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Escoita y sus primeros 90 minutos de vida

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Se estaba iniciando el pasado agosto cuando escuché hablar por primera vez de “Escoita”. De hecho, por aquel momento y prácticamente hasta este sábado, todos lo hemos conocido como “Proxecto Escoita”. Fue en una entrevista a Jesús Suárez, su creador, en Radio Marca, en la que hablaba con ilusión de que la idea que había tenido para que las personas con discapacidad visual pudiesen seguir eventos deportivos in situ, por fin iba a tener el apoyo de las instituciones de A Coruña.

Al principio poco o nada conocía de la iniciativa, pero mi interés por la narración deportiva me hizo buscar la manera de poder entrar en el proyecto. Fue ahí, cuando conocí a Jesús Suárez. Obviamente sabía quién era por el tema 1906, el himno no oficial del Dépor, y por un reportaje que le habían hecho en El Día Después, pero jamás había tenido la oportunidad de charlar con él.

La ilusión de Jesús

Si antes de hablar con Jesús mis ganas de participar en el proyecto eran grandes, después de varias charlas con él, me convencí totalmente de que yo tenía que echar una mano para que su sueño se convirtiese en una realidad. Me explicó como había aprendido a vivir con su enfermedad, como sentía el Deportivo y, sobre todo, lo que le había llevado a poner en marcha una iniciativa como Escoita y a luchar así por ella. Su manera de contar lo que vivió aquella mañana de la primavera de 2018 en Abegondo me llegó al alma. He de reconocer que fue de las primeras veces en mi vida que me puse en el lugar de una persona con cualquier tipo de discapacidad. Su frase “todas las personas con algún tipo de discapacidad tenemos derecho a seguir un evento deportivo como cualquier otra persona”, me quedará grabada para siempre.

Proyecto Escoita

Una vez dentro del proyecto, comenzó un pequeño proceso de formación y las primeras pruebas. Al principio todos los que íbamos a participar en esta iniciativa estábamos un poco desconcertados, al no saber muy bien si lo que teníamos que hacer se ajustaba exactamente a la narración deportiva. Sin embargo, por muchos consejos que nos dieron en las formaciones, las recomendaciones que seguimos desde el principio fueron las de Jesús, que poco a poco fue comentándonos tras cada prueba, lo que él necesitaba para poder seguir el partido. Todos nos fuimos haciendo un esquema mental de qué había que hacer: emoción en la retransmisión, ubicar todo el rato la pelota, contar las cosas que ocurren en la grada o que pasan más desapercibidas en el campo…etc.

Los nervios del comienzo

Y llegó el sábado. Les confieso que tanto mi compañero Miguel Gómez como yo teníamos ciertos nervios. Ambos habíamos hecho narración deportiva previamente, pero nunca en una situación similar, con la responsabilidad de contarle el partido a una persona que está en el estadio pero que no puede verlo. Sin embargo, a poco que íbamos subiendo hacia la cabina de retransmisiones, esos nervios se iban pasando. Llegamos a la nuestra, personalizada por el Deportivo con el logo de Escoita, nos sentamos en nuestras sillas, preparamos todo lo necesario para la retransmisión y atendimos a los medios que querían grabarnos. A las 18:15 nos pusimos delante del micrófono y dimos el pistoletazo de salida.

Escoita dejó de ser un proyecto en cuanto el árbitro dio el pitido inicial del Dépor – Las Palmas. A partir de ahí, 90 minutos muy intensos. Desde el punto de vista de un narrador, la complicación de este tipo de retransmisiones se centra en situar constantemente en qué parte del campo se encuentra la pelota. A eso hay que sumarle el hecho de que tienes que contar todo lo que pasa con cierta emoción, y estar atento a los detalles que ocurren en el estadio, ya sea en la grada o en el campo. Pese a todo, con la ayuda de Miguel, que hizo unos apoyos inmejorables durante todo el partido, lo sacamos adelante. Seguramente no fue una retransmisión perfecta, pese a que todo el mundo nos felicitó, pero creo que tanto mi compañero como yo salimos del partido satisfechos con el trabajo hecho.

Dos niños entre los usuarios

Sin embargo, nos faltaba algo. Una hora después de salir del estadio, recibí una llamada de Jesús. “¿Estás cansado, no?”, me preguntó nada más descolgar. Mi voz rasgada por la narración me delataba. Me entusiasmó oírle tan alegre. Durante los últimos meses había hablado muchas veces con él por teléfono, pero nunca le había visto tan emocionado. Me dijo que la retransmisión le había encantado, que había seguido el partido perfectamente, y que no era el único que estaba contento. Me explicó que dos niños, uno de tres años y otro de once, habían podido seguir el encuentro gracias a Escoita. Que la retransmisión que habíamos hecho Miguel y yo sirviese para que esos chicos hubiesen podido vivir el partido en el estadio por primera vez, me llenó de orgullo.

Espero sinceramente que esto solo sea el inicio. Creo que la idea de Jesús es espectacular y que poco a poco debe ir yendo a más. A Coruña y Riazor deben de ser el germen que acabe llevando este proyecto a todos los estadios de LaLiga. Es hora de que los campos de fútbol comiencen a ser también lugares habilitados para personas con discapacidad visual, y que cada vez más y más personas con este tipo de diversidad funcional, se animen a ir los estadios de sus ciudades. Hagamos que el sueño de Jesús se convierta en realidad.

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