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Los datos del Valladolid Promesas 0-4 Deportivo: A tumba abierta

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No le hizo falta al Dépor mostrar su versión más fidedigna a sí mismo para ganar cuatro meses después a domicilio. Ante un Valladolid Promesas que se lo jugaba todo, el Deportivo propuso un partido a tumba abierta y los datos le dieron la razón. Porque el conjunto coruñés hizo valer el peso de su talento para golear y certificar la segunda posición.

Sin pausa

Más allá de dos cambios en la línea defensiva, Borja Jiménez retocó el once que venía siendo habitual con la entrada de Miku por Soriano. Era una declaración de intenciones la del técnico abulense, que pretendió desde el primer momento un encuentro sin respiro alguno. Ante un Valladolid Promesas alegre en su juego, endeble a nivel defensivo y con urgencias, el Dépor busco correr. Y encontró la fórmula. Porque con los dos interiores muy bajos en salida y los laterales muy altos logró que el filial cayese en la trampa. El Promesas se abrió y el Deportivo le encontró las costuras con las recepciones en los enormes espacios interiores generados y su capacidad para lanzar a sus futbolistas de última línea o a unos laterales que amenazaban constantemente al espacio.

Juergen y Villares se lateralizan, con Álex un poco por delante cerrando el triángulo. Se genera espacio dentro y Miku va a recibir el pase de Lapeña para progresar.

No fue casualidad que el Deportivo firmase en la primera mitad su segundo registro más bajo de posesión en unos 45 minutos iniciales. Se quedó el cuadro coruñés en una cuota de balón del 39,7%, solo por detrás de la que registró ante el DUX en Madrid.

Pero es que no quería ‘amasar’ la pelota el equipo de Riazor, que encontraba la fórmula para transformar ataques teóricamente posicionales en situaciones más propias de contraataques. Siempre según datos de Wyscout, el cuadro herculino generó tan solo 8 ataques posicionales en ese primer acto (su media es de 14,3).

Álex tiene tiempo y espacio para pensar y colocar un envío al espacio a las espaldas de la zaga, hacia donde corren William y Héctor (fuera de plano).

Así, el Deportivo superaba casi siempre la presión alta de un Valladolid que se partía y, con un pase de cara, tenía tiempo y espacio para lanzar. Así llegó el 0-2, en un balón a la espalda sobre Héctor Hernández, que fue indetectable en amplitud, al igual que Antoñito en el otro costado. Como resultado, las múltiples situaciones de gol que tuvo la escuadra blanquiazul. 8 tiros completó en el primer tiempo el Deportivo, cuando su media está en 5. Tiró, además, de pegada y con únicamente 1,08 goles esperados (xG), se fue 0-2.

Arriesgando

El cuadro herculino quiso ser tremendamente vertical con pelota. Pero para ello debía favorecer un escenario de ida y vuelta: abrirse y arriesgar también sin balón. Y lo hizo a base de subir mucho en la presión. Quiso ser un equipo relativamente reactivo. Es decir, ejercer el acoso al rival cada vez que este se atrevía a progresar por dentro o tenderle una emboscada en la banda.

El Deportivo presiona muy alto, con sus dos interiores a la altura de los extremos y Miku como primer hombre.

Para ello, Borja Jiménez planteó una estructura 4-1-4-1 en la que Álex Bergantiños debía abarcar mucho campo. La idea ser un bloque alto, con Juergen Elitim y Diego Villares más pendientes de presionar hacia delante y los defensores persiguiendo a su par. La disposición entrañaba riesgos porque dejaba muchos espacios a la espalda del centro del campo. Y permitía progresar al Valladolid si este movía, como hizo en muchas ocasiones, bien el balón.

Se convirtió así el encuentro en un ida y vuelta constante, pues el Deportivo apenas fue capaz de robar en la zona alta. Únicamente recuperó 32 balones (su media en las primeras mitades es de 36,1). Y solo 4 fueron en último tercio. Dio igual: en una de esas recuperaciones gracias a una presión muy alta llegó el penalti sobre Diego Villares, que empezó a decantar definitivamente el partido para los visitantes. Calidad antes que cantidad.

Lapeña persigue desde la línea defensiva a Benito, mientras el resto de jugadores se emparejan con su par una vez el Valladolid avanza metros.

El control

Con un marcador tan favorable, tras el descanso, el equipo se pareció más al Dépor de siempre. El Deportivo dejó atrás el ir a tumba abierta para ganar al Valladolid Promesas desde el control. Fue un segundo período con una posesión mucho más igualada (50,04% a favor del cuadro coruñés) y en el que más que correr, quiso controlar.

El Deportivo se junta en el sector izquierdo y permite liberar el derecho, donde aparece Antoñito para atacar el espacio.

De este modo, ya no se vio a un conjunto blanquiazul (negro en Pucela) buscar tanto el espacio desde atrás, sino mover el balón, juntarse y tener paciencia para encontrar la jugada de gol. Brilló en ese segundo acto un Antoñito que interpretó perfectamente cada una de las situaciones para aparecer por sorpresa y dañar. Aprovechó el sevillano que el Deportivo se juntaba en un lado para aparecer al espacio libre. No le hizo falta siquiera regatear para ser tremendamente dañino, pues provocó un penalti y firmó 5 centros, 4 de los cuales encontraron compañero.

Así, desde la pausa con y sin balón, el cuadro coruñés terminó de redondear un triunfo que empezó a gestar desde su mayor pegada a tumba abierta. Del ‘rock n’roll’ a la música clásica para primero avasallar y luego rematar lentamente.

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