Jugar bien no es jugar al pase-pase-pase. Tampoco ser muy vertical. Ni defender maravillosamente bien. Jugar bien es imponer tu plan al del rival. Es conseguir que se juegue a lo que tú quieres. Y eso, el jugar cómo y dónde quiso, fue lo que logró el Dépor en su visita al Anxo Carro.
El Lugo 0-3 Deportivo fue una demostración de poderío por parte del conjunto de Imanol Idiakez. Un golpe encima de la mesa en la jornada 2, ganando en casa de un teórico rival directo. Lo hizo, además, con mucha solvencia, una característica que le fue absolutamente esquiva al equipo blanquiazul el pasado curso.
El bloque herculino enseñó unas hechuras mucho más sólidas de lo que la lógica indicaría a estas alturas de temporada en una obra de nueva construcción. Tuvo las ideas claras y penalizó las evidentes debilidades del Lugo, también en proceso de reformulación pero mucho menos desarrollado que un Dépor que logró competir en cada momento del choque. Y no hay nada mejor que saber competir para sumar mucho. Porque competir es un término tan grande que lo engloba todo.
El camino está por fuera
Imanol Idiakez apostó por repetir en el Anxo Carro la alineación con la que el Deportivo había debutado en liga una semana antes. La igualada ante el Rayo Majadahonda fue un mal resultado, pero el choque dejó muchas más conclusiones positivas que negativas. Y eso se vio reflejado en un once idéntico.
Sin embargo, mismo once no quiere decir mismos comportamientos ni estructuras. De hecho, el Dépor varió algunas cosas con respecto a lo visto en la primera jornada. Con balón, el equipo deportivista siguió tratando de iniciar sus ataques asociándose relativamente en corto desde atrás -aunque no tuvo problema en jugar más largo si la jugada lo requería-. Y además, volvió a priorizar progresar por fuera. La diferencia con respecto al duelo contra el Rayo estuvo en la altura de Villares y en el posicionamiento de los extremos.
Por un lado, Idiakez ‘rompió’ el doble pivote para formar un 4-1-4-1, en el que Villares elevaba su posición hasta prácticamente jugar a la misma altura que Lucas Pérez. Por otro lado, precisamente la ubicación de dos interiores por dentro en vez de contar únicamente con Lucas, provocaba que los dos extremos tuviesen que aparecer mucho más cerca de la línea de la cal.
Obviamente, esto no era un hándicap, sino que se trataba de algo buscado a propósito. El Deportivo contaba con cuatro futbolistas más Barbero preparados para recibir en posiciones avanzadas, pues ninguno de ellos participaba en la zona de iniciación. Y además, la presencia de cuatro hombres le hacía ser muy ancho y tener más facilidad encontrar la amplitud. Una clave para empezar a desarbolar al Lugo.

Pedro Munitis repitió plan defensivo de su duelo ante el Teruel. De inicio, no quiso ir a presionar muy alto. Con su 4-4-2 en bloque medio y poco presionante, priorizó ser un bloque compacto y no desordenarse. Pero el Dépor consiguió generarle caos. Lo hizo aprovechando los ‘saltos’ de sus extremos cada vez que un lateral deportivista recibía.
Tanto Narro como Quintana se separaban de su mediocentro para incomodar la progresión del Dépor cuando el balón iba a banda. Pero lo hacían casi teniendo que recorrer muchos metros, lo que daba tiempo y espacio tanto a Ximo como a Balenziaga para decidir qué hacer. A partir de ahí, casi siempre solía aparecer la solución de Davo y Yeremay en apoyo, a espaldas del extremo rival y demasiado alejado del lateral local. Es decir, solo para recibir con comodidad y acelerar la jugada, tras haber superado las primeras líneas rivales.
Ahí, a partir de ese momento en el que el Deportivo lograba la progresión por fuera, llegaba la velocidad y el dinamismo. O Yeremay encaraba, o Lucas y Villares -este último en el sector derecho- aparecían. Ambos, en ese rol de interior, podían intervenir al apoyo o bien ‘cortaban’ desde atrás entre central y lateral del Lugo para buscar la profundidad.

Lo cierto es que a través de varios de estos patrones y gracias a una buena capacidad para interpretar qué hacer en cada momento, el Deportivo encontró fluidez. Fue un equipo muy dinámico, agresivo y con alternativas para tener amplitud y profundidad, pues supo cómo amenazar con movimientos de ruptura y movilizar a los centrales rivales.

