Enemigos íntimos

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Son buenos, tienen calidad, condiciones físicas y técnicas, cualidades contrastadas, pero no solo destacan por eso, sino que su fama va más allá: son los odiados del fútbol.

España se juega llegar a la final de la Eurocopa contra Portugal, que exhibe como argumento frente al favoritismo hispano la velocidad y la pegada de Cristiano Ronaldo. Difícil intentar menguar las virtudes de Cristiano sobre el terreno de juego: capacidad de desborde, despliegue físico insuperable, remate imprevisible, apariciones fulminantes. Sin embargo, al tiempo que su némesis en el Fútbol Club Barcelona, Leo Messi, recibe alabanzas desde los cuatro puntos cardinales, el portugués es objeto de críticas, chanzas y reproches allá por donde pasa.

¿El motivo? En los últimos tiempos, la ética parece haberse colado en el argumentario del debate futbolístico. Se valora la sencillez de Iniesta, el sentido común de Iker Casillas, la sensatez de Vicente del Bosque, al tiempo que se deploran las formas de Dani Alves, el carácter de Mourinho, la chulería de Cristiano. Parece no bastarnos con las cualidades estrictamente deportivas de los protagonistas deportivos: les exigimos un comportamiento correcto, unos valores positivos, una hoja de servicios sin mácula. ¿Es lógico? ¿O acaso estamos desbordando los límites de lo exigible?

Deportivo y Celta

En lo que nos concierne, podemos, también, contraponer dos casos diametralmente opuestos: no es menester tener corazón blanquiazul para admirar la naturalidad, la caballerosidad, la conducta inmaculada de Juan Carlos Valerón. Por otro lado, cualquier aficionado del Celta puede sentir rubor, sin que ello menoscabe el amor a sus colores, por las acciones y discursos de su delantero Iago Aspas. ¿Necesita éste los silbidos para ser más efectivo de cara a puerta? ¿Se motiva Cristiano Ronaldo con los gritos constantes que le dedica la grada? ¿Es más bueno Valerón gracias a su carácter? ¿Sería aún mejor jugador Iniesta si dejase fluir el demonio que todos llevamos dentro?

¿O acaso no estaremos trasladando al mundo del fútbol el discurso de lo políticamente correcto que impera en la sociedad actual, exigiendo a unos deportistas valores y comportamientos que poco o nada tienen que ver con la profesión que desempeñan…?

Por José Luis Campos, primer redactor de Riazor.org

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