Braga y Sporting de Portugal en diez años de andadura en los banquillos.

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Pero fueron esas dos temporadas en Braga previas a su llegada al club lisboeta dónde residen los méritos por los que Domingos es conocido, dónde se encuentra la razón de que haya sido coronado como uno de los mejores y más preparados técnicos de Portugal, miembro de una nueva generación que encontró en Vilas-Boas y el propio Paciência a sus símbolos más destacables, con una final europea como excepcional e inigualable escenario de fondo para la exaltación del fútbol lusitano. La escuadra norteña, un equipo prometedor y trabajado por el ahora técnico benfiquista Jorge Jesús, pero que había terminado en quinta posición en la temporada 2008/2009, se convirtió con Domingos en una máquina perfectamente engrasada que dejó sus mejores réditos a la entidad presidida por António Salvador, consiguiendo en su temporada de debut un histórico segundo puesto, llegando incluso a pelear por la Liga hasta las jornadas finales. De ahí a la Champions League y la ensalzada previa frente a un Sevilla poderoso que sucumbió ante el aluvión de intensidad y goles de los arsenalistas. La segunda temporada del joven técnico en el Braga no podía comenzar mejor. Sin embargo, al paso de las jornadas, el equipo fue perdiendo fuelle en Liga, incapaz de repetir la tremenda proeza de la campaña anterior. La Champions, con una más que discreta actuación, tampoco fue consuelo, pero la tercera plaza en su grupo hizo que una nueva oportunidad se abriera ante el conjunto de Paciência: la Europa League. En un golpe de autoridad, el técnico de Leça rehizo la plantilla dando salida a siete de sus futbolistas y confirió al grupo una solidez y confianza impropias, inabarcables para sus rivales, inéditas hasta ese tramo de la temporada. Así, disponiendo eliminatorias tremendamente duras, frías y calculadoras, con un equipo rocoso y veloz, Domingos y sus jugadores obraron el milagro y los Guerreiros do Minho se situaron en la final luego de superar a Liverpool o Benfica, entre otros. La final, en Dublin y frente al Porto, se convirtió en acontecimiento nacional para el país vecino. Porto y Braga, Vilas-Boas y Domingos Paciência. Sin embargo, un colombiano, estrella durante toda la competición, el único factor que Domingos no pudo anular, decantó la balanza con un impecable e incontestable remate de cabeza. El sueño había terminado. Pero no así el poso que el ex del Porto dejó en Braga, ese sello personal de carácter ganador y fortaleza, esa historia épica que se quedó a las puertas de la gloria y dio por terminado el ciclo del técnico en el norte del estado.

Tan solo cinco días después de perder esa icónica final, firmaba por el Sporting de Portugal. Venerado hasta el exceso y miembro de esa generación portuguesa de enorme talento y juventud en los banquillos que irrumpió tras Mourinho, Domingos aceptó la propuesta de los leões con el objetivo de regresar a la pugna ante Porto y Benfica. Pese a un buen e ilusionante comienzo con la hinchada y la prensa rendida a sus aptitudes –incluso clasificó al equipo para la final de la Copa de la Liga-, la dinámica perdedora en la que entraron los verde-e-brancos provocaron que, meses después de llegada, fuera apartado de su cargo. El de Mastosinhos, que había llegado con la promesa de consumar un proyecto a largo plazo que terminara por devolver al Sporting a luchar por la liga, fue destituido en Febrero, cuando tenía al equipo en cuarta posición y muy lejos del líder, el Benfica. En apenas unos meses, vivió el éxito del modesto y el desengaño del poderoso. No obstante, el club lisboeta malvive deportivamente en un convulso clima de inseguridad y fracaso, en una dinámica perdedora en la que las decepciones se suceden año tras año tras el triplete local –con final de UEFA incluída- del año 2000, ya más de una década atrás y sin más ligas que una en su palmares de los últimos 30 años, por lo que su fracaso en la entidad capitalina está, cuánto menos, en entredicho. Un lunar en su carrera, una piedra que, sin tiempo ni confianza, no logró superar.

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Después del Sporting llegó la espera, la pausa, el buscar retos y observar posibilidades. El entrenador portugués, casado y con tres hijos (João, Gonçalo y Vasco, de 20, 17 y 11 años respectivamente), sencillo y ligado a su tierra -vivía hasta hace bien poco a pie de playa en Agudelas, a escasos kilómetros de su Leça da Palmeira natal, e incluso formó en Matosinhos una escuela de fútbol junto a su excompañero Rui Jorge-, había cerrado un ciclo en Portugal y deseaba aterrizar en España. Ganador y ambicioso, ninguna de las ofertas recibidas le hizo separarse de su camino y así, casi un año más tarde, llega su ansiada oportunidad en la Liga BBVA: el Deportivo de La Coruña y un objetivo, la salvación de un conjunto en apuros. Valiente, recogió el guante dispuesto de nuevo a sembrar trabajo y recoger elogios, pero esta vez, fuera de sus fronteras y tras el ‘fiasco lisboeta’.

Otrora escurridizo goleador de área pequeña, elegante y oportunista, Domingos Paciência ha mutado en un ordenado preparador táctico que parte hacia la victoria desde el control y la presión. Lejos de históricos sistemas defensivo, el de Leça pertenece a una nueva escuela que prioriza la defensa pero con presión adelantada y recuperación de pelota en zonas dañinas para el contrario. Ritmo alto, agresividad e intensidad física, lanzadores y extremos veloces: rápidas transiciones para enfocar su arma preferida, el contraataque. Sin embargo, analítico y metódico, se adapta al entorno y a cada choque, a sus jugadores y los del rival, siendo capaz de modificar sus esquemas sin por ello renunciar a unas señas de identidad propias y reconocibles, destinadas en su mayor parte a proponer el más incómodo de los partidos y a otorgar solidez y confianza a sus conjuntos. Desde la calma hacia el control, desde el control hacia la victoria. Directo y certero, como su Braga, Domingos llega a Coruña, un enorme escaparate, convencido de transformar la nefasta dinámica del Deportivo y seguir creciendo. Con mando sereno y dialéctica clara, ha comenzado ya a preparar una guerra de 21 choques que se tornaran batallas, 21 encuentros destinados a un nuevo hito.

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