Un ejemplo fue el 0-1. Pablo Martínez superó el tímido acoso de Willy Ledesma con un simple amago y tuvo mucho tiempo para decir qué hacer. El Lugo le negó la posibilidad de jugar dentro en su obsesión por proteger el carril central, pero el francés tenía muchas más opciones.
Poco presionado y con espacio tanto a la espalda como en las bandas por la predisposición del rival, encontró muy abierto a Davo con un pase largo diagonal. Así, el Dépor pudo poner un centro cargando bien el área. El remate no llegó en primera instancia, pero esa alta densidad de efectivos y su -constante- gran activación le hizo ganar la segunda jugada gracias a un robo de Villares. Y así, llegó el 0-1 de Barbero.
Atraer para correr
El Deportivo había salido mandón al Anxo Carro, pero el 0-1 no hizo sino reafirmar esa de que se jugaba cómo y dónde el equipo de Idiakez quería. El Lugo no varió demasiado su plan defensivo en esa primera parte y cuando se decidió a hacerlo en la segunda, el Dépor terminó por sentenciar el choque.
¿Cómo? A partir de su capacidad para atraer la presión del rival y encontrar al hombre libre para, de esa manera superar las dos primeras líneas del equipo lucense y poder atacar a campo abierto a su defensa. A la carrera, como si fuesen contragolpes.

Clave para esta nueva forma de tejer los ataques adaptándose al comportamiento del rival fue Germán Parreño. El meta, de nuevo inédito con las manos, construyó muchas ventajas a su equipo a base de elegir bien a quién pasar y cuándo hacerlo. Encontró casi siempre al compañero sin marca, bien fuese en el carril central o en uno más exterior. Bien fuese más en corto o con un pase de media distancia.
Así, el Deportivo logró jugar a las cuatro esquinas con el Lugo, que intentaba ir arriba para robar. Pero al hacerlo ‘únicamente’ con sus dos puntas, sus dos extremos y sus dos medios, terminaba por partirse, incluso a pesar del derroche de Sabit. El Deportivo conectaba con su hombre libre, fuese a través de un único pase o de una acción de tercer hombre, facilitada por un acoso tardío del rival.

Así pudo llegar el 0-2 todavía con un Yeremay de nuevo desatado sobre el campo. No encontró el acierto en los ataques posicionales el Dépor, pero sí lo terminó haciendo en una acción también a la carrera. Aunque, en este caso, surgió de una transición ofensiva gracias no solo al buen desempeño defensivo del equipo, sino a sus mecanismos y activación para atacar al espacio.
El pack defensivo
Porque el buen partido del Deportivo en el Anxo Carro no se entendería sin un desempeño defensivo sobresaliente. En el fútbol, todo está conectado. Si defiendes bien, sueles tener mejor predisposición para atacar mejor. Y viceversa.
El Dépor sabía que se iba a encontrar a un Lugo con muy poca predisposición a combinar y carente de juego interior -sobre todo sin Jozabed y Aranda, sus últimas incorporaciones-. Y supo contrarrestar las armas del cuadro locatario.

Para empezar, lo hizo desde la pizarra, con un planteamiento al principio algo más atrevido y que poco a poco fue transformando para protegerse del juego directo local. Así, el 4-1-3-2 inicial, con Villares alto para tratar de robar en caso de que hubiese un pase al mediocentro, los dos puntas encargados del portero y los centrales y los extremos bastante cerrados para evitar pases por dentro e incitar a jugar con los laterales fue mudando. Lo hizo hacia un 4-4-2 en el que Villares redujo su altura para proteger más al equipo junto a José Ángel.
Al margen de que el Dépor siempre entendió que no debía presionar muy alto para no dejar demasiado expuesta a su última línea, hubo mucho más. Para empezar una gran concentración que ayudó a ganar muchos duelos defensivos a un equipo que, per se, dispone de numerosas piezas fuertes en este aspecto.

Para continuar, por la ya tan citada activación. Porque esa capacidad para no desconectarse de la jugada generó que se viese un equipo cohesionado, solidario y capaz de ganar muchas segundas jugadas. Tanto en defensa pura, como en la presión tras pérdida. En este último aspecto el Dépor está mostrándose muy fuerte. Porque sus distancias son buenas. Y así une una movilización inmediata de los cercanos para acudir a la zona de balón y dejar sin soluciones al rival.
Precisamente ese pack defensivo tan completo le hizo ser capaz no solo de negar ocasiones al rival, sino de disponer de muchas acciones de contragolpe. Un contragolpe que, como en el gol, también deja entrever que hay trabajo detrás. Mirar lejos hacia delante como premisa inicial para progresar y amenazar. Movimientos al apoyo complementarios con otros al espacio. Y en el caso del golazo de Mella, acción de tercer hombre para encontrar el momento y la orientación ideal para lanzar a los que corren hacia la meta.

El Lugo 0-3 Deportivo definitivo llegó para sacar brillo también a la pizarra de las acciones ensayadas, previo error del Lugo en la marca y culminar un partido completísimo del Dépor. Por el qué, por el cuándo y por el dónde. Pero sobre todo, por el cómo. Un partido para ser optimistas, aunque con la precaución lógica de saber que los rivales conocerán cada vez más el sello del Deportivo de Idiakez y el equipo debe seguir evolucionando.
