José Ángel de la Casa: «Lendoiro tuvo el coche aparcado una semana delante de la casa de Bebeto»

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Dedicó mucho tiempo a llegar a cada hogar a través de la televisión. Cerca de 35 años. Ahora, José Ángel de la Casa ha vuelto al suyo, a la localidad toledana de Los Cerralbos. El experiodista de Televisión Española supo en 2004 que padecía párkinson. Forma parte de una de las 160.000 familias que, se estima, conviven con la enfermedad en el país. Él, como en su etapa de narrador, normaliza la situación. Es una guerra larga que va ganando en base a sus rutinas diarias. Atiende a Riazor.org tras estar parte de la mañana cuidando sus almendros.

«Cuando decidí instalarme en mi pueblo quise tener alguna preocupación que también tuviese la gente de aquí. Me gustaban los almendros. Mi abuelo tenía unos, así que decidí comprar un terreno y plantarlos», explica. Cuenta José Ángel que «así, me mantengo ocupado bastante tiempo». Imagina que su enemigo invisible sigue avanzando, pero muy lentamente. «Me siento bien. De ánimo, salud y disposición», determina. Vive con un pie en Sevilla, donde trabaja su mujer, Inma, también periodista. Así que, en realidad, no ha desconectado del todo de la profesión. De hecho, sigue viendo fútbol durante el fin de semana.

«El periodismo de hoy no es para el que yo me preparé. No sé si mejor o peor, pero es otra cosa». De la Casa defiende que el comentarista debe ser uno más y aportar algo que los demás no ven. Alejarse del protagonismo. La sensación es que, al igual que con su salud personal, aboga por no magnificar el que fue su trabajo. «En el fútbol hay pasión y sé de gente a la que le hubiese gustado que pusiese más empeño, más ritmo. Es mi carácter, mi forma de ver las cosas. Entiendo cuál es mi papel, y lo hago. A mí se me requería para algo concreto», zanja.

De la Casa mantiene muy vivos sus recuerdos. No es fácil. Uno de los deterioros neuropsicológicos que conlleva la aparición del párkinson es la pérdida de memoria. Al hablar de A Coruña, la de José Ángel le transporta en primera instancia al verano de 1966, tras el Mundial de Inglaterra. A un curso de verano a orillas de Riazor en el que recibió una charla de un ilustre de la ciudad: Luis Suárez. Y estima que su primera retransmisión desde las cabinas del estadio municipal fue once años después, en algún meeting de atletismo. Fueron la antesala de su testimonio a la irrupción del Deportivo en la élite. «Hubo momentos bonitos, y duros también», detalla.

Bebeto y el coche de Lendoiro

«Miraba con cierto gusto lo del Dépor. Era un equipo que había salido de la Segunda División y, casi de repente, se plantó en una final de Copa del Bernabéu», admite. Fue testigo y casi confidente en noches de micrófono y fútbol en Riazor. En el primer partido de Liga tras el episodio de la Copa, también ante el Valencia. Aquel día, al acabar, Luis Aragonés ya quería dejar el equipo. Aquel día, Bebeto les había marcado dos. En las retinas de José Ángel, cómo se gestó el desembarco del brasileño en Galicia en otra jugada de Lendoiro.

«Tuvo una semana el coche aparcado delante de la casa de Bebeto. Intentando verle salir o entrar. No había manera. Y se percató de que había un señor que subía y bajaba a menudo. Era su padre. Se hizo amigo de él y, al tercer o cuarto día, le dijo que quería hablar con su hijo para comentarle una oferta. Y así surgió el fichaje», rememora. Al igual que con Mauro Silva, se trató de una maniobra maestra. Donato se enteró jugando como rival un Deportivo – Atlético en Riazor. Le dijeron que el Dépor había fichado a un compatriota, un tal Silva. Cuenta De la Casa que Donato se quedó anonadado: «¿A Mauro? Eso es imposible. Si es un jugador de otro nivel…».

Foto: GettyImages

Una herencia más allá de los años de Champions

«Los años de la Copa de Europa fueron fantásticos. El 4-0 ante el Milan. La semifinal ante el Oporto en O Dragão, con la expulsión de Andrade. Los recuerdo con mucho cariño, porque nos trataron muy bien», cuenta. Pero que el legado del Deportivo sobrepasa sus peripecias en Europa lo determinan anécdotas como la de la tristeza del hijo de Matías Prats muchos años antes. Cuando el Deportivo perdió la Liga en su casa. «Matías Prats y yo retransmitíamos desde Riazor. Y estuvimos por la mañana con el relaciones públicas de El Corte Inglés. Estaba reservada toda la última planta para, por la noche, celebrar el triunfo. Y estaba Prats con su hijo. Era del Dépor, le gustaba mucho. Se lo trajo, y cuando terminó el partido el chaval estaba con un disgusto… Fue un golpe terrible», desvela.

De la Casa cuenta que en el pueblo te sientes más acompañado. Que aunque hay menos gente, son personas a las que ves todos los días. De su relato se extrae la necesidad de ponderar qué es realmente importante en la vida, futbolística o no. En el caso del deportivismo, la nostalgia. Los años pasados que definitivamente fueron mejores, de los que él fue asistente. José Ángel, al tiempo que manda un abrazo a Arsenio Iglesias, resuelve que es un motor de unión que no conviene despreciar: «El fútbol por televisión, con la gente quedando con amigos para verlo, para cenar o tomar una copa en el bar, es lo que nos lleva a juntarnos».

*Existen pocos datos a nivel estadístico sobre el volumen de personas afectadas por la enfermedad de Parkinson en España. Si buscas ayuda en Galicia, puedes hacerlo en la Asociación Parkinson Galicia-Coruña (981 241 100).

Sobre el Autor

Reportero. De los de antes. De Corme y la cosecha del 89. Estudié el MPXA y, a veces, colaboro con La Voz de Galicia. ¿Quieres sugerirme una posible historia? Envíame un correo a varelavarelapablo@gmail.com