Su Majestad Juan Carlos

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Eduardo Caridad, en su columna de opinión, también quiere acordarse del eterno 21, que regresa este fin de semana a Riazor en calidad de visitante..

Llega Valerón a Riazor y nos damos cuenta de todo lo que lo echamos de menos. No solo por su fútbol, distinto al de cualquier futbolista. También por lo que significaba dentro del club y que quizá no mucha gente sepa. Regresa vestido de amarillo y se nos queda un regusto amargo por no verlo retirado de blanquiazul. A mí, al menos, sí.

La intención de Valerón siempre fue esa. Sobra decir que estaba aclimatado a la ciudad, a la idiosincrasia coruñesa y que era el jugador más querido de la plantilla. Siempre estaba dispuesto a acudir a la presentación de una peña, a actos sociales y, sobre todo, para ayudar en la medida de los posible a los más desfavorecidos y a los niños. Entonces, ¿qué pasó para que el ‘Flaco’ decidiera marcharse?

Varios son los motivos y uno el principal: dejó de estar cómodo. Antes creía en su futura labor como responsable de las categorías inferiores del Deportivo cuando colgase las botas, pero diversos acontecimientos dentro del club le hicieron dar marcha atrás. Honesto consigo mismo hasta el extremo, prefirió apartarse antes de seguir adelante con un proyecto en el que no se veía.

Siempre recomiendo la lectura del libro ‘El entrenamiento del fútbol ofensivo’, que Valerón escribió junto a mi buen amigo Javier Lavandeira. En él, el jugador canario desgrana cómo entiende el fútbol. Nos abre su ideario y deja claro lo que él quiere enseñar cuando sus piernas le alejen del verde y le lleven a los despachos… o al banquillo. Quién sabe.

Regresa él y se va Lendoiro. Curiosa casualidad y a la vez pregunta para el futuro. ¿Alguno de los candidatos se acordará de Valerón? Conozco algunas de las ideas que don Juan Carlos tenía para aplicar en la ciudad deportiva de El Mundo del Fútbol de Abegondo y me parece una locura que no se aprovechen. De alguna forma tenemos que recuperar a Valerón para el Deportivo. A mí no se me ocurre mejor embajador, pues reúne todas las cualidades y sabe interpretar como nadie la filosofía deportivista.

Lendoiro y él tenían una relación muy especial desde siempre, pero al final se convirtió en un parapeto para establecer una especie de control sobre una plantilla que en muchas ocasiones amagó con la rebelión ante los impagos. Y eso tiene un precio: quema. Antes de hacer la misma misión una temporada más, eligió vestir de amarillo en su Las Palmas, que le vio nacer en este deporte.

Creo que el 99,9% de los aficionados lamentó en su momento su marcha y el domingo ovacionará a Valerón. Y también creo que la pasada temporada no escribió su última página como blanquiazul y que el Depor y él estarán unidos durante muchos años. El cómo está por ver. Al final del partido no le digan adiós; mejor hasta luego.

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