El Deportivo solventó con nota un mes de enero complicadísimo en el que, más allá de los resultados, acabó encontrando su identidad. El partido ante la Ponferradina marcó las bases definitivas de despegue de un colectivo que durante el mes de febrero solventó su asignatura suspensa aprendiendo a ganar (y golear) a quien ‘debía’ y arrancó marzo superando a un Lugo potencialmente poderoso y peligroso. El nuevo Dépor vence y convence. E incluso cuando no convence tanto, golea. Ahora, en medio de esta fabulosa racha, pasa su prueba del algodón, su test definitivo: el Nàstic de Tarragona.
Porque sí, desde el comienzo del 2024 el Deportivo ha sido capaz de superar tanto a rivales directos como a equipo teóricamente inferiores. Pero la del Nou Stadi es quizá su prueba más dura de aquí a final de temporada. No solo porque enfrente está su inmediato perseguidor y el mejor local del Grupo 1, sino también porque se trata de un equipo que calca muchas de las virtudes del bloque dirigido por Imanol Idiakez.
El Nàstic de Tarragona llega al choque ante el Dépor como el conjunto menos goleado de la liga. Entre Alberto Varo, uno de los mejores porteros del curso en el tercer escalón del fútbol nacional, y Parra tan solo ha tenido que recoger el balón de sus mallas en 16 ocasiones. Dos de ellas fueron en su último encuentro como local, ante un Teruel que dio la campanada ganando 0-2 al equipo que por aquel entonces era líder.
Esa solidez defensiva es una de las claves del éxito del bloque dirigido por Dani Vidal, que ha dejado su portería a cero en 12 encuentros, casi la mitad de los disputados hasta la fecha. De hecho, el porcentaje es todavía más potente en el Nou Stadi, en el que 9 de los 13 visitantes se quedaron sin marcar.
Más allá del nivel de su portero, una de las claves para alcanzar esos registros es la capacidad del equipo para ser tan agresivo sin balón como ordenado. El Nàstic suele ir a presionar muy arriba y, al igual que el Dépor, en muchas ocasiones emparejando uno contra uno. De hecho, más allá de su evidente utilidad defensiva, ese press elevado le ha dado muchos réditos a nivel ofensivo, ya que 5 de sus tantos los ha logrado a partir de recuperaciones altas.
De este modo, a partir de un 4-2-3-1 que en defensa es un 4-4-2, el Nàstic se dispone como un equipo incómodo, que concede poco al rival y que tiene en su doble pivote la red de seguridad previa para eliminar trabajo a una defensa que, en el caso de que sea necesario, también sabe imponerse. Tanto es así que el bloque catalán todavía no ha encajado ni un solo tanto al contragolpe. No le pillan desestructurado.
El mediocentro Borja Martínez es capitán general en la escuadra de Vidal. El ex de Pontevedra, Castellón o SD Logroñés es fiel reflejo de su equipo. Porque sin sobresalir extremadamente en nada, lo hace todo bien. Se ubica perfectamente para equilibrar, gana duelos, distribuye con acierto y tiene un golpeo fantástico. Junto a Borja se reparten los minutos el también completo Óscar Sanz o el poderoso Montalvo. Y más, ante la baja este domingo de Gorostidi por acumulación de amarillas. Borja y -previsiblemente- Sanz conforman un doble pivote súper solvente, con menos recorrido que el Villares-Jurado, pero también mucho oficio y quizá algo más de capacidad distributiva.
La pareja, como decimos, ejerce de ‘dique’ a una última línea que aúna talento defensivo y capacidad para iniciar el juego desde atrás. El exdeportivista Pablo Trigueros es inamovible, incluso con máscara. A su lado, suele jugar un Nacho González encantado de cuerpear para proteger el área. El central se perdió el último partido por una lesión en el hombro, pero apunta a volver al once y dejar fuera a Dufur. En el carril izquierdo, la experiencia de Joan Oriol sobresale, mientras que por la derecha el Nàstic de Tarragona suma a un Pol Domingo capaz de defender y con una enorme proyección ofensiva.
Ambos son cuatro defensores que aunque suman mucho en el apartado ofensivo, también disfrutan defendiendo, por mucho que 10 de los 16 goles encajados por el cuadro tarraconense hayan llegado de centros al área de todo tipo en los que el portero o alguno de los zagueros no estuvieron del todo contundentes.
El Nàstic de Tarragona, la otra referencia a balón parado
Pressing arriba, un doble pivote que equilibra mucho, poderío en los duelos, defensas con buena salida desde atrás… Son algunas de las características del Nàstic que podrían ser atribuibles a este Deportivo. Como también lo es el enorme poderío en el balón parado. Porque el segundo clasificado del Grupo 1 ha marcado casi el 42% de sus goles a partir de acciones de pelota quieta: 5 de remates de falta indirecta, 7 en saques de esquina y 1 de tiro libre directo.
En esas jugadas de pizarra Borja Martínez y Andy Escudero son los ‘amos’. Uno diestro y el otro zurdo, el Nàstic de Tarragona prioriza lanzamientos a pie cambiado, más cerrados, para imponer cerca de la portería contraria su poderío aéreo. Muchos de sus córners van al primer palo, donde Pablo Trigueros es un maestro. No lo pudo demostrar en A Coruña, pero sí a lo largo de su carrera y también esta temporada en Tarragona, como atestiguan sus 4 dianas.
El Nàstic de Tarragona es la gran referencia a balón parado del Grupo 1 junto al Deportivo. Porque además tampoco encaja apenas en ese tipo de acciones (2 goles en contra de córner). Pero mientras el Dépor ha encontrado otras vías para hacer daño más allá de unas jugadas de estrategia que le permitieron ir sobreviviendo en sus momentos más apagados, al equipo de Dani Vidal le ha costado encontrar otras fórmulas para producir.
Sus 31 tantos en 26 partidos son un registro poco llamativo, pero que ha construido a base de mucha pegada. Genera poco y acierta. Un ejemplo es el hecho de que 6 de sus tantos han llegado de lanzamientos de media o larga distancia. Una virtud en cuanto a golpeos y capacidad para ubicarse en zona de rechace, pero un dato difícilmente sostenible.
La realidad es que en ataque posicional, al Nàstic de Tarragona le está costado ser capaz de dañar al contrario. De hecho, a pesar de tratar de iniciar en corto, con los dos centrales y los laterales muy abajo esperando para recibir y atraer al contrario, el Gimnàstic no duda en jugar largo si no ve la progresión clara. Al igual que el Dépor, su objetivo es encontrar lo más rápido y de la mejor manera posible a sus cuatro de arriba. Si no puede filtrar para sus mediapuntas, golpea directo sobre Pablo Fernández, un ariete tan parecido a Barbero que no es de extrañar que el Dépor se interesase por él durante este invierno.
Fernández no ha acumulado grandes cifras a lo largo de su carrera (esta temporada suma 5 tantos), pero es un punta tremendamente útil para el juego colectivo de su equipo. Porque es capaz de disputar por alto y de cuerpear para ganar tanto balones al apoyo como a las rupturas. Sabe caer a banda y tiene calidad para asociarse, sobre todo de espaldas. Él da mucho sentido al juego del Nàstic, que adquiere su verdadera electricidad cuando la pelota cae en los pies de Andy Escudero, Godoy o Mula.
El trío de atacantes apunta a repartirse la mediapunta si Dani Vidal mantiene su 4-2-3-1 y no repite el 4-3-3 con el que ganó en O Carballiño. Los dos últimos son refuerzos de invierno de alto nivel para actuar por fuera, algo que ha provocado que Andy esté actuando más como enganche. Sin Jardí, sancionado y a un gran nivel, el poderoso extremo Marc Fernández podría tener también su oportunidad, mientras David Concha o Mario Rodríguez esperan en el banco, sumidos en esa tendencia de tener cada vez menos minutos, como Gorka Santamaría.
De este modo, a pesar de no alcanzar un ritmo ofensivo y defensivo tan alto como el del Deportivo, el Nàstic de Tarragona se puede considerar no solo como el gran rival blanquiazul, sino como el bloque que más se le parece. Encaja poco, es ordenado y agresivo sin pelota, posee un gran balón parado, trata de combinar desde atrás pero mezcla con juego directo y en la segunda línea ofensiva prioriza jugadores dinámicos para elevar la velocidad, bien sea por dentro como, sobre todo, por fuera. Por algo será el examen más duro para los de Idiakez de aquí a final de curso. Contra un ‘igual’, la prueba del algodón.
